Friday, July 10, 2009

Déjà vu Cibernetico


Terminaba de leer un texto teatral de Jorge Díaz, se sentía como en un déjà vu constante, era como mirar la realidad con otros ojos, se veía fuera del cuerpo, como si recién despertará de un eterno sueño, su cuerpo estaba atrapado dentro de una cámara de video, mirando a través de un ojo digital. Como un espasmo se reflectaban los recuerdos mezclados con la obra teatral, el texto era parte de ella y no podía dividir las imágenes interiorizadas con su propia historia.

Hundió su cara entre sus manos, con desesperanza se sienta en la orilla de la cama “Nuncia… Renuncia… Anuncia… Nuncia” se repetían estas palabras una y otra vez como una gran voz proyectada con megáfono sobre el cerebro.

Se recostó e intento dormir, sus pies fríos no la dejaron, las imágenes rebotaban incoherentes en su mente, no sabe si logro dormir, estaba atrapada como en un sueño sublime. Una gran nube espesa se apodero de su cuerpo, respiro hondo, aspiro una espesa neblina negra, reacciono y corrió al baño a vomitar.

En sus recuerdos una noche descontrolaba se proyectaba sin cesar, la noche pegada a la retina, música, alcohol, ruido, mucho ruido, él, un número telefónico. Se estremeció, busco el celular entre sus ropas, apretó nerviosa los botones, menú, buscar, ahí estaba “Guillermo”. No lo llamó, pero su mirada y un “no debes estar acá” jamás se borraron de su mente.

Pasaron tres meses antes de decidir enviar un mensaje de texto “…. este es mi correo electrónico”, al instante apareció una ventana de conectado sobre la pantalla, no pasaron muchos días, ni conversaciones, cuando Camila decidió juntarse con él. No hay mucho que contar, un almuerzo naturista, unas cuentas cervezas en un antro de la ciudad, el cambio de fluidos entre sus labios y sus cuerpos marcaron el inicio del todo.

Camila parada frente a la puerta de Guillermo, con el cuerpo empapado, la lluvia cae intensamente, la luz del departamento se proyectaba tenue bajo la puerta. Su dedo tirita frente al timbre, esta apunto de tocarlo, cuando de pronto se abre la puerta. Ahí están cara a cara, ha pasado un poco más de un mes y él ya no respondió las llamadas, ella tiene los ojos llenos de lágrimas, lo mira tiernamente, él la ignora, no la ve y camina alejándose de ella, no se molesta en voltearse.

Paralizada, se le contrae el corazón y bajo la lluvia no entiende lo que esta sucediendo, él no la ha mirado, se confunde, se siente nuevamente dentro de la obra de teatro, como si el déjà vu volviera apoderarse de ella, su corazón lo siente atrapado en una pequeña caja, comprimido, no entiende.

“Te extraño” pensaba, su cuerpo no era capaz de moverse, mientras un flash intenso entró por su retina. Ahí estaba Guillermo, sentado frente al computador tecleando eufórico, el escenario era desolador, su habitación oscura, con miles de cables conectados en el suelo, tres trazas de café a medio beber, un cenicero rebalsado de colillas a medio fumar, los ojos de él hundidos en la pantalla, con barba de varios meses, balbuceando “ay Camila, Camila, jamás debí incorporar conciencia…”

Como un fantasma, un sueño, como un recuerdo se sentía dentro de un cuadro donde no podía salir. Ahí estuvo ella, parada frente al departamento de Guillermo por varias semanas sin saber que hacer. Efectivamente un nuevo software defectuoso no sabe que hacer si nadie vuelve a presionar la opción “Iniciar Programa”.

Friday, June 19, 2009

Casamiento, Parte II

Le pedí a Gaspar que se abrigara y me acompañara a dar un paseo por los alrededores, quería despejar mi mente, todo giraba en torno a la boda, ya no quería más. Me miro sonriente: “espérame en el cuarto, me daré el último chapuzón…(silencio, sus ojos se perdieron en el mar)… tu también deberías disfrutar del mar”. Sus ojos parecían perderse en un vacío oscuro, de pronto reacciono como si despertara de un raro trance, “vamos, espérame en el cuarto, no me demoro” y corrió con sus pies descalzos sobre la negra y húmeda arena.

Mientras subía al cuarto, el ambiente me agobiaba de tanta felicidad, los que antes no estaban de acuerdo con esta unión ahora vociferaban encanto y satisfacción, todos corrían de un lado a otro, llevando flores, acarreando vasos, platos. Ahora, para todos, menos para mi, Antonia y Pedro eran la más linda y maravillosa pareja que existía en el planeta. Trague saliva, esto ya era repulsivo.

Entre en silencio al cuarto, un vacío inexplicable sentía dentro y fuera de mi, me tire en la cama boca arriba, tratando de entenderlo todo. Cuando de pronto, escuche la voz estrepitosa de Antonia, se escuchaba alterada, estaba muy enojada por algo, me levante sigilosamente, saque mis zapatos y camine cuidadosamente para que las tablas del piso no crujieran, acerque mi oído a la puerta que estaba entre ellos y yo. Ella estaba enloquecida, decía que la boda no se podría realizar mañana si las circunstancias no cambiaban, que debía obligar a alguien hacer no se que cosa, no escuchaba nítidamente lo que decía, pero mi primo no hablaba, trate de asomarme sin que me vieran. Estaba ella de espaldas a mí, y Pedro estaba sentado con los ojos perdidos en las tablas del piso, sus brazos caídos al costado de la silla, no hablaba, no miraba, no existía. ¡Que horror! Era como un zombie. “no se como lo harás, pero ella debe entrar al mar antes del medio día de mañana” golpeo la mesa que estaba a su costado, yo entre rápidamente a mi habitación, intentando no respirar, para no acusar mi presencia. La frase se me repitió una y otra vez en la cabeza, ella, ella. Me puse mis zapatos y comencé a preguntar a todos los invitados si ellos se habían bañado en el mar, todos asentían con la cabeza, corrí entre las personas y todos movían la cabeza afirmativamente. Volví sin aliento a la habitación, era yo, no cabía duda, yo era aquella que aun no entraba al mar, pero por qué, para qué, que fin tenia esto.

Golpe en la puerta, no quería abrir, me quede detrás de ella esperando una señal, alguien en quien confiar, en quién, pensaba, Gastón venia de la playa, no entendía. Golpe fuerte en la puerta, “soy Gastón, abre la puerta”. La abrí y lo abrace al instante que lo vi en el umbral mirándome con esos ojos que tanto me encanta, “¿pasa algo? Cómo le explicaba lo que había escuchado, no lo entendería. “Nada” dije, y le pedí que esa noche mejor no saliéramos más de la habitación. El único contacto familiar que tuvimos, fue en la hora de la cena, todos felices levantaban las copas, todos en espera del día. A lo lejos vi como Antonia le pegaba un codazo a Pedro, “Prima mía, ¿cómo has encontrado el paraíso de Punta de Lavapié?”, me lo pregunto con su mirada pegada en el blanco mantel de mesa, se escucharon una risa, “parece que no le ha gustado mucho” dijo alguien, “deberías de probar las bondades que te ofrece Punta de Lavapié”, hablo alguien por la esquina contraria de la mesa, murmullos, risas y finalmente Gaspar, tomo un vaso de vino tinto, paso su brazo sobre mi espalda, me tomo sobre el hombro y con un tono de fiesta “deberías de bañarte en la playa… a ti… a ti que te gusta tanto nadar”, a lo lejos se oyó un ¡Salud! Y yo en mi posición incomoda, di un cordial gracias y me retire al cuarto.

Me acosté sobre la cama sin desvestirme y al sentir que al rato Gaspar se acomodaba a mi lado, fingí estar dormida, para evitar interrogatorios molestos. No paso mucho y mi acompañante dormía profundamente a mi lado y yo, después de tantas situaciones extrañas, no podía pegar un ojo, me daba vuelta y vuelta. Me dieron ganas de fumar, me abrigue y salí al costado de la casa. Una noche nublada, con espesa neblina que no dejaba ver más allá de un metro.

Aún no terminaba de extinguir el tabaco, cuando a lo lejos, con dificultosa visión, observe unos candelabros bajar por la cuesta que lleva a la playa. Lo apague, me puse la capucha de mi chaquetón y seguí las pálidas luces sigilosamente, pero solo hasta una distancia donde no me pudieran ver. Me quede detrás de unas rocas, no distinguía muy bien las personas que estaban en la orilla del mar, pero si, por la distancia se deducía que estaban por lo menos con el agua hasta las rodillas. Mire y observe, una de las luces subieron a la altura de sus rostros, nada, no sabia quienes eran, volvieron a subir sus lámparas, ¡horror! Era Antonia, con su cara llena de escamas, con apariencia monstruosa y Pedro con ojos hundidos, demacrados, negros, sus brazos lacios al costado de su cuerpo, la gente a su alrededor con unas vasijas llenándolas de agua de mar y esparciéndolas sobre su cuerpo, estaba como hipnotizado, en trance. Que visión más terrible, asustada trate de salir entre las rocas, casi me resbaló por el risco de rocas que se apilaban bajo mis pies. Trate de salir sin que se dieran cuenta de mi presencia, corrí a la casa, agitada, nerviosa, horrorizada me senté en la orilla de la cama. Gaspar dormía, yo ya no podía, no sabia que hacer, mis manos tiritaban, la imagen horrorosa de esa mujer orbitaba por mi cabeza una y otra vez. Escamas, escamas por toda su cara, las manos que soportaban esas vasijas no eran humanas, ellos no eran humanos, qué iba hacer, no lo sabia, todo me daba vuelta en la cabeza, hasta que el sueño me venció.

Una fría mano sujetaba de mis muñecas, las miradas ajenas se apoderaban de mi cuerpo, estaba casi conciente, casi despierta, sentía el frío viento, entrar por mis poros, mis pies no los sentía, casi, casi sentía las piedrecillas arrastrarse bajo mis pies, entre mis zapatos. Cuerpo muerto, no podía moverme, sentía voces, susurros, mi cuerpo era arrastrado por un grupo de seres, mi cabeza pesaba, trataba de levantarla, no podía, mis ojos estaban condenados a mirar las piedras del suelo, que luego se transformo solo en arena. En un estado casi de conciencia, ellos me arrastraban a la orilla del mar, intentaban llevarme a la fuerza. La brisa fría calaba mis poros, el rugido del mar se escuchaba cada vez más cerca, así como la reacción de mi cuerpo, casi recuperaba la movilidad. No reaccioné hasta que mi cuerpo húmedo tiritaba en la orilla, las olas golpeaban mi rostro, la arena se pegaba en la mejilla, me encontraba toda mojada.

“¿Qué haces aquí?”, la voz angustiada de Gastón se escuchaba lejana, apenas percibía mi cuerpo. Me tomo por bajo los brazos, me levanto y acurruco entre unas gruesas frazadas, a paso lento llegamos a casa. Me ayudo a bañarme bajo un chorro caliente de agua, ya volvía en si, no sabia lo que había pasado, no recuerdo lo que paso.

La única imagen que recuerdo, es diciendo un “si” de Pedro a Antonia, con sus rostros llenos de felicidad, como una apariencia casi angelical, casi celestial. No recuerdo nada más que un “si”.

Sin embargo, al tiempo apareció una extraña necrosis sobre el codo de mi brazo. Los médicos no saben explicar que es, ni como se trata, pero para mi, cada día que pasa y la veo ahí, invadiendo mi cuerpo, me harán cuestionar que fue lo que realmente sucedió la noche anterior a la boda.
......

Tuesday, May 26, 2009

Casamiento, Parte I

Ha pasado mucho tiempo desde que no veo a mi primo Pedro, cuando niños éramos muy unidos, eso debido a que nacimos el mismo año, compartíamos los gustos, la música, la colección de comics. Jugábamos a los comandos de guerras, planificando cada una de las estrategias para ganar, suspiro, siempre conseguíamos poner nuestra bandera negra en el bando contrario. En la adolescencia estudiamos en el mismo colegio y luego, en la misma universidad, éramos inseparables, una relación inquebrantable. Todo eso, hasta que Pedro viajó a Los Ángeles por la practica profesional, fue solo por el verano (enero – febrero), sin embargo después de esto, todo cambio. Se había enamorado de Antonia, una chica del sur que no conocí hasta el día de la titulación de Pedro, el último día que lo vi. Para mi Antonia era más bien Amudiel, un ángel caído, la comparaba con este nombre por que empieza con “A”, y porque su aspecto era como ese demonio. No entendí, ni entenderé jamás porque Pedro se fijó en una mujer de apariencia tan horrenda.

Por eso fue la discusión, por eso ya no nos volvimos a ver, él estaba totalmente obsesionado, ciego, me decía que era superficial, que Antonia era una mujer de buenos sentimientos y que debía respetarlo, pero yo no lo podía ver. Su mirada era lúgubre, su caminar era como de un cuerpo cansado, como si llevará en su espalda miles de culpas, solo ese día intercambie palabras con ella, y no olvidaré ese aroma a maldad que gravitaba entre las dos.

Voy viajando al sur, en compañía de mi novio Gaspar. Lo observó, juega con su ipod, me mira de reojo, sonríe, me da besos juguetones. Él no entiende mi temor, yo tampoco lo entiendo. Pedro no debía casarse con esa mujer, eso me lo repetía una y otra vez, pero ya no podía hacer nada. La fiesta se realizaría en Punta Lavapié y para llegar ahí debíamos llegar a Arauco, ahí nos estaría esperando un transfer. Punta Lavapié, que lugar más exótico para casarse, una caleta de pescador, pensé con desprecio.

Al llegar, Pedro y Antonia salieron a recibirnos, él ya no era el mismo, tenia el mismo aspecto repugnante que su novia, no lo podía creer, se veía tan demacrado, ojeroso, desaliñado, con las ropas húmedas, desgastadas, como si el mar lo hubiese vomitado una y otra vez, era como un habitante más de ese lugar, como un pescador. De igual forma lo abrace con fuerza, pensé que podía traspasarle mi calor, mis recuerdos de infancia, mi amor, mi cariño, sin embargo, cuando sentí que mis sentidos se conectaban con los suyos, Antonia me jalo de un brazo y con una sonrisa irónica nos dio la bienvenida. Gaspar mientras tanto no separaba su ojo de la cámara fotográfica, no lo puedo negar, el paisaje era bellísimo, un pie de roca mojándose constantemente el pie, de ahí el nombre, pensé. Un faro, un acantilado de rocas, una playa, un roquerio, las algas oscuras apoderándose de las orillas.

“¿Qué opinas de Antonia?”, le pregunte a Gaspar, “no es una mujer atractiva, pero tu primo anda en las mismas” y se rió por largos segundos, era obvio que Gaspar no lo conoció en su mejor momento y era obvio que esta unión poco y nada le afectaba. Pero para mi era doloroso, no lo podía aceptar.

El pueblo estaba conmocionado con los preparativos de la boda, todos de un lugar a otro decorando las calles con flores, martillando un altar improvisado cerca del mar. La boda se realizaría al aire libre y todos esperaban con ansias que las nubes cargadas de agua, que se divisaban a lo lejos, no alcanzarán el lugar. Mientras tanto los invitados subían y bajaban de la playa, desde el faro observaba como todos se bañaban alegres en el mar, a pesar del frío, disfrutaban cada segundo de las aguas escondidas en este paraíso sureño. Gaspar también se animo entre las gentes a deleitarse de las aguas salinas y frías, a lo lejos me hacia señas animándome para que bajara junto a él, pero mis pensamiento no se separaban de Pedro, era un duelo intenso el que vivía mi corazón. Me retire a la habitación que Pedro había asignado para mi, me tumbe en la cama exhausta, recorrí con mi mirada cada tabla de las paredes, sumergí mi cabeza en la almohada resignada a todo lo que estaba ocurriendo.

Un golpe de llamado en la puerta, era Antonia, con su mirada oscura y penetrante, venia a proponerme a que fuera con los demás invitados a la playa, solo para que alejará su presencia de mi, acepte bajar, sin ánimos arrastre mi pies al encuentro de Gaspar, lo abrace, y acurruque entre mis brazos, tenia su piel congelada y le castañeaban sus dientes, después de unos segundos recupero el calor y al fin dijo “la verdad es que son una bella pareja” y cruzo su mirada con los de Antonia y Pedro que se encontraban parados junto al faro. Al escuchar esta frase un hielo subió por mis pies, no entendía porque mi novio había cambiado de parecer, a lo mejor era el viento del sur, la brisa del mar, se había relajado. Pero volví a escuchar esta frase textual, uno a uno los invitados repetían la bella pareja que eran Pedro y Antonia. Mire el lúgubre mar y la sensación de hielo se apodero nuevamente de mi espalda.
Erzsebet

Wednesday, May 06, 2009

PACTO


Sumergida en el líquido amniótico de mi madre
las melodía danzan en las afueras
los susurros no me tocan.
Tus palabras no.
Cierro los ojos,
y ahí estas, cual Mefistófeles
pidiendo que firme tu pacto,
introduciendo tu lengua traposa sin piedad.
Perdida en las paredes tibia del vientre
mis brazos rodean mis rodillas
no quiero que las melodías entren.
Tu no.
Cierro los ojos
veo caer tu cabeza decapitada bajo mis pies
tu mirada perdida, sin retorno
tu alma aprisionada por el cosmos.
Mi cuerpo sumergido en un estanque bajo mis pies
tu mirada perdida, sin retorno
tu alma aprisionada por el cosmos.
Mi cuerpo sumergido en un estanque de sangre
con mis labios sonrientes
tu cabeza flotando, tu demonio muerto.
Flotando donde nadie puede entrar
vuelves,
tu lengua busca nuevamente mis labios
volver, no.
Tu alma demoníaca intenta.
La bolsa se rompe
mi cuerpo se contrae, se desgarra.
Salir, salir no.
Vomito sangre, no existe el llanto
no firmo tu pacto, vomito tu lengua
descanso sobre el océano difunto.

Tuesday, April 14, 2009

FATAL DEMONIO

a G.A.R

¡Te Quiero!
los ángeles descienden del cielo
con labios zurcidos, sin cánticos
Silencio
mientras los cuervos desgarran a pedazos mi corazón
miro a tus ojos el vacío incomodo
el reflejo devorado de carnes ensangrentadas

Fantasmas cadavéricos
danzan sobre este costal de huesos
junto al vendaval de criaturas
que siguen bebiendo la sangre derramada

¡Te Quiero!
vuelven a decir mis labios temblorosos
al mismo instante que este fatal demonio
me contiene una vez más con su alma gris.
Erzsebet

Wednesday, April 01, 2009

MAGNESIA EN LA CIUDAD

Es un trozo de ciudad, una noche cualquiera. La escena representa un paradero del transantiago, esta rayado con graffiti de todo tipo, el basurero del paradero esta rebalsado de basura, una que otra colilla de cigarro botada en el piso. Se escucha en el fondo el ruido de los autos, de una ciudad nocturna. Hay un poste de luz al lado izquierdo que alumbra tenuemente a la chica que esta sentada en el borde de la calzada, ella viste de jeans azul, polera negra, en la cintura tiene amarrada una camisa cuadrille y zapatillas, tiene en la mano una botella de cerveza de mala calidad y tararea la canción “con las botas puestas” (Ángeles del infierno, grupo español de música rock). Mientras ella canta la canción se escucha el sonido de una moto acercarse a la escena, es él, con la clásica chaqueta de cuero, el casco, jeans y botas. Detiene la moto, se baja, se saca su casco y se acerca a la chica.

ÉL: ¿Qué haces?

ELLA: Veo pasar la vida hermosa a través de la botella

ÉL: ¿Y que sabor tiene?

ELLA: Es como una mezcla de malta de cebada, lúpulo y agua, unos 4,8 grados inyectados directamente a la vena (se queda en silencio, mira el cielo, vuelve a mirar la botella). Amarga (la mirada perdida en la botella, juega con ella, la da vueltas de un lado a otro) es como si miles de espinas bajaran por la garganta, intentas tragarlas mientras el único sabor que se deposita en la lengua es el de la sangre que baja hasta el estomago (bebe un sorbo de la botella, estira la mano para que su compañero la acepte, él también bebe, se inclina para mirarla directamente a los ojos, toma su mentón con delicadeza)

ÉL: ¿No crees que la vida es demasiado corta para que estés bebiendo la peor mezcla de lúpulo? (deja la botella en el suelo, ella se encoge de hombros, él le da la mano y ambos se ponen de pie)

ELLA: ¿Qué estas haciendo por estos lados?

ÉL: ¿Recuerdas el día que nos conocimos? (ella hace un gesto afirmativo) no dejaste coordenada alguna para ubicarte, porque aseguraste que sabría donde encontrarte. Púes… aquí estoy. (Hace un gesto de saludo militar, golpea firme las botas)

ELLA: No creí… (No termina de hablar cuando él toma su mano y con el otro brazo hace un gesto como si comenzara a mover una bobina)

ÉL: ¿Sientes la presencia del campo electromagnético?

ELLA: No sé… (Silencio) puede ser (lo dice con duda)

ÉL: El movimiento orbita en nuestro alrededor… (Ahora bordea su mano sobre el contorno de la ella sin tocarla) como no sientes pasar la electricidad de un lado a otro… si es como estar constantemente experimentando en el Van der Graff.

ELLA: Creo que esa fuerza extraña comienza a fluir por mi mano (lo mira de reojo, tímida). ¿De donde vienes? ¿De Magnesia acaso o algo así? (risa tímida, oculta sus labios con la mano libre, se sueltan la mano)

ÉL: Solo navego en la dirección que me indica este aparato (golpea con la palma de la mano derecha abierta fuerte en el corazón. Ella mientras tanto se queda mirando su mano, él se da cuenta de esto) ¿te ha pasado algo?

ELLA: (Habla con nerviosismo) tu mano estaba tibia

ÉL: Y la tuya fría

ELLA: Pero ya no (sonríe)

ÉL: Es producto del magnetismo (ella lo vuelve a mirar a los ojos, se miran, se toman ambas manos y se hunden en un profundo beso)

Erzsebet

Monday, March 23, 2009

Recuerdos


Recuerdas aquel lugar donde solíamos empuñar las canciones en nuestras manos, saborear el sucio sonido de la guitarra eléctrica, aspirar el humo del cigarrillo ajeno, beber esa botella de ron que pasaba de mano en mano. Recuerdas que aquellas canciones nos encontraron, cuando buscábamos alimentarnos de nuevos sonidos. Recuerdas ese día que por primera vez nos mirarnos, saque un mechón de cabello que molestaba tu rostro, esa fue la primera vez que mi mano rozo tu piel. Recuerdas que muy cerca niños jugaban y gritaban, era un día de verano, febrero exactamente, te regale un libro con hojas de roneo, era un libro barato, de mala calidad, con poemas y cuentos en el interior también de mala calidad, sin embargo tu lo recibiste con alegría, se suponía que cambiaríamos un tape o un CD, sin embargo a cambio de eso te di un libro de mala calidad e igual sonreíste y como agradecimiento me regalaste el primer beso. Recuerdas que desde ese día ya no dejaste de llamarme.

Recuerdas que a los pocos días estabas aterrorizado, decías que solo éramos amigos, que ella aún estaba en tu corazón, yo te deje tranquilo con tus recuerdos, me fui de viaje por largo tiempo y al volver aún era tu amiga, siempre fue así, una amiga que solo querías proteger, siempre repetías que tu misión era cuidar a la dama blanca del bosque. Recuerdas como me acurrucaba atemorizada en tus brazos, como podía dormir con mi cabeza apoyada en tus piernas.

Recuerdas la primera película que fuimos a ver juntos, el primer helado, la primera barra de chocolate, la primera canción. ¿Lo recuerdas? Recuerdas aquellos poemas que deposite para ti en el buzón de correo en sobres de color. Esa fue la vez que logre que me miraras nuevamente y creo que esta vez ya no fue solo como amiga.

Recuerdas el viaje a Isla Negra, donde nos sentamos por horas en las rocas frente al mar, donde en silencio observábamos las olas romper junto a nuestros pies, mientras unas tímidas gotas de sal caían en nuestros rostros.

Recuerdas cuando una llamada telefónica cambio nuestro destino y decidimos estar juntos para siempre, que peculiar forma de hacerlo, siempre te costo mirarme a los ojos, incluso para las decisiones importantes, sin embargo eso jamás importo. No pasó mucho tiempo después de ese episodio y en un pequeño cuarto comenzó la historia más importante de nuestra vida, solo tú y yo en nuestro universo. Nos amábamos, solo eso era lo importante.

Faltaron muchas cosas, falto el trabajo, el dinero, pero no importaba, eso era lo de menos, ya que día a día nos amábamos más y más.

Aunque no sé realmente que paso al transcurrir el tiempo, no lo sé. No recuerdo exactamente cuando mi cama se quedo vacía y no sé realmente si ese día tome o no mis maletas o simplemente decidí seguir. Creo que tampoco recuerdas el día en que me llamaste Nora por primera vez y comencé a vivir en la Casa de Muñecas.
Erzsebet