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Tuesday, February 14, 2012

BUSQUEDA



Dedicado a J.V.T.


Como sombra decadente en un pálido sol de verano
miraba desde las entrañas de la tumba abandonada.

Se creía que aquella gárgola era un ángel,
pues la tenue luz todo lo confundía.

Fue así como aquel resplandor se incrustó en un recuerdo
y no logró salir.
Era una espina clavada en un alma descompuesta.

Como fantasma errante logró salir
y cabalgó mil años buscando ese corazón robado.

Entre las grietas de otro sepulcro la encontró.
con flores en su cabello y un vestido robado.

Eran dos espíritus malgastados
unidos por una difusa promesa.

Solo dormir juntos mil años
entre los huesos rotos de una vida imaginada.

Ese día se combinaron como sombras
en una ilusión de pasión

viviendo el amor que nadie nunca entendió.


Monday, February 13, 2012

CARTA DESDE EL HOSPITAL



Amigo mío:

Todo surgió así: llegué sangrando de urgencia al hospital, era de madrugada, mis piernas temblaban solo del temor de pensar que algo tan bello terminaría desgarrando todo nuestro ser. Pasaron dos horas y lograron estabilizar la situación. Me derivaron a la cama 45. Cuando mi cuerpo cansado se desconectaba, los llantos desde el pasillo rompieron el silencio. Las enfermeras y doctores corrían de un lado a otro, el llanto se ahogaba desconsoladamente lleno de dolor. Se rumoreaba que a sus 27 semanas el corazón de aquella vida había dejado de latir. Yo en mi vientre seguía sintiendo uno con mucha fuerza.

No fue sino en aquella noche que dimensioné cómo mi corazón había llegado al límite de su capacidad. Abracé mi vientre con fuerza. Sabía que faltaba poco para que él estuviera entre nosotros y aun sentía miedo de decirte la verdad.
Miré el sobrio techo de la habitación, me puse los audífonos y subí el volumen de la radio. Ya no quería saber qué pasaba con la mujer del pasillo. Me asustaba pensar que podía ser yo viviendo aquella dolorosa situación. Me aferré nuevamente a mi vientre y traté de dormir.

Los sueños se tornaron en recuerdos. Recordé el día que nos conocimos en el paseo Las Palmas y cuando me dijiste, o advertiste, que solo seríamos amigos. Ha pasado el tiempo y aún ostento ese titulo de “amiga”. Conocí a tus chicas, conociste los míos y sin embargo cada vez que podíamos nos enredábamos entre las sabanas bajo algún manto oscuro de música pagana.

Recordé el día en que te dije que había dejado de fumar, pero también recordé que no preguntaste por qué. Ese día te encogiste de hombros e indiferente presionabas la tecla de play en el radio. Mientras yo guardaba silencio y no me avergonzaba de mi cobardía. Ese día me alejé de ti.

Sin embargo, hoy bajo este sombrío cielo, laten dos corazones en mi interior y no deseo volver a correr.
Hoy no quiero enfrentar esto sola, no en este silencioso y solitario hospital.

Si vinieras solo como un amigo a tomar de mi mano, tendría el valor suficiente para mirar a tus ojos y decirte que tú y yo tenemos algo más que una amistad de años. Entenderías porque estoy aquí, luchando para que ese segundo corazón se aferre a este mundo.

Si vinieras solo como un amigo, tendría el valor de decirte que tú y yo seremos padres y que no quiero volver a pasar una noche más con esta verdad.

Hoy debo reconocer que no fue sino en aquella noche que dimensioné cómo mi corazón había llegado al límite de su capacidad.

Te espero.

Desde algún Hospital, tú amiga


Thursday, January 26, 2012

VOCES EN LA ETERNIDAD


Ilustración realizada por Nat Kougi

Dedicado a mi hijo Ignacio.

"Desperté dentro de esta nave líquida,
suave, acogedora
¿en qué parte del universo me encuentro?"
- un hombre de fuego.

Se encuentra nervioso sentado en la cima del monte de la sabiduría acariciando el lomo de Kaldrof, su dragón, quien lo acoge en silencio puesto que siente la inquietud de su jinete. Aniel ya es un adolescente maduro, como dirían los maestros, muy independiente, inquieto y observador. -Cuando seas un adolescente maduro mi querido Aniel, estarás listo para partir- le dijo su maestro antes de iniciar el entrenamiento. “Maduro”, “maduro”, “maduro”… le calaba fuertemente en su alma y se estremecía tan solo en pensar en esa palabra. Él sabia que su tiempo había llegado y en cualquier momento debía dejar atrás a su fiel amigo Kaldrof. Temía por ese viaje porque había visto a sus amigos partir uno a uno a otras tierras donde debían cultivar todo por lo cual fueron entrenados: “amor y justicia”. Aniel muchas veces se llenaba de pensamientos oscuros porque creía que ese viaje era como partir a la guerra, una guerra donde nadie vuelve con vida. Al menos él nunca ha visto regresar a ninguno de los que partieron.

Aún se encontraba mirando nostálgico el horizonte cuando el maestro Malkuth lo toma por el hombro: -Es hora- guardó silencio por unos segundos, fijó la vista sobre el reino que se enaltecía bajo los últimos rayos de luz del día y prosiguió –los demás están esperando para darte instrucciones-. Aniel abrazó fuertemente por el cuello a su amigo Kaldrof, tomó aire y, a paso firme y decidido, caminó junto al maestro en silencio hasta llegar al umbral del gran salón.

Desde ahí podía visualizar a los maestros Kether, Gueburah y Yesod en el altar, cada uno con una caja de madera, con hermosos enchapados de plata entre las manos. Aniel suspiró y caminó por el centro del gran salón hacia sus doce maestros que se encontraban distribuidos a los costados.

-Ya has aprobado las enseñanzas del maestro Malkuth- le dice Kether levantando la caja de madera sobre su cabeza –dentro de esta caja están depositadas todas las enseñanzas que has recolectado con cada uno de los doce maestros-. El hombre baja la caja y se la entrega a Aniel, quien se acerca solemnemente a recibirla.

-Acá Aniel esta depositado uno de los elementos que regirá tu nombre en las tierras donde debes partir- le dice el segundo maestro Gueburah – el Fuego. Desde ahora tú no te llamaras Aniel, tu nuevo nombre será Ignacio, el hombre de fuego, símbolo del cambio, la purificación y el sacrificio- concluye el maestro, quien le entrega la caja con orgullo.

-Está última caja, Ignacio, contiene otro elemento que debes llevarte contigo: El agua, la cuál alberga el corazón de la humanidad, símbolo del amor, los sentimientos positivos, la amistad, la compasión y la alegría- concluyó Yesod con la última parte de lo que fuera una ceremonia de término del entrenamiento, de inicio del viaje. Yesod no se pudo contener y una vez que le entregó la tercera caja, abrazó fuertemente a Ignacio.

El maestro Malkuth hizo señas a Ignacio y lo guió hacia su cuarto –Recuerda: tú eres parte de la creación, no importa en que tierras te encuentres- besó su frente –Lo que es arriba es abajo – Ignacio movió su cabeza afirmativamente y se inclinó de modo de agradecimiento. Malkuth se retiró en silencio y poco a poco el sonido de sus pasos se desvanecieron entre los pasillos del lugar.

Ignacio se recostó en la cama con los brazos cruzados tras su cabeza. Miró el techo por largas horas, se resistía a cerrar los ojos y dormir, no sabia porque, pero presentía que si lo hacía no volvería a despertar jamás. Así pasaron las horas hasta que el cansancio lo venció.

Los sueños se apoderaron de su mente. Ignacio se veía volando alegre sobre el lomo de Kaldrof por inmensas tierras desérticas, enormes masas de aguas, atravesando ruinas y reinos destruidos. La imagen era cada vez más desoladora, los ríos de pronto rebozaban en sangre de animales muertos, Ignacio ya no sonreía y a veces tenia la sensación de caer al vacío, cerraba los ojos y se aferraba fuertemente en el cuello de su amigo. Pero el viaje entre esas tierras nefastas continuaba y nada lo calmaba hasta ciertas noches donde escuchaba una suave voz que le decía: “Te amamos”- no sabía de donde provenía, pero sabía que el universo no se olvidaba de él.

Los sueños que invadían la mente de Ignacio se tornaron eternos. Cada vez que ingresaba profundamente a uno de ellos, los rostros de sus maestros iban desapareciendo y la voz del universo era cada vez más cercana. –Prométeme que te quedaras aquí- le dijo una noche y sintió como si el universo lo abrazará, sonaba triste, calido, pero lleno de amargura, el cielo se torno gris y esa noche la lluvia no cesó.

Al día siguiente Ignacio creyó que despertaba de ese extraño sueño, pero al abrir los ojos era como despertar en otro, aunque esta vez ya no recordaba ni a sus maestros ni su dragón, solo tenia la sensación de que aquel lugar era donde debía quedarse. Estaba dentro de una nave, rodeado de un líquido viscoso. Al principio se asustó porque pensó que se ahogaría en ese ambiente, pero luego de un momento dejó que el líquido llenara sus pulmones en un cálido abrazo. Miró sus manos y eran pequeñas, muy pequeñas. Sus pies eran igual de pequeños. Nadaba desnudo dentro de la nave y escuchaba esa voz muy lejos, a través del medio acuoso, como un eco deforme resonaba aquella voz del sueño. No sabía en que parte del universo se encontraba, todo era nuevo para él. Los sabores desde el ombligo, la música desde el exterior, los cuentos para él.

Así paso Ignacio dentro de la nave líquida, la cual día a día era más pequeña o él era más grande para estar dentro de ella y fue ahí cuando decidió salir. Necesitaba más espacio.

Buscó y buscó hasta que encontró un túnel rojo por donde salir. No le fue para nada fácil luchar con su cuerpo a través de las paredes húmedas y estrechas, sin embargo logro salir al exterior frío y seco. Fuera de la nave líquida no era cálido. Ignacio lloró. Todo era muy diferente.

-¡Mira! ¡Es hermoso!- dijo aquella voz que tan familiar le sonaba a Ignacio. Cesó de llorar y vio a Kaldrof entre el aura de su protectora, pero no lo reconoció, aunque tampoco le dio miedo. Mas bien le transmitió paz.

Ignacio ya había llegado al fin de su viaje y sin saber aún, al comienzo de su aventura. Ignacio nacía en su nueva tierra como un guerrero de fuego.

- Fin -


Wednesday, August 31, 2011

A veces...





A veces el universo se hace pequeño, tan pequeño que no se puede oír, sentir, ni ver.
Otras veces es inmenso que no se puedo tocar, ni menos descubrir.
Simplemente todo es tan irreal que piensas que no lo sentirás.
Quizás esa sensación era un sueño o nada.
A veces creo que son hologramas o pesadillas.
De esas pesadillas que orbitan sobre tu cadáver como buitres esperando desgarrar tu carne o solo lo que queda de ti.
A veces creo que es una fotografía que aun no ha sido revelada o quizás nunca ha sido tomada.
¿y si fuera una historia mal contada? ¿con ese final que no quieres oír?
Donde ellos dicen que el universo no es o es de papel, de ese papel antiguo, doblado, maltrado.
Con esa pregunta garabateada que da vuelta por la cabeza y quisiera encontrarte para contestar
“¿Crees que puedes vivir otra vida después de ese beso?”
A veces el universo se esconde y huye o ¿eras tú?



Sunday, February 13, 2011

El día en que Afrodita surge


Dulce:

Anoche te soñé emergiendo del mar, como un ser azulado que crecía hacia la inmensidad del cielo. Te veía volar hacia las estrellas y cristalizado en la constelación oí tu llamado. Traté de volar hacia ti, pero unas delgadas manos se enlazaron en mi cintura, reteniéndome. Busqué desesperadamente tus manos, tus labios. Ya no estabas.

Cómo explicar con palabras esa imagen que viaja a velocidad luz y golpea mi retina cada vez que recuerdo tu voz mezclarse con el viento. Esa voz que vibra junto al océano diciendo “mi Laura del mar”.

Creí, en algún momento, que si esperaba en la orilla del mar vería aquél mágico barco blanco venir hacia mí. Quizás encontrarte a bordo del tren silencioso que cruzó nuestro destino, pero nada apareció.

Imaginé tu cuerpo dormido viajar hacia la luz y corrí para alcanzarte, no quería dejarte ir. Pensé que un dulce beso te mantendría a mi lado por siempre.

Así lo imagine. Así pensé tu partida, diciéndome… diciéndote: “aquí estoy… a tu lado”. Sin embargo, solo pude mirar hacia el horizonte y ver crecer flores niphredil sobre ti, sin tener la mínima posibilidad de decir “te amo” sobre tu regazo y atrapar esa última gota de existencia, que estoy segura hubiese sido para mí.

Hoy entrego esta carta a nuestro testigo silencioso, que guardó besos y miradas culpables. Hoy te digo adiós a través del mar.


Te amo.

Friday, May 28, 2010

Quedate con mi tarro de monedas



“Vamos!! ahora podréis hacer la fiesta que tanto estabais esperando, ha desaparecido, y a juzgar por su aspecto la última vez que lo vi. De seguro debe estar muerto” -Alguien le dijo algo parecido a esa chica del otro lado del camino o al menos debe haberlo pensado luego que me perdí en la realidad. A decir verdad, era lo único que me quedaba, perderme entre las personas y hundir mi rostro en mis manos sucias. No recuerdo muy bien si alguna vez tuve algo o si solo fue un sueño, mientras veía rebotar una moneda dentro del tarro, o mientras mis ojos se perdían entre los pies de las personas que llenaban la calle cada mañana.

Soñé que tenia un hogar, que tenia hermanos, incluso me había casado y hasta me titule en la universidad, ya ni se de que cosa. Siempre que me encontraba al culmine de alguna cosa que me hiciera feliz aparecía una bruja horrible con pies gigantes, llenos de fuego pisoteando cada una de esas cosas. Primero me arrebato a mis padres, creo que los encerró en un calabozo oscuro y húmedo. Jamás los volví a recuperar.

No alcance a sobreponerme, y la universidad me hizo despertar. Creo que me expulsarían o algo así. Costo, pero obtuve mi titulo y me case con la mujer que amaba. Y no paso mucho tiempo cuando la bruja lanzó una flecha de fuego y todos se cegaron. Me quede sin trabajo y sin esposa.

Ya destrozado, sin trabajo, sin casa, sin padres. La solución era esconderme, huir. No confiaba en nadie, no quería que aquella mala persona tuviera noticias de mí. Y no se como lo conseguí, pero pude recuperar un poco mi vida al lado de mis hermanos.

Sin embargo, aquellos ojos malignos sepultó un rayo de hielo en la tierra, congelando los corazones de lo único que me quedaba.

Volví a esconderme. Esta vez en la realidad, no podría arrebatarme las monedas que me arrojaran los transeúntes, porque ahí ya no era nada, solo un mendigo, un mendigo sin nombre, un ser desconocido.

Aunque debo reconocer que no fui un mendigo y nada más, era el mendigo más querido y nuevamente no paso mucho tiempo cuando la mirada de aquella persona me alcanzo. Me di cuenta cuando un día pateó mi tarro de monedas. Lo pateó con fuerza, permitiendo que algunas cayeran y rodaran lejos, sin ninguna posibilidad de recuperarlas. La miré y a la distancia me mostró sus dientes negros burlándose de mí.

Muchas veces pienso en algún plan para hacerle creer que en verdad estoy muerto y así ella pueda celebrar su anhelada fiesta.

Fiesta igual de vacía que sus envidias y ambiciones, una fiesta que de seguro será con el termino de una cama fría como mi pavimento. Por que de no ser así ¿entonces porque patear mi tarro de monedas con tanta alevosía?

Erzsebet

Wednesday, May 19, 2010

QUEBRANTADORES DE CONCIENCIA


“Al pasar la barca, me dijo un barquero / qué niña tan linda, no tiene dinero / Un, dos, tres, Pedro, Juan y José / lima, limita, limón, rosa, clavel y botón / sale niña que vas a perder, uno, dos y tres”. Miraba desde la ventana con nostalgia como saltaban la cuerda niños de su misma edad. Clarisa no sabia qué era salir a jugar, ni siquiera cómo era un aula de colegio, todos los días se asomaba escondida detrás de las cortinas a observar. Jamás decía nada a sus padres, pero ese día al escuchar “al pasar la barca” se perdió su mirada entre la cuerda y los pequeños pies de aquellas criaturas saltando con tanta alegría, no pudo contener las lagrimas. “No eres igual a ellos” -le dijo su madre, mientras la tomaba del hombro y la llevaba en silencio a la sala de estudios para que tomara la lección del día: “Lee la página 131”.


“¿Estas?” -teclea Clarisa en el computador. “Si, no he podido dormir” -responde su contacto. “Te he buscado estos días ¿dónde has estado?”. “Me mandaron de urgencia a España”. “¿Por eso no te has conectado?”. “Te dije que era como tu, ¿aún no me crees?”. “Mientras nuestros encuentros no sean como hologramas… aun tengo mis dudas”. “Linda, ya nos podremos ver… ya verás”.


El estado del comunicador virtual de su contacto aparece como desconectado, Clarisa suspira pero no se desconecta. Abatida, sus brazos lacios quedan paralizados al costado del cuerpo.


“No quiero leer” -con un tono de disgusto cierra el libro con fuerza, lo comprime contra su pecho dando señal de que nadie se lo puede arrebatar. “Tú no eres como ellos Clarisa, entiéndelo” -a pesar de sus cortos cinco años, no lo entiende, mira a su madre con furia acumulada y exige desafiante más detalles. “Eres…” -silencio incomodo- “Tú eres un ser humano puro, ellos son tan solo hologramas, imágenes enviadas a través del ciberespacio” -dice al fin su madre abatida, mientras el brillo de sus ojos se desvanece en la oscuridad.


Ella no se despega del computador. Desea que Guido se conecte. Ha estado años buscándolo. Esta vez cree que lo ha conseguido, a sus veintiún años lo ha logrado.


-Hija, creo que ya es tiempo que sepas como ocurrieron los acontecimientos-. Clarisa bordea las rodillas con ambos brazos, sentada en el suelo frente a sus dos padres.

En el año 2010 las personas perdieron toda fe. Ellas ya no se tocaban, no se veían. No escucharse entre sí, fue la enfermedad que se generó dentro de un caos colectivo esperando el fin del mundo. Algunos creían que la tierra cambiaria la polaridad y con ella vendría una gran catástrofe universal. Al ver que su Dios cristiano no los salvaría de dicha desgracia, terminaron convirtiéndose en seres débiles y vulnerables. Los Raelianos con sus adelantos, tomaron una fuerza y poder hasta hoy incontrolable. Los pocos católicos que existieron en la última época fueron exiliados a Roma, el único lugar, y casi extinto, donde existen personas devotas a esta creencia. Los que se quedaron en Chile, casi todos creyeron fuertemente en la ingeniería genética y en los Raelianos, llegando a pensar que ellos eran los únicos seres perfectos como los Elohim y que deberían ser solo ellos los que se perpetuaran en el gobierno. Se obsesionaron por la clonación. Hasta que un día apareció Rupert Sheldrake con una máquina que cambiaría la historia de Chile y el mundo.


En la pantalla aparece una ventana de conectado, era Guido que había vuelto a la red. Ella sonríe. Se preguntaba si él era capaz de sentir la misma emoción cada vez que se encontraban a través de la pantalla.


La maquina de “Campos Morfogenéticos” la trajeron ellos justo en el momento en que las personas depositaron toda su confianza en la creación de clones y seres de otros planetas. Todos pensaron que al acabar el año 2010 la única forma de salvarse era aceptar dicha máquina. El primero de diciembre todos los chilenos se acercaron voluntariamente para ser escaneados y formar parte de la base de datos. Menos tus abuelos, Clarisa, ellos se escondieron junto a un grupo de personas que no querían ser parte de esta locura y bien que lo pensaron. Al tiempo, todos los que no habían ido ese día de diciembre fueron perseguidos, atrapados, torturados y mutilados, nadie supo más de ellos. Sin embargo, los Raelianos han escondido esta realidad a todos sus asquerosos clones. “No entiendo ¿qué hacía la máquina? ¿Qué tiene que ver con los hologramas que transitan por la ciudad cada día?” -preguntó con interés.


Al escanearse, tu cuerpo se vuelve no material, pudiendo manipular esa información mediante la resonancia mórfica y moldear el desarrollo y comportamiento de todos ellos. Se han vuelto máquinas sin sentimientos que son controladas por los altos mandos.


“Aún espero una respuesta Guido” -sin despegar la mirada de la pantalla, ansiosa, espera ver alguna palabra desplegada. “Si, Clarisa, esta tarde te espero en mi departamento, te envío los datos por correo”.


Esa tarde venía de conseguir un poco de comida en los suburbios de Santiago. Había sido tarea difícil, pero lo había conseguido con algunos hologramas que traficaban ese tipo de especies. En la ranura inferior de la puerta vio un reflejo. No era una luz normal dentro de la casa. Se quedó un rato esperando en las afueras y no logró aguantar su curiosidad. Se tiro al suelo para mirar por debajo de la puerta. Vio unos pies luminosos. Sintió unos disparos. Desconcertada, aterrada, se escondió bajo las escaleras. Esperó con los ojos llenos de lágrimas a que se fueran.


Abrió la casilla de correo. Ahí estaba la dirección de Guido. Se duchó, arregló, delineó sus ojos, se aplico lápiz labial. Estuvo varios minutos mirándose en un diminuto espejo. Sigilosamente subió las escaleras del sótano, salió sin que nadie la viera. Caminó hacia el metro. Logró escabullirse entre los hologramas que orbitaban los vagones. Se sentó en una esquina, sintió un hielo subir desde la punta de los dedos, se estremece, trata de perder la mirada en el oscuro túnel.


Esos horripilantes hologramas salían por montones desde la casa. Después de los disparos se había quedado inmóvil en un rincón temblando de la impresión. Pasaron varios segundos antes de atreverse a salir de ahí. Trago saliva y entró a la casa. Había sangre derramada por doquier, sesos pegados en la pared, cráneos quebrados, ojos abiertos, blancos. En la mano de su madre la fotografía ensangrentada de Clarisa. Tanto fue el impacto de la sombría escena que su mente sucumbió como una pesadilla devorada peor que un cáncer.


Sube las escaleras del metro, camina por las calles solitarias del devastado Santiago. Una ciudad llena de escombros, casas a medio reconstruir, tambores encendidos. Clarisa los mira, recuerda que esos tambores aparecieron como forma de mantener el equilibrio entre los vivos y los muertos, para mantener alejados las almas errantes de quienes fueron exterminados. Ella por un tiempo quemó dinero falso por sus padres fallecidos, se entristece, ya no lo hace.


Mira a su alrededor, quizás está en un barrio donde habitaban seres humanos puros. Así se lo explica ella, mientras camina insegura. Al menos eso pretende creer. Vacila en cada paso y los recuerdos se apoderan de su mente como película enferma. En unos pasos más estaría frente a la puerta de Guido. Su andar se vuelve lento, inseguro. Llega, ahí está. Duda, vacila.


Toca el timbre. Silencio. Pulsa nuevamente el botón. Se estremece. La puerta se abre pero nadie esta detrás de ella. La empuja, no ve a nadie. Moja sus labios, suspira, se arma de valor y entra. Queda perpleja. El piso de la habitación está inundado de cables negros, blancos, rojos y amarillos amontonados unos sobre otros. No sabe donde pisar, pero avanza entre ellos con escalofrío lúgubre. Al final del pasillo, hay trece computadores. Se aproxima. Escucha ruidos metálicos. Mira, busca. Ahí esta Guido. Se horroriza. Ahí esta con la tapa del cráneo abierta con electrodos incrustados, manos y pies con placas eléctricas. Era un obeso mórbido, asquerosamente repugnante, con los ojos blancos como si viajará en alguna onda paralela, botando espuma por la boca incesantemente como si quiera hablar, pero no le alcanzaba ni siquiera para balbucear. No era el único. Los aparatos restantes constaban con “usuarios” de similares características. Verdaderamente repulsivo. Clarisa se contiene para no vomitar. Ruido ensordecedor. Se tapa los oídos consternada. De pronto, inmensos y espeluznantes hologramas entran al departamento, toman fuertemente los brazos de Clarisa. Había llegado su turno de ser escaneada.

Erzsebet

Nota: Este cuento fue escrito para Chile Bicentenario, en el marco de un concurso, que la pregunta principal era ¿Cómo se imagina el Chile del futuro? Ayer dieron a conocer el resultado del concurso (Link Aquí). Mi cuento esta lejo de sueños, anhelos y expectativas, me encanta que así sea.

Concurso: A quienes sean de Santiago, den la visión de este cuento posteando su comentario, regalaré el libro "Antología Talleres Literarios 2008", (talleres realizados en la comuna de Maipú). Para entrar al concurso deben enviar también sus datos al e-mail: erzsebet_bathory@esfera.cl

Sunday, February 14, 2010

Día de San Valentín

"Tres veces intente estar contigo"


Hoy desperté con el rebote de una bala en mi corazón, con los pedazos de melodías golpeando mi cabeza. Desperté con aquella canción que me hace recordar a ti, la de Deep Purple ¿la recuerdas? “Child in time”. Aquella que me hizo llorar cuando te veía lejos, y a la vez tan cerca. Porque estabas y no, me sentía tan sola y ciega en momentos.

Te necesite tantas veces y tu alma caminaba en dirección opuesta. Eras como un errante sin identidad y de pronto nada existió, solo una ilusión de ti y de mí caminando entre la verde hierba, bajo el sol de papel, como navegantes desconocidos en el cielo púrpura.

Te soñé tantas veces, incluso antes de verte por primera vez entre seres desconocidos y sonidos roncos, antes de encontrarte entre las nubes de cigarro y guitarras estridentes.

Sabia que eras tú cuando te bese en el banco de madera, cuando dije si. Pero de pronto eras tú, era yo evadiendo la verdad, corriendo entre laberintos confusos. Lloré, lloré y grité una y otra vez suplicando que me rescataras de esas sabanas ajenas, de ese olor a encierro, de muerto.

El viento se llevó el aroma, se notaba la ausencia, tú ausencia se hacia cierta. Vagué con extraños mientras tú te perdías en una ilusión caótica. Era tu boca pegada en labios añejos, ajenos pensando en mí. Era yo en brazos de otro pensando en ti.

Y un día sonó el teléfono, eras tú desde el hospital. Corrí como una tonta a tu llamado, cuide de ti sin importar el agujero que tenia en el corazón, porque te amaba. Corrí como una tonta hacia ti, porque esos ojos tallados en mi alma no dejaban que te olvidará. Porque cuando decidí seguir, tomaste de mi brazo y me miraste como esa vez que nos besamos por primera vez. Porque me miraste como ese día que me pediste que fuera tu esposa por toda la vida. Porque cuando estaba con mis maletas en el umbral de la puerta volviste a decirme te amo con toda esa inocencia que alumbra tu ser, porque solo esas dos palabras “te amo” borraron instantáneamente el pasado gris. Porque esta vez era distinta a las otras. Porque como dice la canción: la primera vez no queríamos, la segunda no nos sentíamos bien y la tercera vez… esta tercera vez no necesito que me pidas que regrese a ti. Yo regreso a ti, porque eres mi espacio, mi ser, mi sueño, mi mundo. Esta vez regreso a ti porque te amo.

Erzsebet

Sunday, January 10, 2010

LO QUE SE PIERDE EN LA TIERRA, Final





VI

Nuevamente escapaba desesperadamente de sus perseguidores. Sin embargo, un chico corría a su lado a gran velocidad y no pudo alcanzarlo. Él también estaba huyendo de los supuestos seres de otro planeta.
El muchacho llegó primero a la orilla del acantilado, la miró, le hizo unas señas y se lanzó al vacío como un halcón tendiendo sus brazos hacia el abismo. Carol sin pensarlo demasiado corrió hacia él. En la orilla se detuvo, extendió sus brazos y se lanzó. Por unos minutos creyó volar, hasta que chocó violentamente contra el agua. El chico estaba sonriendo, ella nerviosamente también lo hizo. Se dejaron llevar por la corriente hacia las oscuras cuevas bajo el inmenso macizo de roca.
Aquella mañana despertó tranquila. El sueño que se repetía constantemente había cambiado.
Y con un ánimo distinto salió, como de costumbre, a recorrer Santiago a dejar el currículum. Era su día libre y todo se lo tomó con calma. Se sentó en el parque de las esculturas a mirar el río Mapocho, observar como sus aguas no se detenían jamás, era una sensación de que todo pasa y nada se queda en el mismo lugar. Le agradaba pensar que ya todo fluía, por lo menos en el río, aunque fuera pestilente y de mala apariencia.
Se quedó hipnotizada mirando las aguas de río. En ese preciso instante vio que algo intentaba salir a flote. Lo siguió con la mirada. Parecía un trapo blanco, pero no. Una mano parecía emerger de las aguas. Se irguió para observar con mejor ángulo. Creyó ver un cuerpo. Se restregó los ojos y observó que se hundió definitivamente. No pudo ver que era realmente. Se puso nerviosa. Pensó que a lo mejor era una mujer, no lo sabía con certeza y siguió mirando el río. Algo nuevamente intento salir a flote, pero esta vez era un pedazo de tronco que logro liberarse y navegar libre hasta que se perdió a la distancia.
Una voz interna le dijo: “el ascensor”. Corrió a tomar el metro. Corrió al ascensor del edificio viejo donde vivía. Entró en él, apretó piso 6. Las señales metálicas se repitieron y en solo un par de segundo estaba en la ribera del río Mapocho. Quería descubrir que era realmente ese trapo blanco que había visto. Subió y bajo una y otra vez del ascensor recorriendo la ribera aguas abajo.
Cansada de subir y bajar del ascensor se sentó agotada en una roca. Casi caía la tarde y pensaba que no era buena idea estar ahí. Volvió al ascensor sin antes asegurarse que la aventura del día había terminado. Se volteó. Un destello de luz cegó su visión, una poderosa luz salida de la nada dejándola ciega por segundos eternos. Cayó inconciente.



VII

Llevaba días desaparecida. Su compañero de departamento había dado aviso a su familia y a carabineros.
Fabián no podía dormir, una extraña pesadilla lo atormentaba, aunque no era más que agua, agua turbia, revuelta, tranquila a veces, de escena negra, de colores grises. No entendía el sueño, solo sabia que era perturbador y con la preocupación de su amiga, ya no lograba dormir.
Decidió hacer afiches con la foto de Carol y comenzó a pegarlos por toda la ciudad junto con pequeños volantes que los repartía en cada salida del metro.
Caminando por el barrio Lastarria se encontró que en una de las esquinas se había acumulado un montón de gente. Un tipo con voz de pito, hablaba muy rápido y las personas a su alrededor trataban de calmarlo. “No volveré a la Clínica Normita, aunque el Señor demonio con escrupilisimo lo quiera así”, marcando bien las eses. Fabián se acercó y se dio cuenta que era un vagabundo vestido curiosamente como señora, un pañuelo negro en la cabeza, con vestido. Andaba con un carro de supermercado lleno de cachureos. Una señora dentro del tumulto “es la loca del carro”-dijo, el vagabundo la escuchó “no soy la loca del carro, ni el maestro, soy divino, divino porque vivo en la calle” –prosiguió con las incoherencias. “Lo, lo que ustedes no saben es que la Boloco esta reencarnada en Obama”. Fabián logró incorporarse dentro del tumulto llegando casi a su lado. El mendigo le miró los volantes que andaba trayendo en la mano. “Misiriarisimo!! no puedes andar buscando a ese demonisisimo, que asume la forma impostora de mujer” –le gritó de manera descontrolada. Intento arrebatarle los papeles de las manos, “y tú ¿qué te crees?” -le dijo Fabián con furia contenida. Forcejaron hasta que los volantes se dispersaron por el aire como una lluvia de papeles. El divino anticristo tomó uno de los volantes y dirigiéndose a sus espectadores siguió con el discurso: “Miren bien, esta es la forma de los nazis reencarnados, ustedes mismos pueden acordarse de que en la vida anterior fueron nazis… nazis… nazis… hay personas como usted en textos universitarios y dicen chucha!! yo era nazi en los tiempos de Atila. En la vida anterior eran todos nazis del chanchisimo. Otros se acuerdan que eran…que eran nazis en los tiempos del chanchicisimo… chanchicisimo caballo de Prusia, otros se acuerdan que eran nazis en los tiempos de los Hucklyleberry finn en los EEUU. Otros se acuerdan que eran… que eran… los… los nibelungos de España. Entonces se compra un uniforme nazi, nazi. Se compran alucinógenos y empiezan a masacrar cochinos…”.
Fabián logró salir del tumulto. “¡Mal nacido! ¡Enfermo de la cabeza! ¿Qué tiene que ver Carol con sus putos nazis?” -se preguntó. Siguió su búsqueda por la ciudad.

VIII

A las 23 horas terminaba de dejar volantes en las mesas que se ubican en las afueras de los pubs de Bellavista. El agotamiento le tenían destruido los pies y el cuerpo, pero no quería volver a casa. No sin noticia de su amiga.
Compró un par de completos en el carrito ubicado en la esquina de Pio Nono con Bellavista. Observó que la facultad de derecho de la universidad estaba en toma nuevamente. Repartió un par de volantes a las personas que compraban en el carrito mientras se terminaba de comer el último completo.
Le tocan el hombro, “yo la he visto” -le dijo una señora de apariencia humilde, “la vi anoche, ahí, en la ribera del río Mapocho”. Fabián trago el último pedazo de pan que le quedaba y casi se ahogo de la impresión.“Dígame donde” -zamarreó a la veterana. “Le digo que ahí en la ribera del río. Mire, nosotros los deudores habitacionales también estamos en toma, igual que estos cabros de la universidad y anoche después de comer salí a fumarme un cigarro y ahí estaba ella, esa chica que tiene usted en la foto paso caminando como si estuviera ida, sabe, como si un espíritu la hubiese poseído. Yo me asuste así que me entre”.
Desesperado corrió al puente. A lo lejos se veían las carpas unas al lado de la otra casi tocando el agua del río Mapocho. Estaban bajo el puente Pio Nono haciendo sus vidas cotidianas y no se había percatado. Miró a su alrededor y a lo lejos vio una bajada. Odisea que consiguió en solo unos segundos.
Se acerco respetuosamente a un grupo de personas que estaba calentando agua en una fogata. “Disculpen, estoy buscando a esta chica” –le muestra un volante. “Es mi amiga, hace días que no vuelve a casa, una señora en la feria artesanal me dijo que la vio anoche ¿pueden reconocerla?”- Las personas miraron la fotografía uno a uno. Algunos hacían gestos como de recordar algo, otros gestos de extrañeza. Un silencio desolador inundo el entorno de la fogata.
“Hemos visto una mujer que deambula por la ribera del río, pero no creo que sea tu amiga” -el más anciano del lugar rompe el silencio, negación insistentemente con la cabeza. “¿Por qué no?” –preguntan varios de los presentes. “Porque su amiga es del mundo de los vivos”. El lugar se llena de murmullos y exclamaciones:
- ¿Dices que la mujer que hemos visto todas estas noches no es del mundo de los vivos? –pregunta uno de los hombres más jóvenes del grupo, con tono escéptico.
- Creo que no ¿acaso no conocen la leyenda de “La Lola”? –les pregunta el viejo.
- ¡No! Noooo!! Noooo!!! –responden casi al unísono. Se acomodan más cerca de la fogata y se acurrucan al lado del viejo para no perderse los detalles.
- Bueno –comienza con el relato. Fabián se sienta a su lado, sin cuestionar porque se interesa por la historia.- Se dice que una mujer llamada Dolores enloqueció luego que asesinaron a su ser amado, fue tanto el dolor y el odio que sobrevivió al tiempo y la muerte. Baja desde las montañas andinas para horrorizar y acosar a los habitantes del valle central, los indígenas la habrían llamado “La Lola” que significa “Tierra Muerta”, ya que si escuchas sus gritos quejumbrosos caes irremediablemente muerto.
- ¡Esas son tonterías! –grita uno de al fondo.
- Claro que es verdad -dice el viejo con aire de seguridad en sus palabras- la hemos visto casi todas las noches, yo he rezado para no escuchar sus gritos.
- ¡Estás loco viejo! –dicen algunos con tono burlón. Otros también se ríen, toman sus tazas de café y se apartan del grupo. Fabián se pone de pie, le da las gracias a todos por el tiempo. Un chico le toma el brazo.
- ¡¡¡Es cierto!!! ya se han suicidado dos personas. Ellos cayeron dominados por su hechizo, debe creerle a mi abuelo- los ojos del chico brillaban de pena profunda. Fabián le toma la cabeza como entregándole comprensión.
Se retira del campamento caminando en silencio por el puente. A lo lejos escucha ruidos y se detiene para poder escuchar mejor. Los ruidos eran perturbadores, confusos, quizás risas lúgubres, malvadas, sarcásticas. Pensó que se podía tratar de las personas que estaban en la toma. Los sonidos se transformaron de pronto en un llanto, en un alarido escalofriante. ¡No! Parecía una mujer sufriendo. ¡¡Carol!! Se dijo a si mismo. Se le contrajo el corazón, se le apretó el estomago. A lo lejos vio una silueta de mujer con vestido blanco. Era ella quién lloraba desgarradamente. Pero podía ser cualquiera, no necesariamente su amiga. Santiago esta lleno de personajes extraños, sin embargo corrió, corrió hacia la silueta que caminaba por el costado de arriba del río. De pronto un ruido metálico inundó el espacio. Era ensordecedor, áspero, perturbador. Un resplandor lo cegó completamente. La figura fantasmal se abalanzó contra Fabián.


IX

Despertó desplomada sobre la arena plomiza de la ribera del río. Recordó el destello de luz. Por primera vez la puerta del ascensor ya no estaba a su espalda, había desaparecido. En el afluente vio que algo se movía como si un gran pez estuviese observándola. Se acercó. Era el reflejo de una mujer, el horrible rostro de una mujer desforme. Se asustó y comenzó a temblar. Miró nuevamente, era su reflejo, solo su rostro. “No temas Dolores” -le dijo una voz áspera, ronca como mezclado con gorgoteos acuáticos. Estaba asustada, no había nadie a su alrededor. Solo estaba ella, su reflejo y aquella voz que de pronto creyó escuchar que salía de si misma. “No me llamo Dolores” -grito desesperada, agitada. Daba vuelta sobre si misma. Miró nuevamente el reflejo del agua, era ella. Su reflejo que se difumino poco a poco, apareciendo poco a poco una criatura infernal. De pronto, un largo tentáculo emano de las aguas, le tomó uno de sus pies y la arrastró hasta lo más profundo.

X

En el reverso de la cuenta de luz: “Nuestra energía es para encontrarlos”:
- Carol Miranda, 29 años, Santiago Centro
- Fabián Sepúlveda, 30 años, Santiago Centro.

Monday, January 04, 2010

LO QUE SE PIERDE EN LA TIERRA, Parte 1





“Un abandono
Un abandonado en suspenso.
Nadie es visible sobre la tierra.
Sólo la música de la sangre
asegura residencia
en un lugar tan abierto”.
Pizarnik, “32” de Árbol de Diana (1962).

I

Antes de la llegada de los españoles ya fluía imponente entre los valles, atravesando todo el territorio de lo que ahora denominamos Región Metropolitana, cuna de la ciudad capital, Santiago. Ahí está, y no. Los habitantes de la ciudad lo han transformado en el vertedero de todos sus residuos.

II

No son muchos los departamentos que se pueden arrendar a buen precio en el sector de plaza Italia. Después de una ardua búsqueda encontraron algo que se les ajustaba a los bolsillos. Un departamento en el sexto piso de un antiguo edificio.
En su época de estudiante universitaria Carol entró a trabajar en un Call Center con el fin de costearse los estudios. El día que comenzó a operar en la plataforma que le asignaron conoció a Fabián, su actual compañero de departamento.
Él corrió una suerte distinta. Al egresar de la carrera de ingeniería informática ya tenía un puesto asegurado en el gobierno. En cambio ella aún seguía cada mañana caminando por la calles de la ciudad dejando el currículum en todos los lugares posibles. Volvía a casa, preparaba el almuerzo, comía, se duchaba y luego salía a paso cadencioso a conectarse al computador y los audífonos. Antes le parecía entretenida esta rutina, pero ya no. Con el pasar del tiempo se hizo cada vez más desagradable atender con voz amable a cada persona que llamaba.
El teléfono personal, en cambio, jamás sonaba.

III

Al cerrar los ojos para descansar, inmediatamente aparecían unos extraños sujetos siguiéndola insistentemente. Corría desesperada hasta llegar a un acantilado profundo, agitada miraba de lo alto como las olas golpeaban furiosas al final de la base, se volteaba y los seres extraterrestres estaban cada vez más cerca. El vacío que se dibujaba a sus pies era abismante y aterrador. Siempre veía como las olas la golpeaban bruscamente contra las rocas, el cuerpo se llenaba poco a poco de moretones y llagas, la sangre se mezclaba con la inmensa masa de agua. El final del sueño era recurrente y fatídico. Sus ojos se perdían en un abismo donde ni siquiera la muerte se atrevería a entrar.
Despertaba aterrada y con los ojos llenos de lágrimas.

IV

Contestar el teléfono a diario y no tener trabajo en lo que había estudiado no era lo único que la atormentaba. Todos los días tenía que lidiar con el tétrico ascensor del edificio donde vivía.
Para entrar en él, debías abrir una puerta y luego correr otra con fuerza. Varias veces creyó ver el reflejo de alguien que se asomaba por la pequeña ventanilla que tenía en una de sus puertas, pero reaccionaba y se consolaba pensando que era el reflejo del espejo que había en el interior.
Un día al volver del trabajo, subió como de costumbre en el ascensor y apretó el botón del piso 6. El viejo aparato crujió como si los engranajes se hubiesen trancado y soltado al instante. Luego empezó a subir: piso 2, piso 3 y así sucesivamente hasta el 6. No se detuvo. Se le apretó la garganta y comenzó pulsar los botones. La máquina no se detenía y seguía subiendo. Con un fuerte golpe metálico el ascensor se detuvo bruscamente. Carol se remeció y tuvo que sujetarse con las dos manos en los costados. Suspiró. Se arregló el cabello y trato de abrir la puerta pero no pudo. Presionó con fuerza, pero fue inútil. Un gggrruuaauummm sonó de improviso y la cabina comenzó a bajar bruscamente. En la ventanilla de la puerta vio agua, como si se estuviera hundiendo en un gran lago. Poco a poco el nivel subía más y más. Carol apretaba desesperada los botones de emergencia, pero nada respondía.
Otro movimiento brusco. Cayó sentada en un rincón aturdida, un sonido fuerte metálico la hizo reaccionar. El ascensor se había detenido. Abrió las puertas, se encontraba en la orilla del río Mapocho. Lo reconoció por el color café de sus aguas, el rápido caudal y las paredes altas de piedra y cemento que lo bordeaban. Quiso salir, pero al otro lado del río diviso una figura blanca, como silueta de mujer, casi humana, casi transparente, con el pelo largo, negro, con mirada hundida, como si un vacío le hubiese apoderado de sus los ojos.
Aterrada, marco nuevamente el piso 6. Subió, subió y bajo bruscamente. Al salir nuevamente estaba en la orilla del río Mapocho, pero esta vez, cerca del cruce pío nono, cerca del edificio, cerca de casa pero no se atrevió a salir, era de noche, una oscura noche y pulso nuevamente el 6. El sonido ronco de los engranajes le dio aviso que estaba nuevamente en marcha y esta vez, ya se encontraba en casa.
Esa noche descubrió que el ascensor la podía trasladar a lo largo del cauce el río. Pensó en contárselo a Fabián, pero la catalogaría de loca y no lo hizo. Entró directamente a su habitación y no salio hasta el otro día, asegurándose de no toparse con su amigo.


V

“Desde un pequeño lago a 32º 40’ de latitud sur, inician su curso las aguas del río Mapocho, “el río que se pierde en la tierra” (Mapu-cho), según el gráfico decir de los indígenas. Sigue desde allí una dirección nor-este a sur-oeste, y a los cincuenta kilómetros de su curso, luego de ser incrementado con diversos caudales, atraviesa la ciudad de Santiago. Acentúa luego su rumbo sur-oeste y se filtra en la tierra, desapareciendo totalmente. ¿Chuchun-co? dicen allí los indios (¿Qué se hizo el agua?) y un lugar de los contornos llega así con el nombre de Chuchunco hasta nosotros. El agua ha sido absorbida por la tierra y continuará como corriente subterránea para reaparecer más al poniente, en tierras de otros indios que, regocijados, las verán emerger cerca de sus campos de cultivo” (“Historia de Santiago”, Tomo I, La Colonia - Santiago de Chile, 1975. René León Echaiz)
Continua....

Friday, December 18, 2009

ADICTA AL CAFÉ





Hace un tiempo me hice adicta al mokaccino, esa suave mezcla de café con chocolate y leche se hizo parte de la rutina diaria. Ahora lo disfruto cada día en un café del centro junto a mi notebook siempre abierto y conectado a internet. Todas las tarde antes de regresar a casa paso por el mismo café del centro. Siempre bajo al subterráneo, me apodero de una mesa con un cómodo sillón y ahí disfruto de mi café, sin antes, agregarle esencia de canela.

Una tarde lo vi bajar, de lo que después me entere, eran sus compañeros de trabajo. Era un ex-compañero de universidad, de esos compañeros que solo viste en un par de ramos comunes, de esos a quienes te daban ganas de intercambiar un par de palabras, de esos que alguna vez quedaste mirando largos segundos en tardes de aburridas oratorias.

En ese instante me quede atrapada entre su cabello, sus ojos y el jersey que llevaba sobre los hombros. Se sentó al otro extremo del local y yo, como una adolescente me escondí detrás de mi notebook. Lo observe la media hora que se demoraron en tomar el café. En silencio dibuje todo los movimientos que hacia para llevar el vaso acartonado de café a sus labios.

Como estaba embobada, no me di cuenta que se había levantado de la mesa y ahora estaba a mi lado con sonrisa radiante. Me saludo como si hubiésemos sido íntimos amigos en la universidad, intercambiamos un par de palabras, número telefónico y mail.

Los días seguideros quedamos de vernos en el café del centro.

Ese día no deje de mirarlo directamente a los ojos, sin darme cuenta le coquetee por largos minutos de conversación, fue un impulso incontrolado, una emanación de energías de deseo que solo aparecen y dejas que salgan. Él también hizo lo suyo.

De piel a piel, mano a mano. Los dedos juguetean intentando rozar, evadir, tocar a veces el dedo opuesto. El labio baja por el cuello hasta el hombro, mientras la otra aprieta los labios con fuerza. La mano baja por la espalda contraída, avergonzada. La piel erizada, húmeda, pegada. Las lenguas mezcladas como golosas pegatinas. Saboreadas como caramelos.

Apreté las piernas. “Están cerrando el local, creo que ya debemos irnos”. Desperté del letargo y el dulce sabor a chocolate que bajaba por la garganta se hizo realidad.

Caminamos tomados del brazo hasta el paradero. Sin palabra alguna nos abrazamos mientras el recorrido paso sucesivas veces y yo en silencio no quise alzar mi brazo para hacerlo parar. Sentía su respiración cerca de la mía y su corazón exaltado casi atrapaba el mío.

Creí que la noche se cerraría con el beso que había visualizado en el café. Subí al bus y aún creo que le debo robar más que un beso.

Wednesday, December 09, 2009

Cumpleaños




Di tres golpes en la puerta,
esperé con el pulso agitado.
Nadie abrió la puerta,
varios días estuve sentada por una señal.

Volví a la casa vacía,
a la casa con un proyector de historias
¿Quiénes eran en verdad?
¿Quiénes fueron?

En el calendario marcaba una fecha de cumpleaños,
en el velador la invitación.

¿y si nuevamente no abren la puerta?
Quise lanzar una carcajada,
pero el alma destruida ya lo olvido.

Nadie quiere cerrar la puerta en un día así,
Es a los vagabundos a los que le dicen: ¡No entre!

Erzsebet

Wednesday, November 11, 2009

CAFÉ



Extrajo una palabra desde el fondo de la garganta
depositándola en la taza de café,
bebió el dulce brebaje
infusión de chocolate, vainilla y canela

Lo miró,
pensó por un momento que sus labios transmitían ese sabor.
Se amparó bajo la luz de sus ojos, como ilusión luciferiana.

Soñó,
a un hombre que surca cicatrices en la tierra
dirigiendo a los espectadores al infierno.

Extrajo un pedazo de corazón
y lo depositó en un caldero mágico,
soñó que besaba esos labios resecos,
sintió como su alma huía despavorida.

Oyó a lo lejos los cadáveres iniciar la danza,
como demonios en la cabeza
saltaban dando botes sobre las neuronas difuntas.

El café no era más que una ilusión
de los residuos de sangre en la corteza fantasmal,
construyendo un cuerpo de amargura.
Uno que no había dudado en explorar.

Erzsebet

Monday, November 02, 2009

LECTURA MORTAL


Como todas las mañanas tiene programado el televisor para que se encienda a las 7:15 AM, es su única forma de despertar. Las noticias de la mañana muestran un grupo de bomberos, están consternados, son imágenes de la madrugada, dicen que un joven de unos 35 años ha muerto calcinado bajo extrañas circunstancias. Toma el control remoto y aumenta el volumen del televisor.

Al inicio del verano se sentía muy sola. La casa en “El Quisco” se había llenado de amigos de su hermana mayor. Graciela era como una sombra gravitando por los rincones de la casa. Muchas veces pasaba horas sentada en una enorme roca a la orilla del mar, con sus brazos bordeando sus piernas, con la cabeza escondida entre sus extremidades, para escuchar solo el sonido del viento y las olas golpear con fuerza. Un día se quedo tanto rato en esa posición que no se percato que se había puesto el sol. De pronto sintió un frío viento penetrar hasta los huesos, reaccionó y sin mirar al frente, camino cabeza gacha, surcando los bordes que su memoria reconocía a cada paso que daba.

Al llegar a la avenida principal, su concentración fue interrumpida por las personas que caminaban de un lado a otro, música en los locales, ruidos de motores de autos que van y vienen, vendedores ambulantes, los típicos hippies que llegan en esa época del año a vender sus artesanías.

Sentada en el borde de la cama, mantiene el control remoto muy apretado, aún no despierta por completo, sube el volumen al televisor. Una reportera consternada relata los hechos: “En la madrugada de hoy, el cuerpo de bomberos de Talcahuano fue alertado por lugareños sobre un incendio que se había desatado en el Centro Cultural…”

A lo lejos se divisaba a un tipo parado sobre un cajón de madera con un libro en la mano y la otra apuntando el cielo. “Típico, un fanático religioso” pensó, al acercase, se dio cuenta que estaba recitando poesía, ella no era muy erudita con respecto a temas literarios ni nada relacionado. Como era algo nuevo para ella, se quedo escuchando sin despegar la mirada de los labios del muchacho, que sin preocuparse del mundo vociferaba sus poemas con particular expresión corporal y tono de voz. Terminada la muestra artística ofreció su libro a los espectadores, era sumamente económico, Graciela hurgueteó entre los bolsillos de su pantalón, contó las monedas, miró el montón detenidamente en sus manos, le alcanzaba y lo compro sin dudar. Él hizo ademán de buscar la mercadería y se lo entrego haciendo una reverencia de gratitud hacia ella. Rápidamente lo oculto entre sus ropas y caminó silenciosamente a casa. No quería que su hermana la viera entrar con el libro en la mano, porque sabía que se burlaría de ella.

Entró en silencio en la casa, todos conversaban y reían, moviéndose de un lugar a otro. Nadie advirtió su presencia. Se encerró en su pieza, se recostó en la cama, saco el libro entre sus ropas y lo abrió. En la primera pagina había un escrito a mano con lápiz pasta color negro: “Cuéntame que te pareció, con cariños Max” y al final de la pagina tenia escrita una dirección de correo electrónico. Ella experimento un nerviosismo que se atrapaba entre el pecho y el estomago, tomó aire y comenzó a leer los versos que la hicieron soñar con un amor inalcanzable, líneas trazadas con sabor a caramelo, dibujándose como un arco iris en el cielo. Después de leer un par de páginas, se quedó dormida con el libro sobre el pecho.

“El siniestro se declaró pasadas las 2:15 de la madrugada, aparentemente por un cortocircuito. Según el presidente del Centro cultural, Camilo Cepeda, el siniestro destruyó por completo las dependencias…”. Graciela, se dirigió al baño, bebió unos sorbos de agua y se mojó la cara para despertar.

Su hermana la despierta con bruscas risotadas, toma el libro alzándolo con una de sus manos, moviéndolo de un lado a otro, como queriendo dibujar un halo de paginas etéreas, haciendo piruetas con él de un lado a otro. Riendo a carcajada sale de la habitación para mostrar el trofeo a sus amigos, se mofan, ríen apretándose el estomago entre burlas y palabras, Graciela intenta quitárselo, no puede. Se lanza sobre su hermana como lobo defendiendo la manada, forcejean, su hermana logra zafarse, lanza el libro a uno de sus amigos, comienzan a pasárselos entre ellos. La escena se detiene, se miran desafiantes, su hermana dibuja una sonrisa placentera y diabólica, suspira por el triunfo obtenido, sale de la casa decidida, mira el fuego que sus amigos habían preparado en el quincho. Graciela, le grita un “NO” desesperado, no lo duda, lanza el libro al fuego.

Atenta mira el televisor, la reportera entrevista a los lugareños, quienes declaran estar horrorizados, jamás pensaron que algo así podría ocurrir. La noticia la choquea, ya no quiere seguir escuchando, cambia de canal, sin embargo en el noticiario del canal vecino reportaban la misma noticia. Las imágenes del Centro Cultural totalmente destruido taladró la retina de Graciela. Un extraño escalofrío subió por la espalda.

Inmóvil observó como las páginas se incineraban con el fuego, una lágrima tímida bajó por su mejilla, no la seco, dejo que bajara por el rostro hasta mojar parte de su cuello. Sin ánimos de nada, volvió a su habitación, se acostó y tapó hasta la cabeza, intentado recordar los poemas que alcanzó a leer, recordando el borde de la página, tratando de visualizar la dirección de correo en su cabeza, no lo consiguió. Se quedo dormida armando un rompecabezas de palabras sueltas en el aire.

En el atardecer del siguiente día, volvió a buscar al poeta, sin embargo él ya no estaba. Se sentó abatida en la orilla de la cuneta, con el rostro sumergido entre sus manos tratando de recordar. Ahí estaba la imagen de la dirección de correo electrónico. Corrió al ciber más cercano, se sentó decidida, entró en su casilla y redacto el mail.

Pasaron los días de verano y Graciela todos los días abría su casilla de correos sin respuesta alguna. Las esperanzas se disipaban, junto con el recuerdo de esa tarde.

Una tarde completamente olvidada, encontró en la pantalla ‹‹Tiene un nuevo mensaje de Maximiliano Correa››. Lo abre: ‹‹Dame tu dirección y te envió un paquete con el libro / Cariños / Max››. Ella sin dudarlo, teclea rápidamente su dirección y pulsa ‹‹enviar››

Transcurrió menos de una semana, cuando el cartero tocó el timbre de su casa y le entregaba un paquete. No era como ella pensaba, era una caja, de inmediato imagino que no solo enviaba el libro, sino algo más. Emocionada, le dio propina al cartero, cerró la puerta, corrió a su habitación sujetando fuertemente la caja con las dos manos, cerró con pestillo, se sentó en la cama. Cuidadosamente abrió la caja, lo primero que sacó fue unas notas escritas a mano, las dejo a un lado, después leería todo con calma, antes quería ver el libro, releer esos poemas que tanto la marcaron en el verano. El libro no estaba, en lugar de él había una prenda de vestir, un polerón negro, sucio, mal oliente, con olor a humo de leña, asumagado, como si hubiese pasado días cerca de un fogón. Graciela lo bota al suelo con rechazo, mete todo dentro de la caja rápidamente, corre al patio y tira la caja lo más lejos posible. Se sacude las manos, el cuerpo lo siente apretado, abre los ojos como platos, respira hondo, no entiende. Algo no estaba bien. Vuelve a su pieza, se queda parada detrás de la puerta temblando, se encierra, piensa que nadie tiene que saberlo, ese día no había nadie en casa. “Eso haré” pensaba, “mañana camino a la universidad me llevare la caja y pondré las cosas en mi casillero”.

Esa noche no durmió nada, el olor a humo lo sentía pegado en el cuerpo, como si ya fuera parte de ella. Sentía el olor por todas partes, en la pieza, en el baño, en el patio, en el aire, como una especie de contaminación generalizada. Mientras se duchaba el olor permanecía ahí gravitando con las partículas del vapor.

Bajó a tomar desayuno y le pregunto a su madre si olía algo raro en el ambiente, pero no, nadie más que ella lo percibía. Eso la perturbo al limite de no querer probar bocado alguno, cogió la mochila, salió al patio, buscó la caja, estaba entre el pasto bien al fondo. Nerviosa la tomó con las dos manos, y salio de la casa como si alguien la persiguiera.

En el paradero esperó impaciente el bus, miraba la caja a cada segundo, nada se divisaba a lo lejos. Los nervios la comían por dentro, lo único que deseaba era poner esas cosas en el casillero de la universidad. Se mordía los labios, miraba si se veía el bus a lo lejos.

En eso estaba, cuando se dio cuenta que una señora de avanzada edad sentada en el paradero, la observaba de pies a cabeza. La distrajo su particular forma de mirarla y no se percató cuando el bus paró frente a su nariz. Subió tratando de concentrarse de nuevo en el plan de llegar con la caja a la universidad, miró atrás y la señora también había subido al bus. Se sentó junto a ella. Graciela ya se encontraba más nerviosa de lo que estaba.

-Señorita, no se ponga nerviosa- le habló la señora, -pero creo que debe deshacerse de la caja que lleva- Graciela quedó perpleja y no pudo decir nada, apretó la caja con fuerza y se quedó mirándola.

Sus ojos traspasaban las imágenes del Centro Cultural totalmente destruido, el escalofrío se apoderaba lentamente de la espalda. Se queda inmóvil mirando el televisor, el control remoto lo mantenía apretado. Lo suelta asustada, este cae al suelo, como si todo sucediera en cámara lenta. Se destroza en mil pedazos. La periodista sigue hablando, pero ella solo ve como mueve los labios, intenta respirar, lo consigue, se concentra. –La única victima del siniestro ha sido identificado con el nombre de “Maximiliano Correa”-. Se le congela la sangre, cae abatida, no despega la mirada del televisor.

La señora le toma la mano –Tranquilícese, le diré que debe hacer- le dice, -No guarde esa caja, busque un sitio eriazo, procure que nadie la vea, rocié esas cosas con parafina, una vez que la encienda, camine, camine sin mirar atrás, verá que el hechizo se rompe para siempre, el olor a humo rancio se ira para siempre, ya nadie podrá hacerle daño-.
Graciela enciende un par de fósforos, la caja comienza a quemarse, suspira, le da la espalda. Camina, camina sin mirar atrás y la imágenes de aquel poeta leyendo poesía en “El Quisco” fueron desapareciendo lentamente, ya no estaba el sabor a caramelo, el arco iris dibujado con lápiz tinta en el cielo. El olor a leña desaparecía del aire junto con los recuerdos de aquel día que llego la caja a sus manos.

Erzsebet

Tuesday, October 20, 2009

CUANDO EL DEMIURGO HA SIDO CONDENADO



Señora, el miasma de su cuerpo es insoportable
¿Por quién me pregunta?
Creo que están en la habitación contigua.
Insisto, el olor a medicamentos ya se hace insoportable,
vaya de inmediato a recepción.

Sobre lo que expone,
lo siento, su hegemonía ya no es valida aquí,
puede guardarse sus monedas.
Debe dejar el calzado y sus ropas donde le indique,
ahí le darán una bata blanca.

¿Quiénes?
No!! los señores de blanco no trabajan en esta sección
¿Cómo dice?
Le explico, su examen toxicológico determino gran presencia de rencor,
odios infundados, egolatrías incurables.
Además, de un escaso historial de buenas acciones.

¿Ha recordado por qué esta aquí?

Friday, July 10, 2009

Déjà vu Cibernetico


Terminaba de leer un texto teatral de Jorge Díaz, se sentía como en un déjà vu constante, era como mirar la realidad con otros ojos, se veía fuera del cuerpo, como si recién despertará de un eterno sueño, su cuerpo estaba atrapado dentro de una cámara de video, mirando a través de un ojo digital. Como un espasmo se reflectaban los recuerdos mezclados con la obra teatral, el texto era parte de ella y no podía dividir las imágenes interiorizadas con su propia historia.

Hundió su cara entre sus manos, con desesperanza se sienta en la orilla de la cama “Nuncia… Renuncia… Anuncia… Nuncia” se repetían estas palabras una y otra vez como una gran voz proyectada con megáfono sobre el cerebro.

Se recostó e intento dormir, sus pies fríos no la dejaron, las imágenes rebotaban incoherentes en su mente, no sabe si logro dormir, estaba atrapada como en un sueño sublime. Una gran nube espesa se apodero de su cuerpo, respiro hondo, aspiro una espesa neblina negra, reacciono y corrió al baño a vomitar.

En sus recuerdos una noche descontrolaba se proyectaba sin cesar, la noche pegada a la retina, música, alcohol, ruido, mucho ruido, él, un número telefónico. Se estremeció, busco el celular entre sus ropas, apretó nerviosa los botones, menú, buscar, ahí estaba “Guillermo”. No lo llamó, pero su mirada y un “no debes estar acá” jamás se borraron de su mente.

Pasaron tres meses antes de decidir enviar un mensaje de texto “…. este es mi correo electrónico”, al instante apareció una ventana de conectado sobre la pantalla, no pasaron muchos días, ni conversaciones, cuando Camila decidió juntarse con él. No hay mucho que contar, un almuerzo naturista, unas cuentas cervezas en un antro de la ciudad, el cambio de fluidos entre sus labios y sus cuerpos marcaron el inicio del todo.

Camila parada frente a la puerta de Guillermo, con el cuerpo empapado, la lluvia cae intensamente, la luz del departamento se proyectaba tenue bajo la puerta. Su dedo tirita frente al timbre, esta apunto de tocarlo, cuando de pronto se abre la puerta. Ahí están cara a cara, ha pasado un poco más de un mes y él ya no respondió las llamadas, ella tiene los ojos llenos de lágrimas, lo mira tiernamente, él la ignora, no la ve y camina alejándose de ella, no se molesta en voltearse.

Paralizada, se le contrae el corazón y bajo la lluvia no entiende lo que esta sucediendo, él no la ha mirado, se confunde, se siente nuevamente dentro de la obra de teatro, como si el déjà vu volviera apoderarse de ella, su corazón lo siente atrapado en una pequeña caja, comprimido, no entiende.

“Te extraño” pensaba, su cuerpo no era capaz de moverse, mientras un flash intenso entró por su retina. Ahí estaba Guillermo, sentado frente al computador tecleando eufórico, el escenario era desolador, su habitación oscura, con miles de cables conectados en el suelo, tres trazas de café a medio beber, un cenicero rebalsado de colillas a medio fumar, los ojos de él hundidos en la pantalla, con barba de varios meses, balbuceando “ay Camila, Camila, jamás debí incorporar conciencia…”

Como un fantasma, un sueño, como un recuerdo se sentía dentro de un cuadro donde no podía salir. Ahí estuvo ella, parada frente al departamento de Guillermo por varias semanas sin saber que hacer. Efectivamente un nuevo software defectuoso no sabe que hacer si nadie vuelve a presionar la opción “Iniciar Programa”.

Monday, March 23, 2009

Recuerdos


Recuerdas aquel lugar donde solíamos empuñar las canciones en nuestras manos, saborear el sucio sonido de la guitarra eléctrica, aspirar el humo del cigarrillo ajeno, beber esa botella de ron que pasaba de mano en mano. Recuerdas que aquellas canciones nos encontraron, cuando buscábamos alimentarnos de nuevos sonidos. Recuerdas ese día que por primera vez nos mirarnos, saque un mechón de cabello que molestaba tu rostro, esa fue la primera vez que mi mano rozo tu piel. Recuerdas que muy cerca niños jugaban y gritaban, era un día de verano, febrero exactamente, te regale un libro con hojas de roneo, era un libro barato, de mala calidad, con poemas y cuentos en el interior también de mala calidad, sin embargo tu lo recibiste con alegría, se suponía que cambiaríamos un tape o un CD, sin embargo a cambio de eso te di un libro de mala calidad e igual sonreíste y como agradecimiento me regalaste el primer beso. Recuerdas que desde ese día ya no dejaste de llamarme.

Recuerdas que a los pocos días estabas aterrorizado, decías que solo éramos amigos, que ella aún estaba en tu corazón, yo te deje tranquilo con tus recuerdos, me fui de viaje por largo tiempo y al volver aún era tu amiga, siempre fue así, una amiga que solo querías proteger, siempre repetías que tu misión era cuidar a la dama blanca del bosque. Recuerdas como me acurrucaba atemorizada en tus brazos, como podía dormir con mi cabeza apoyada en tus piernas.

Recuerdas la primera película que fuimos a ver juntos, el primer helado, la primera barra de chocolate, la primera canción. ¿Lo recuerdas? Recuerdas aquellos poemas que deposite para ti en el buzón de correo en sobres de color. Esa fue la vez que logre que me miraras nuevamente y creo que esta vez ya no fue solo como amiga.

Recuerdas el viaje a Isla Negra, donde nos sentamos por horas en las rocas frente al mar, donde en silencio observábamos las olas romper junto a nuestros pies, mientras unas tímidas gotas de sal caían en nuestros rostros.

Recuerdas cuando una llamada telefónica cambio nuestro destino y decidimos estar juntos para siempre, que peculiar forma de hacerlo, siempre te costo mirarme a los ojos, incluso para las decisiones importantes, sin embargo eso jamás importo. No pasó mucho tiempo después de ese episodio y en un pequeño cuarto comenzó la historia más importante de nuestra vida, solo tú y yo en nuestro universo. Nos amábamos, solo eso era lo importante.

Faltaron muchas cosas, falto el trabajo, el dinero, pero no importaba, eso era lo de menos, ya que día a día nos amábamos más y más.

Aunque no sé realmente que paso al transcurrir el tiempo, no lo sé. No recuerdo exactamente cuando mi cama se quedo vacía y no sé realmente si ese día tome o no mis maletas o simplemente decidí seguir. Creo que tampoco recuerdas el día en que me llamaste Nora por primera vez y comencé a vivir en la Casa de Muñecas.
Erzsebet

Thursday, March 05, 2009

Un reencuentro con el Sur

Este texto que esta a continuación no lo habia redactado precisamente para este blog, pero debido a que no fue recibido como se merece, lo publico acá para compartirlo con los que deseen leerlo.

Quiero relatar este viaje según como deseo recordarlo, así como lo haría Fred, personaje de la película “Lost Highway” sin apoyo de fotografías, ni videos, solo como lo percibe mi alma, una realidad como deseo recordarla o relatarla.

Un domingo de febrero de 2009 viaje 1016 kilómetros desde Santiago al sur de Chile, el avión sobrevoló la geografía cruzando volcanes, esteros, ríos, lagos, atravesó la alargada costa hasta llegar en tan solo una hora y veinte minutos a la tierra embrujada del sur, no tan embrujada si, llegamos a la ciudad de Puerto Montt, en la ciudad se pierden los mitos, la gente olvida. Ese día el cielo lloraba, para eso estaba ahí, era un atardecer gris, húmedo, frío. Buscamos alojamiento en Angelmo, nos instalamos y caminamos bordeando el seno de Reloncaví en busca de un lugar donde poder comer algo y refugiarnos de la lluvia. En un centro artesanal no muy lejos de donde nos hospedábamos encontramos una cocineria abierta, donde nos sirvieron un tazón de té con una paila de huevo revueltos con queso, el pan era de panadería, nada del otro mundo, en nuestro alrededor los comensales pedían platos como salmón, pailas marinas, etc. después de ver eso nos arrepentimos de no haber pedido un algo así.

Al día siguiente caminamos por el frente marítimo desde Angelmo hasta el centro de Puerto Montt, llegamos al mall, que se encuentra ubicado al lado del mar, solo para encontrar una señal wi-fi y de pasada repusimos energías, una vez terminado nuestro objetivo marchamos rumbo a la Isla Grande de Chiloé, específicamente a la ciudad de Ancud. Viaje en tierra, cruce en trasbordador por el canal de Chacao, nuevamente viaje en tierra y llegaríamos a la ciudad de Ancud, debíamos viajar 95 Km. aproximadamente, ver la cordillera de la costa como se fragmenta en esta parte de Chile y encontrarse con una tierra deforestada, llena de leyendas y mitos, isla habitada por brujos antes que el gobernador Martiano decidiera enjuiciarlos tratando de limpiar los cielos de escobas voladoras, pero la gente sigue creyendo que aún habitan ahí. El paisaje verde, mezclado con la lluvia, el olor a mar y el viento soplando constantemente hace que sus habitantes mantengan vivo los mitos que atrapa a la isla.

Hermoso el cruce por el canal, un día nublado, algo de gotas a ratos, lobos marinos acompañándonos a la distancia. Al llegar a Ancud lo primero fue buscar donde alojar, nos costo encontrar algo que se ajustara a nuestras peticiones, de hecho al final nos adaptamos a las ofertas disponibles, fue buena decisión llevar bajo el brazo el “Chiletur” y acercarnos a las oficinas de Sernatur, siempre es un buen dato ir a las oficinas de turismo, recoger mapas y panfletos de propagandas sobre alojamientos y tours, de hecho ahí tomamos el dato para ir a las pingüineras, objetivo que nos había hecho viajar a esa ciudad. Una noche en Ancud, sin saber donde ir a comer no es muy recomendable, la ciudad de noche es extraña, sus habitantes son extraños, de mirada extraña, al primer restorán que entramos la gente ni nos miro, como si no existiéramos, al final decidimos irnos de ahí, la noche avanzaba y no sabíamos específicamente donde ir a comer, estaba todo cerrado, la lluvia había cesado y el frío no era insoportable. Esa noche creí estar caminando por la ciudad de los hombres peces, ciudad relatada en los cuentos de Lovecraft, creí que estas personas adoraban a Dagon o por lo menos si estarían dispuesta hacerlo si alguien se los proponía, singular ciudad de noche, brisa marina, oscura, extraña, la ciudad de los hombres peces.

Al día siguiente nos pasaron a buscar, destino: “Monumento Natural Islotes de Puñihuil”, que se dice lugar único porque anida dos especies de pingüinos: el Magallánico y el de Humboldt, se pueden ver también Nutrias de mar, Carancas y Cormoranes, donde además este monumento natural consta de tres islotes de origen volcánico lo que hace más interesante su visita. El paseo en bote comenzó con un día soleado, pero ya en la navegación el cielo no dejo de arrojarnos agua, lluvia, viento, agua por todo lados, risas, ya estábamos mojados por completo, mis lentes empañados y las risas volvieron cuando al bajarnos del bote el cielo se despejo y que mejor terminar esa odisea comiendo una exquisita empanada de locos con queso con un vaso de vino y una buena conversación con los integrantes del tours.

Al volver a Ancud nos arrepentimos de haber tomado la decisión de quedarnos una noche más en aquella ciudad. En la mañana emprendimos la marcha a Castro, capital de la provincia de Chiloé, en esta ciudad teníamos varios objetivos, el primero ir a visitar a unos queridos amigos, que por cuestiones de trabajo se trasladaron a esta parte de Chile; el segundo tomar un tour para comer curanto en hoyo y por último participar en la fiesta costumbrista que se hace cada año.

Y así lo hicimos, el primer día tomamos un tour, el recorrido fue el siguiente: de Castro salimos a las 10 a.m. camino a Dalcahue, palabra que en idioma Huilliche significa “Lugar de Dalcas” (las Dalcas son antiguas embarcaciones de origen “chono”). El “guía” turístico era un payaso, la verdad es que no hizo ningún aporte y al final del día termine odiándolo por cada bobada que decía, una vergüenza para los extranjeros pensaba, pero la verdad es que mejor trate de disfrutar del paisaje y no tome en cuenta su presencia. En esta ciudad se encuentra la iglesia “Nuestra señora de los dolores” declarada monumento nacional, hay un feria artesanal y un mercado nuevo, bellísimo, con vista al mar, con cocinerias donde se puede encontrar de todo, nosotros comimos unas empanadas de mariscos, la verdad es que no le apuntamos a esta elección, después nos enteramos que la especialidad son las papas rellenas. De Dalcahue nos fuimos a Tenaún, que en idioma Huilliche significa “tres colinas”, acá nos esperaba un trasbordador para navegar entre los canales a la isla de Mechuque. Esta experiencia fue maravillosa, o por lo menos así lo sentí, mi corazón se llenaba de emoción, el día era radiante, ideal. Al llegar a la isla, las piedras calientes estaban dispuestas para empezar con la preparación del curanto al hoyo: mariscos, cerdo ahumado, papas, chapalele, milcao, pollo, tapado con hojas de Nalca. Nos explicaron el proceso y luego debimos esperar. En ese ínter tanto caminamos por la costa, visitamos un museo deteriorado, mal cuidado y sin nada que mirar, que extraño, pero así son los museos en Chiloé, nada de cuidado y con muestras bastantes atípicas. En resumen nos comimos el curanto, caminamos hacia la cima de un cerro para ver en altura las otras islas que componen el grupo Chauques. También desde ese lugar se vería el volcán Chaitén, sin embargo, a pesar de que era un lindo día, una nubosidad impedía la visión.

Volvimos a navegar el canal hasta Tenaún, donde una vez en tierra visitamos la iglesia que también fue declarada monumento nacional y patrimonio de la humanidad, con respecto a este tema tengo varios encuentros con mi interior y uno de ellos es que no puedo comprender como se declara tanta importancia a la evangelización y a los periodos llenos de oscuridad y sangre en nuestra historia, la gente la mira con admiración, sin darse cuenta que admiran a la represión y la esclavitud, eso pensaba mientras miraba una iglesia de madera con muchos simbolismos, pero a la vez con repugnancia, tanta ignorancia pensé y decidí salir de ahí, me sentía sofocada.

Esta sensación se fue de mí ser cuando nos dispusimos camino a Tocoihue, lugar donde se puede apreciar una caída de agua de 45 metros rodeada de bosque nativo. Apenas llegamos corrimos hacia abajo, emocionados, extasiados, miramos hacia arriba, sentíamos el agua caer sobre nuestros rostros, yo reía sin razón, en realidad si, era la belleza de nuestro Chile, el motivo que me incentivó a ser geógrafo.

Al día siguiente nos quedamos en Castro, sin embargo fuimos a la feria de la biodiversidad, donde encontramos una granja educativa, muestra artesanal, un sendero mitológico, muchas cocinerias donde comimos mucho desde papas rellanas hasta salmón frito, acompañado de un rico vino y una linda conversación con personas que conocimos en el lugar, personas que nos llenaron de anécdotas y frases celebres que jamás olvidare y espero seguir en contacto con ellos.

Ya era día sábado y tomamos un bus hacia Cucao para visitar el Parque Nacional Chiloé donde nos encontramos con una predominante selva valdiviana siempreverde, que se mezcla con las del laurifolio y turberas. Antes de llegar al Parque lo primero que me impresiono fue el lago Huillinco, es hermoso, imposible perdérselo. Así como imposible no hacer el recorrido del Tepual en el parque o el de la playa junto a las dunas y el mar, ese día para mi fue maravilloso y lo mejor es que junto a nuestros amigos terminamos el día con un gran asado de despedida, ya debíamos volver a Puerto Montt y terminar nuestro recorrido, el clásico: Puerto Varas, Laguna Verde, Salto del Petrohué y Lago de todos los Santos, lugares que siempre visito cada vez que voy a Puerto Montt, sin embargo esta vez hubo algo distinto, en los saltos había un viaje en lancha que existe solo desde Octubre del 2008, vimos que se daba vueltas bajos los saltos y la gente quedaba extasiada de emoción, como no quisimos ser menos, nos subimos a la lancha, experiencia imperdible, sin embargo el bus nos dejo botados en el parque nacional y fue larga la espera, pero valió la pena.

Si se quiere renovar energías o meditar, la magia de sur de Chile es la mejor medicina, mirar el mar, empaparse de la brisa marina, del cielo, de los árboles, de las personas, siempre se puede aprender más y crecer más, en el sur siempre he encontrado la inyección necesaria para seguir adelante.

Erzsebet

Friday, February 13, 2009

Carta de Amor

Amor dudoso:

No he dormido pensando en como explicar tus dudas sobre la realidad de mi existencia o la veracidad de los sucesos entre tú y yo. Tú dudas, no sabes si es un sueño o un mundo paralelo inventado, transmitido y transferido a tus sentidos por una gran máquina de conexiones intrasensoriales. Crees que nada es verdad, solo sabes que lo puedes comparar con un sueño o una realidad teóricamente indemostrable.

No sé que reacción bioquímica surgió cuando nuestros ojos se cruzaron por primera vez. A lo mejor ya éramos parte de una existencia y el amor nació de una singularidad espaciotemporal jamás entendida, como el Big Bang o nuestro amor transformado en una gran esfera celeste de energía que colisionó con la tierra, en el caso Roswell y ahora solo nos volvemos a encontrar.

Quizás sea sólo un sueño, uno donde solo deseo trazar una trayectoria que llegue directamente a tus labios. Amarte bajo la sombra de los árboles y reescribir las páginas entre las agrupaciones de estratos geológicos. Convertiría mi amor en materia extraña para construir el puente de Einstein-Rosen para viajar hacia el extremo de tu corazón y atrapar ese sentimiento en un teseracto.

He comprendido que somos una dimensión desbordante de amor, donde como dos partículas elementales, construiremos el inicio de este nuevo universo. Tú y yo somos el equilibrio de la radiación térmica y juntos somos la mejor explicación a la mecánica cuántica.

Somos una realidad dentro de un sueño que no quiero despertar, te veo dentro de mi corazón atado a mi alma, como una melodía tocándose al unísono, amándote, soñándote.


Thursday, February 05, 2009

TV BLANCO Y NEGRO, PARTE II

En esa época tener un televisor en blanco y negro era un lujo, solo accesible para quienes tenían un poder adquisitivo considerablemente alto. Ese pequeño aparato proyector de imágenes, fue la causa de mi separación con Jaime, ponía especial atención a esa caja cada vez que llegaba del trabajo, como hipnotizado pasaba horas y horas sentado delante de ella, con los ojos compenetrados hacia otro mundo. Yo creo que no le importo que tomará todas mis cosas y me marchará de la casa, arrendé un departamento con una ex-compañera de universidad y seguí con mi vida, sin embargo Jaime volvía a mi mente cada vez que pasaba por una tienda que promocionaba la venta de esta tecnología, era inevitable sentir rabia de sus acciones y del poco cuidado hacia la relación, sin más, Jaime entraba a mis recuerdos cuando una de esas pantallas se encendía delante de mis ojos.

Él poseía un quiosco de periódicos en el centro de la ciudad, muy cerca de la oficina donde trabajo y a diario evitaba caminar por esa parte de la calzada. Pero era habitual que mis compañeros de trabajo le comprarán el periódico por las mañanas y cuando Jaime no abrió más el negocio, fui la primera en enterarme.

Pasaron varias semanas y el orgullo me impidió preocuparme más de la cuenta, sin embargo mi conciencia no me dejaba en paz, sabía que era el único apoyo que tenía en la ciudad, así que decidí ir a visitarlo. Aún conservaba las llaves del departamento y le pedí a un compañero de trabajo que me acompañara.

Al llegar el olor a encierro era intenso, el departamento era un desastre, papeles por todos lados, el colchón en el suelo, el sillón frente al televisor encendido y Jaime no se veía por ninguna parte, lo llame, lo busque, pero nada, no estaba por ninguna parte, apague el aparato, di una última mirada y nada.

Me encogí de hombros y redacté una nota para acusar mi presencia en el lugar, advirtiendo que independiente de lo ocurrido, aún me preocupaba su existencia. Me retiré del lugar con un halo de esperanza de que él respondiera a mi nota, pero no fue así, pasaron varios meses y nada se supo.

Angustiada de la desaparición, puse una constancia en la policía, llame a todos los hospitales y morgues del país. Jaime no aparecía hace más de un año y mis energías puestas en su búsqueda fueron tales que el dinero ya no me alcanzaba para pagar el arriendo.

Tomé la triste decisión de habitar el departamento de Jaime, a pesar de los malos recuerdos, en mi corazón existían momentos bellos que pase junto a él y aunque no sabía nada de su existencia, depositaba una pequeña esperanza en mi alma de que él aun estaba con vida.

Reconstruí el departamento, poco a poco le di vida al lugar, volví a mi vida normal, al trabajo, a mis amigos e incluso comencé una nueva relación, que al tiempo, sin darme cuenta, ya estaba viviendo conmigo en el departamento.

Un día al volver del trabajo, mi nuevo compañero, Gastón, tenia todo desordenado, le había dado la locura por el orden, pero más que orden era un caos y dentro de todo ese caos estaba el televisor blanco y negro que tenia guardado secretamente en el closet. Yo quede perpleja, ese televisor estaba vetado para mí y eso incluía a todos los habitantes de la casa. Gastón con una sonrisa dijo “mira lo que tenias bien guardado”, se me pusieron los nervios de punta y le advertí que no lo tocará. Con ademán de no tomarme en cuenta, instaló el TV en el living, “es una buena adquisición” y procedió “de vez en cuando no nos hará mal”. Prometí no tocarlo, era la causa de mi separación anterior, sin embargo le dejé claro que si quería ver la televisión lo hiciera en las horas en que yo no estuviera en casa. Y así sucedió, jamás encendió el televisor cuando estábamos juntos.

En los días que siguieron, Gastón, empezó a tener un singular comportamiento, todas las noches se levantaba sonámbulo, balbuceando palabras incoherentes. En ocasiones me despertaba y lo encontraba de pie, al lado de la cama encorvado, con las manos alrededor del cuello, tosiendo, como queriendo expulsar algo desde el interior, ahogado. Siempre trataba de tranquilizarlo para que volviera a la cama y a la mañana siguiente, jamás recordaba estos acontecimientos y menos aún recordaba que era lo que había soñado. Al principio asocie la situación al stress laboral, ya que era la mejor respuesta que podía tener en ese momento.

Una noche advertí que estaba de pie sobre la cama, la luz encendida y los brazos extendidos hacia el techo, observando el cielo como idolatrando a alguien supremo o a la luz, no lo se con seguridad. Claramente estaba sonámbulo, pero esta vez si recordaba el sueño:

“Recuerdo que caminaba por un parque de diversiones, con juegos de entretenimientos: montaña rusa, la rueda de la fortuna, stand de tiro al blanco, carros de comida, vendedores de globos y otros. El sonido del parque de diversiones saturaba el lugar, muchas risas y voces de las personas que se recreaban. Lo que llamaba mi principal atención era la carpa central de color negro que se erigía en el centro, su forma consistía en varios picachos lúgubres y tenebrosos, con una nubosidad gris que no se despegaba del cielo. De pronto, me vi parado solo frente a la casa de tela y sentí que todo desapareció a mí alrededor. Por alguna extraña razón me sentía atraído por la carpa de circo y camine sin pensarlo en esa dirección, no alcance a llegar cuando las nubes grises empezaron a girar en torno a ella, como un ojo de tornado sobre el cielo. No podía despegar la vista del centro del ciclón, porque observaba que una luz brillante luchaba por salir del centro y me intrigaba saber si vencía la luz o el caracol gris. Finalmente, del centro del tornado se abrió un portal y me dieron ganas de entrar en el él, en ese instante desperté con los brazos extendidos hacia el techo y tu mirándome muerta de miedo desde la cama.”

Sin duda el sueño era extraño, pero ¿quién no ha tenido pesadillas o sueños raros? Todo el mundo los ha tenido, sin embargo Gastón no dejaba de tenerlas y cada noche se hacían más intensas. Varias veces despertó gritando “la guerra… la guerra… la guerra” o diciendo “solo converso con el gran barón… esta ahí el gran barón” y es ahí que no estoy segura si yo también lo soñé pero observe que movía sus manos y que en una de ellas tenia una esfera luminosa, que parpadeaba cada vez que subía y bajaba los brazos.

Yo tenía mi teoría, no era el stress laboral que provocaba todo esto sino más bien el exceso de televisión, estaba casi segura que ese aparato electrónico lo volvía loco, ya que cada vez que llegaba al departamento lo encontraba encendió con esas hormigas chirriando y ni siquiera se dignaba en apagarlo, era como una necesidad para él tenerlo encendido. Incluso a media noche se levantaba para sentarse frente a ese artefacto.

Una de aquellas noches, donde las pesadillas se apoderaban de Gastón, se levanto sonámbulo, no quise despertarlo y opte por seguirlo en silencio. Caminó hacia el living, se sentó frente al televisor blanco y negro como si esperará que se encendiese solo, balbuceaba incoherencia como exigiendo que comenzará el show. Resignada volví a la cama para tratar de dormir, pero de pronto un estruendo retumbó en todo el departamento, asustada me levante rápidamente y corrí hacia el living. Gastón no estaba, lo busque por todos lados, incluso salí del departamento y corrí escalera abajo pensando que había salido, no estaba, no estaba por ninguna parte. Volví al departamento, todo estaba en silencio y del aparato electrónico emanaba humo negro, como si estuviera incendiándose, me acerque horrorizada, con las manos trataba de despejar la humareda, tosía con dificultad, el polvo entraba por mis pulmones, estaba ahogada, el humo se esparcía por cada rincón. Cuando de repente, de la nada, la pantalla del televisor absorbió todo el humo y se quedo encendida con las hormigas chirriando sin cesar.

Erzsebet