Monday, September 06, 2010

VIVIENDO ENTRE SARRACENOS


Algunos dicen que paso todo el tiempo Viviendo en el Desierto del Siroco, pero cuando se sale de ese letargo nacen hermosas creaciones.

Este es el caso del poemario "Viviendo entre Sarracenos" que decidí editarlo en forma independiente y en formato totalmente underground, bajo el sello "Australynorth". Tamaño medio oficio, tapa en papel opalina y con interior fotocopiado, 27 páginas, 66 copias limitadas.

El precio es de $1000 para Chile y el resto del mundo 3 dolares, precio que no incluye el envio. He publicado algunos poemas en este blog para quienes quieran conocer algo de "Viviendo entre Sarracenos" (el link esta al costado).

Para quienes quieran adquirirlo pueden comunicarse al mail australynorth@gmail.com

Yo por mi parte me siento muy feliz y agradecida por quienes han apoyado esta iniciativa, y me han dado fuerzas para que siga adelante. En especial a mi Familia, mi madre, mis hermanos y sobrinos. Así como también a mi esposo Juan que hace que cada día la existencia sea realmente bella.

Connie Tapia Monroy

Tuesday, June 22, 2010

Más que un costal de huesos

No recuerdo
si me encontró o lo encontré en medio de una madeja de cordeles
que se entrelazaban
y enredaban desde los pies hasta la cabeza.

Cuando salí de todo ese entuerto abrace ese esquelético ser.

A lo lejos escuche un murmullo,
la voz parecía moverse entre las centaureas
como aire gélido incrustándose entre los poros.

-Solo eran huesos los que tiré en aquella fosa común-
Las exclamaciones de respuesta pasaron del murmullo
a un estridente castañeo de piedras y huesos danzando.

Rodee con mayor fuerza su tronco
y mis manos se perdieron entre la carne pegada
y el cuero deshidratado se pegaba a mi corazón,
como si de mi quisiese nutrirse.

-Cierra los ojos- le dije,
al mismo instante que tomé su mano. Corrimos.

No recuerdo cuando
ni cuanto
solo recuerdo que al borde de un risco nos detuvimos

Nos miramos.
Sus ojos hundidos habían desaparecido
y mi corazón se encadenaba en el suyo.

Aunque no recuerdo
si salté,
saltamos,
o aun intentamos besarnos entre la distancia.

Erzsebet

Friday, May 28, 2010

Quedate con mi tarro de monedas



“Vamos!! ahora podréis hacer la fiesta que tanto estabais esperando, ha desaparecido, y a juzgar por su aspecto la última vez que lo vi. De seguro debe estar muerto” -Alguien le dijo algo parecido a esa chica del otro lado del camino o al menos debe haberlo pensado luego que me perdí en la realidad. A decir verdad, era lo único que me quedaba, perderme entre las personas y hundir mi rostro en mis manos sucias. No recuerdo muy bien si alguna vez tuve algo o si solo fue un sueño, mientras veía rebotar una moneda dentro del tarro, o mientras mis ojos se perdían entre los pies de las personas que llenaban la calle cada mañana.

Soñé que tenia un hogar, que tenia hermanos, incluso me había casado y hasta me titule en la universidad, ya ni se de que cosa. Siempre que me encontraba al culmine de alguna cosa que me hiciera feliz aparecía una bruja horrible con pies gigantes, llenos de fuego pisoteando cada una de esas cosas. Primero me arrebato a mis padres, creo que los encerró en un calabozo oscuro y húmedo. Jamás los volví a recuperar.

No alcance a sobreponerme, y la universidad me hizo despertar. Creo que me expulsarían o algo así. Costo, pero obtuve mi titulo y me case con la mujer que amaba. Y no paso mucho tiempo cuando la bruja lanzó una flecha de fuego y todos se cegaron. Me quede sin trabajo y sin esposa.

Ya destrozado, sin trabajo, sin casa, sin padres. La solución era esconderme, huir. No confiaba en nadie, no quería que aquella mala persona tuviera noticias de mí. Y no se como lo conseguí, pero pude recuperar un poco mi vida al lado de mis hermanos.

Sin embargo, aquellos ojos malignos sepultó un rayo de hielo en la tierra, congelando los corazones de lo único que me quedaba.

Volví a esconderme. Esta vez en la realidad, no podría arrebatarme las monedas que me arrojaran los transeúntes, porque ahí ya no era nada, solo un mendigo, un mendigo sin nombre, un ser desconocido.

Aunque debo reconocer que no fui un mendigo y nada más, era el mendigo más querido y nuevamente no paso mucho tiempo cuando la mirada de aquella persona me alcanzo. Me di cuenta cuando un día pateó mi tarro de monedas. Lo pateó con fuerza, permitiendo que algunas cayeran y rodaran lejos, sin ninguna posibilidad de recuperarlas. La miré y a la distancia me mostró sus dientes negros burlándose de mí.

Muchas veces pienso en algún plan para hacerle creer que en verdad estoy muerto y así ella pueda celebrar su anhelada fiesta.

Fiesta igual de vacía que sus envidias y ambiciones, una fiesta que de seguro será con el termino de una cama fría como mi pavimento. Por que de no ser así ¿entonces porque patear mi tarro de monedas con tanta alevosía?

Erzsebet

Wednesday, May 19, 2010

QUEBRANTADORES DE CONCIENCIA


“Al pasar la barca, me dijo un barquero / qué niña tan linda, no tiene dinero / Un, dos, tres, Pedro, Juan y José / lima, limita, limón, rosa, clavel y botón / sale niña que vas a perder, uno, dos y tres”. Miraba desde la ventana con nostalgia como saltaban la cuerda niños de su misma edad. Clarisa no sabia qué era salir a jugar, ni siquiera cómo era un aula de colegio, todos los días se asomaba escondida detrás de las cortinas a observar. Jamás decía nada a sus padres, pero ese día al escuchar “al pasar la barca” se perdió su mirada entre la cuerda y los pequeños pies de aquellas criaturas saltando con tanta alegría, no pudo contener las lagrimas. “No eres igual a ellos” -le dijo su madre, mientras la tomaba del hombro y la llevaba en silencio a la sala de estudios para que tomara la lección del día: “Lee la página 131”.


“¿Estas?” -teclea Clarisa en el computador. “Si, no he podido dormir” -responde su contacto. “Te he buscado estos días ¿dónde has estado?”. “Me mandaron de urgencia a España”. “¿Por eso no te has conectado?”. “Te dije que era como tu, ¿aún no me crees?”. “Mientras nuestros encuentros no sean como hologramas… aun tengo mis dudas”. “Linda, ya nos podremos ver… ya verás”.


El estado del comunicador virtual de su contacto aparece como desconectado, Clarisa suspira pero no se desconecta. Abatida, sus brazos lacios quedan paralizados al costado del cuerpo.


“No quiero leer” -con un tono de disgusto cierra el libro con fuerza, lo comprime contra su pecho dando señal de que nadie se lo puede arrebatar. “Tú no eres como ellos Clarisa, entiéndelo” -a pesar de sus cortos cinco años, no lo entiende, mira a su madre con furia acumulada y exige desafiante más detalles. “Eres…” -silencio incomodo- “Tú eres un ser humano puro, ellos son tan solo hologramas, imágenes enviadas a través del ciberespacio” -dice al fin su madre abatida, mientras el brillo de sus ojos se desvanece en la oscuridad.


Ella no se despega del computador. Desea que Guido se conecte. Ha estado años buscándolo. Esta vez cree que lo ha conseguido, a sus veintiún años lo ha logrado.


-Hija, creo que ya es tiempo que sepas como ocurrieron los acontecimientos-. Clarisa bordea las rodillas con ambos brazos, sentada en el suelo frente a sus dos padres.

En el año 2010 las personas perdieron toda fe. Ellas ya no se tocaban, no se veían. No escucharse entre sí, fue la enfermedad que se generó dentro de un caos colectivo esperando el fin del mundo. Algunos creían que la tierra cambiaria la polaridad y con ella vendría una gran catástrofe universal. Al ver que su Dios cristiano no los salvaría de dicha desgracia, terminaron convirtiéndose en seres débiles y vulnerables. Los Raelianos con sus adelantos, tomaron una fuerza y poder hasta hoy incontrolable. Los pocos católicos que existieron en la última época fueron exiliados a Roma, el único lugar, y casi extinto, donde existen personas devotas a esta creencia. Los que se quedaron en Chile, casi todos creyeron fuertemente en la ingeniería genética y en los Raelianos, llegando a pensar que ellos eran los únicos seres perfectos como los Elohim y que deberían ser solo ellos los que se perpetuaran en el gobierno. Se obsesionaron por la clonación. Hasta que un día apareció Rupert Sheldrake con una máquina que cambiaría la historia de Chile y el mundo.


En la pantalla aparece una ventana de conectado, era Guido que había vuelto a la red. Ella sonríe. Se preguntaba si él era capaz de sentir la misma emoción cada vez que se encontraban a través de la pantalla.


La maquina de “Campos Morfogenéticos” la trajeron ellos justo en el momento en que las personas depositaron toda su confianza en la creación de clones y seres de otros planetas. Todos pensaron que al acabar el año 2010 la única forma de salvarse era aceptar dicha máquina. El primero de diciembre todos los chilenos se acercaron voluntariamente para ser escaneados y formar parte de la base de datos. Menos tus abuelos, Clarisa, ellos se escondieron junto a un grupo de personas que no querían ser parte de esta locura y bien que lo pensaron. Al tiempo, todos los que no habían ido ese día de diciembre fueron perseguidos, atrapados, torturados y mutilados, nadie supo más de ellos. Sin embargo, los Raelianos han escondido esta realidad a todos sus asquerosos clones. “No entiendo ¿qué hacía la máquina? ¿Qué tiene que ver con los hologramas que transitan por la ciudad cada día?” -preguntó con interés.


Al escanearse, tu cuerpo se vuelve no material, pudiendo manipular esa información mediante la resonancia mórfica y moldear el desarrollo y comportamiento de todos ellos. Se han vuelto máquinas sin sentimientos que son controladas por los altos mandos.


“Aún espero una respuesta Guido” -sin despegar la mirada de la pantalla, ansiosa, espera ver alguna palabra desplegada. “Si, Clarisa, esta tarde te espero en mi departamento, te envío los datos por correo”.


Esa tarde venía de conseguir un poco de comida en los suburbios de Santiago. Había sido tarea difícil, pero lo había conseguido con algunos hologramas que traficaban ese tipo de especies. En la ranura inferior de la puerta vio un reflejo. No era una luz normal dentro de la casa. Se quedó un rato esperando en las afueras y no logró aguantar su curiosidad. Se tiro al suelo para mirar por debajo de la puerta. Vio unos pies luminosos. Sintió unos disparos. Desconcertada, aterrada, se escondió bajo las escaleras. Esperó con los ojos llenos de lágrimas a que se fueran.


Abrió la casilla de correo. Ahí estaba la dirección de Guido. Se duchó, arregló, delineó sus ojos, se aplico lápiz labial. Estuvo varios minutos mirándose en un diminuto espejo. Sigilosamente subió las escaleras del sótano, salió sin que nadie la viera. Caminó hacia el metro. Logró escabullirse entre los hologramas que orbitaban los vagones. Se sentó en una esquina, sintió un hielo subir desde la punta de los dedos, se estremece, trata de perder la mirada en el oscuro túnel.


Esos horripilantes hologramas salían por montones desde la casa. Después de los disparos se había quedado inmóvil en un rincón temblando de la impresión. Pasaron varios segundos antes de atreverse a salir de ahí. Trago saliva y entró a la casa. Había sangre derramada por doquier, sesos pegados en la pared, cráneos quebrados, ojos abiertos, blancos. En la mano de su madre la fotografía ensangrentada de Clarisa. Tanto fue el impacto de la sombría escena que su mente sucumbió como una pesadilla devorada peor que un cáncer.


Sube las escaleras del metro, camina por las calles solitarias del devastado Santiago. Una ciudad llena de escombros, casas a medio reconstruir, tambores encendidos. Clarisa los mira, recuerda que esos tambores aparecieron como forma de mantener el equilibrio entre los vivos y los muertos, para mantener alejados las almas errantes de quienes fueron exterminados. Ella por un tiempo quemó dinero falso por sus padres fallecidos, se entristece, ya no lo hace.


Mira a su alrededor, quizás está en un barrio donde habitaban seres humanos puros. Así se lo explica ella, mientras camina insegura. Al menos eso pretende creer. Vacila en cada paso y los recuerdos se apoderan de su mente como película enferma. En unos pasos más estaría frente a la puerta de Guido. Su andar se vuelve lento, inseguro. Llega, ahí está. Duda, vacila.


Toca el timbre. Silencio. Pulsa nuevamente el botón. Se estremece. La puerta se abre pero nadie esta detrás de ella. La empuja, no ve a nadie. Moja sus labios, suspira, se arma de valor y entra. Queda perpleja. El piso de la habitación está inundado de cables negros, blancos, rojos y amarillos amontonados unos sobre otros. No sabe donde pisar, pero avanza entre ellos con escalofrío lúgubre. Al final del pasillo, hay trece computadores. Se aproxima. Escucha ruidos metálicos. Mira, busca. Ahí esta Guido. Se horroriza. Ahí esta con la tapa del cráneo abierta con electrodos incrustados, manos y pies con placas eléctricas. Era un obeso mórbido, asquerosamente repugnante, con los ojos blancos como si viajará en alguna onda paralela, botando espuma por la boca incesantemente como si quiera hablar, pero no le alcanzaba ni siquiera para balbucear. No era el único. Los aparatos restantes constaban con “usuarios” de similares características. Verdaderamente repulsivo. Clarisa se contiene para no vomitar. Ruido ensordecedor. Se tapa los oídos consternada. De pronto, inmensos y espeluznantes hologramas entran al departamento, toman fuertemente los brazos de Clarisa. Había llegado su turno de ser escaneada.

Erzsebet

Nota: Este cuento fue escrito para Chile Bicentenario, en el marco de un concurso, que la pregunta principal era ¿Cómo se imagina el Chile del futuro? Ayer dieron a conocer el resultado del concurso (Link Aquí). Mi cuento esta lejo de sueños, anhelos y expectativas, me encanta que así sea.

Concurso: A quienes sean de Santiago, den la visión de este cuento posteando su comentario, regalaré el libro "Antología Talleres Literarios 2008", (talleres realizados en la comuna de Maipú). Para entrar al concurso deben enviar también sus datos al e-mail: erzsebet_bathory@esfera.cl

Wednesday, April 28, 2010

Sin darme cuenta del tiempo


No me había percatado que hace un mes no actualizaba mi blog y la verdad, no me di ni cuenta de como ha pasado el tiempo. Les cuento que en estos momentos estoy enfocada en un proyecto llamado Sudamerican Attack, un podcaster de difusión de la escena metalera sudamericana y ya llevamos 14 capitulos y 28 podcaster. Esto es lo que me ha mantenido tan distante del blog, los poemas y los cuentos.
Me dare un tiempo y volveré al curso normal de mi blog...
Cariños

Tuesday, March 16, 2010

EL EXTRAÑO

Dedicado a J. A. V. T. en conmeroración al sexto aniversario.


Nos besamos bajo la estela oscura de una canción,
sobre el ruido ensordecedor del bar,
entre el destino maldito.

Nos escondimos en nuestros cuerpos
bajo el alcohol
en un cuarto sombrío

lloré,
con su aroma a inocencia
frente a sus ojos,
bajo la luna.

lloré,
pensando en perder sus ojos
en una ciudad nefasta,
esclava

creí perder sus labios
entre la estela de frescas flores hipnotizantes.

Y sin embargo ambos al escapar,
al despertar del letargo,
corrimos a buscar esos ojos malditos
esa espalda encrespada
esa piel escarpada.
Ese no extraño entre las gentes

Eras solo tú
era yo,
viendonos en el vacio que siempre desee estar.
Besandonos eternamente.

No soltare tu mano,
esta vez
no dejare que te perdieras en la bruma.

Erzsebet


Wednesday, March 10, 2010

En un día 10 de marzo


• 1760 Nace Leandro Fernández de Moratín, dramaturgo español
• 1772 Nace el filósofo Friedrich von Schlegel
• 1781 Nace en Santiago Javiera Carrera Verdugo, que jugó un gran papel durante la Independencia de Chile, además de influir en la actuación de sus hermanos y en la sociedad de su tiempo.
• 1793 Francia: La vendée se levanta en armas contra la Revolución
• 1813 Federico Guillermo III de Prusia crea la medalla de la Cruz de Hierro
• 1815 Las tropas españolas derrotan a los rebeldes indígenas peruanos en Umachiri
• 1830 Nace en Santiago Gregorio Víctor Amunátegui, hermano de Miguel Luis, ambos destacados historiadores. Entre sus obras se encuentran: "Reconquista española" (1852), "La isla de Juan Fernández" (1852), "Poesías y poemas americanos" (1861) y "La instrucción primaria en Chile".
• 1875 El físico y profesor escocés Alexander Graham Bell, quien se naturalizaría estadounidense, llevó a cabo en Boston la primera transmisión remota de voz a través del teléfono inventado por él. Pudo comunicarse de una habitación a otra a tres metros de distancia.
• 1905 Comienza la batalla de Mukden entre japoneses y rusos, que duró quince días y ganaron los rusos
• 1906 Catástrofe minera en Courrieres, Lens (Francia) en la que 2.000 mineros son sepultados.
• 1909 El francés Emile Aubrun realiza el primer vuelo nocturno.
• 1910 Prohibición de la esclavitud en China
• 1910 Nace Pablo Serrano, escultor español
• 1919 Se inaugura el servicio radiotelegráfico entre Gran Bretaña y España
• 1928 Nace Sara Montiel, cantante y actriz española
• 1928 Nació James Earl Ray, asesino de Martin Luther King..
• 1932: Sigmund Freud publica "Lecciones de introducción al psicoanálisis".
• 1942 Fallece Sir William Henry Bragg, físico británico, premio Nobel de Física en 1915.
• 1945 Segunda Guerra Mundial. Trescientos aviones estadounidenses bombardean Tokio durante seis horas, con efectos devastadores
• 1946 Nace José Juan Bigas Luna, director español de cine
• 1946 Se celebra por primera vez en Chile el Día Internacional de la Mujer, en el teatro Baquedano de Santiago. A la asamblea se dirigió la presidenta de la Federación Chilena de Instituciones Femeninas, Amanda Labarca.
• 1947 Estalla la guerra civil en Paraguay
• 1955 Fallece Alexander Fleming, médico británico, descubridor de la penicilina
• 1957 Nació Osama bin Laden, multimillionario saudi y fundador de Al Qaida.
• 1958 Nace Sharon Stone, actriz estadounidense.
• 1969 Es condenado a 99 años de prisión James Earl Ray, asesino de Martin Luther King, pastor y líder de los derechos civiles
• 1971 A raíz de la muerte del mirista Jorge Fernández, al detonarle un artefacto explosivo que llevaba consigo, la secretaría General del MIR declaró: "El uso de armas y elementos de defensa por parte de nuestros compañeros y trabajadores constituyen una legítima necesidad para defender sus vidas y sus intereses de clases".
• 1974 Aparece en la selva de Filipinas un oficial del Ejército japonés casi 30 años después de terminada la Segunda Guerra Mundial
• 1980 Abrí los ojos por primera vez, donde me dijeron era el mundo real

Friday, March 05, 2010

FANTASÍAS



Ser como Henry Spencer,
cortar la cabeza y convertirla en gomas de borrar,
perderme en un sueño dentro del radiador

Soñar
caminar en la orilla de la playa
mojando a ratos los pies descalzos
mirar el horizonte turquesa
besar, olvidar.

Estoy en una pobre yacija
llena de zarzales a mí alrededor
con el cerebro lleno de imágenes
proyectándose eternamente,
viviendo el sueño equivocado.

Erzsebet

Thursday, February 25, 2010

EXISTENCIA EN BRUMA


Nada acaecía tan tristemente
como la lluvia sobre tu piel
como el frágil relente en ti.

Pensar que me encontraba dentro
como un tejido en tus venas
fue tan equivoco como besar un zombie mohoso.

Creer vivir en ese mundo imaginario
como fantasma danzante
fue parte de mi mundo holográfico.

No soy un personaje de caricaturas
ni héroe de películas
solo una mujer bebiendo sangre,
esparciendo el olor a sexo entre las sábanas

Nada acaecía tan tristemente
como el día en que succionaba
la última gota de tú existencia.

Erzsebet

Sunday, February 14, 2010

Día de San Valentín

"Tres veces intente estar contigo"


Hoy desperté con el rebote de una bala en mi corazón, con los pedazos de melodías golpeando mi cabeza. Desperté con aquella canción que me hace recordar a ti, la de Deep Purple ¿la recuerdas? “Child in time”. Aquella que me hizo llorar cuando te veía lejos, y a la vez tan cerca. Porque estabas y no, me sentía tan sola y ciega en momentos.

Te necesite tantas veces y tu alma caminaba en dirección opuesta. Eras como un errante sin identidad y de pronto nada existió, solo una ilusión de ti y de mí caminando entre la verde hierba, bajo el sol de papel, como navegantes desconocidos en el cielo púrpura.

Te soñé tantas veces, incluso antes de verte por primera vez entre seres desconocidos y sonidos roncos, antes de encontrarte entre las nubes de cigarro y guitarras estridentes.

Sabia que eras tú cuando te bese en el banco de madera, cuando dije si. Pero de pronto eras tú, era yo evadiendo la verdad, corriendo entre laberintos confusos. Lloré, lloré y grité una y otra vez suplicando que me rescataras de esas sabanas ajenas, de ese olor a encierro, de muerto.

El viento se llevó el aroma, se notaba la ausencia, tú ausencia se hacia cierta. Vagué con extraños mientras tú te perdías en una ilusión caótica. Era tu boca pegada en labios añejos, ajenos pensando en mí. Era yo en brazos de otro pensando en ti.

Y un día sonó el teléfono, eras tú desde el hospital. Corrí como una tonta a tu llamado, cuide de ti sin importar el agujero que tenia en el corazón, porque te amaba. Corrí como una tonta hacia ti, porque esos ojos tallados en mi alma no dejaban que te olvidará. Porque cuando decidí seguir, tomaste de mi brazo y me miraste como esa vez que nos besamos por primera vez. Porque me miraste como ese día que me pediste que fuera tu esposa por toda la vida. Porque cuando estaba con mis maletas en el umbral de la puerta volviste a decirme te amo con toda esa inocencia que alumbra tu ser, porque solo esas dos palabras “te amo” borraron instantáneamente el pasado gris. Porque esta vez era distinta a las otras. Porque como dice la canción: la primera vez no queríamos, la segunda no nos sentíamos bien y la tercera vez… esta tercera vez no necesito que me pidas que regrese a ti. Yo regreso a ti, porque eres mi espacio, mi ser, mi sueño, mi mundo. Esta vez regreso a ti porque te amo.

Erzsebet

Tuesday, February 02, 2010

MELODÍAS




Dentro de los astros busque el alma perdida
un baile dentro del purgatorio te brinde
no, entre la oscuridad
no, bajo el cielo saturado de plutonio
no, flores para tu numen.

Ondear un “La” menor
en el bacanal de tus letras malignas,
dulces
sueños de invierno del aguzanieves
volando sobre tú piel húmeda.

Partículas de suspiro
impregnando de lluvia ácida tus melodías
sobre un espacio blanco/negro.

Erzsebet

Monday, January 25, 2010

NECROMANCÍA




Evocando letanías frente al sepulcro
la oscuridad se lleno de astromelias
y como una alegoría efímera
te entregue los retazos de mi alma.

Deje que te recostaras entre las escasas magnolias,
deje saciar tus deseos necrofílicos.

Sin más,
El día se transformo en noche
los pastizales se marchitaron
los retazos pulverizados
y con una máquina conectada a los pulmones
corrí para alcanzarte.

Tumbado en la tumba vecina,
recostado como un lagarto al sol
te encontré.
Ya no existía esa luz en mí.

Erzebet

Sunday, January 10, 2010

LO QUE SE PIERDE EN LA TIERRA, Final





VI

Nuevamente escapaba desesperadamente de sus perseguidores. Sin embargo, un chico corría a su lado a gran velocidad y no pudo alcanzarlo. Él también estaba huyendo de los supuestos seres de otro planeta.
El muchacho llegó primero a la orilla del acantilado, la miró, le hizo unas señas y se lanzó al vacío como un halcón tendiendo sus brazos hacia el abismo. Carol sin pensarlo demasiado corrió hacia él. En la orilla se detuvo, extendió sus brazos y se lanzó. Por unos minutos creyó volar, hasta que chocó violentamente contra el agua. El chico estaba sonriendo, ella nerviosamente también lo hizo. Se dejaron llevar por la corriente hacia las oscuras cuevas bajo el inmenso macizo de roca.
Aquella mañana despertó tranquila. El sueño que se repetía constantemente había cambiado.
Y con un ánimo distinto salió, como de costumbre, a recorrer Santiago a dejar el currículum. Era su día libre y todo se lo tomó con calma. Se sentó en el parque de las esculturas a mirar el río Mapocho, observar como sus aguas no se detenían jamás, era una sensación de que todo pasa y nada se queda en el mismo lugar. Le agradaba pensar que ya todo fluía, por lo menos en el río, aunque fuera pestilente y de mala apariencia.
Se quedó hipnotizada mirando las aguas de río. En ese preciso instante vio que algo intentaba salir a flote. Lo siguió con la mirada. Parecía un trapo blanco, pero no. Una mano parecía emerger de las aguas. Se irguió para observar con mejor ángulo. Creyó ver un cuerpo. Se restregó los ojos y observó que se hundió definitivamente. No pudo ver que era realmente. Se puso nerviosa. Pensó que a lo mejor era una mujer, no lo sabía con certeza y siguió mirando el río. Algo nuevamente intento salir a flote, pero esta vez era un pedazo de tronco que logro liberarse y navegar libre hasta que se perdió a la distancia.
Una voz interna le dijo: “el ascensor”. Corrió a tomar el metro. Corrió al ascensor del edificio viejo donde vivía. Entró en él, apretó piso 6. Las señales metálicas se repitieron y en solo un par de segundo estaba en la ribera del río Mapocho. Quería descubrir que era realmente ese trapo blanco que había visto. Subió y bajo una y otra vez del ascensor recorriendo la ribera aguas abajo.
Cansada de subir y bajar del ascensor se sentó agotada en una roca. Casi caía la tarde y pensaba que no era buena idea estar ahí. Volvió al ascensor sin antes asegurarse que la aventura del día había terminado. Se volteó. Un destello de luz cegó su visión, una poderosa luz salida de la nada dejándola ciega por segundos eternos. Cayó inconciente.



VII

Llevaba días desaparecida. Su compañero de departamento había dado aviso a su familia y a carabineros.
Fabián no podía dormir, una extraña pesadilla lo atormentaba, aunque no era más que agua, agua turbia, revuelta, tranquila a veces, de escena negra, de colores grises. No entendía el sueño, solo sabia que era perturbador y con la preocupación de su amiga, ya no lograba dormir.
Decidió hacer afiches con la foto de Carol y comenzó a pegarlos por toda la ciudad junto con pequeños volantes que los repartía en cada salida del metro.
Caminando por el barrio Lastarria se encontró que en una de las esquinas se había acumulado un montón de gente. Un tipo con voz de pito, hablaba muy rápido y las personas a su alrededor trataban de calmarlo. “No volveré a la Clínica Normita, aunque el Señor demonio con escrupilisimo lo quiera así”, marcando bien las eses. Fabián se acercó y se dio cuenta que era un vagabundo vestido curiosamente como señora, un pañuelo negro en la cabeza, con vestido. Andaba con un carro de supermercado lleno de cachureos. Una señora dentro del tumulto “es la loca del carro”-dijo, el vagabundo la escuchó “no soy la loca del carro, ni el maestro, soy divino, divino porque vivo en la calle” –prosiguió con las incoherencias. “Lo, lo que ustedes no saben es que la Boloco esta reencarnada en Obama”. Fabián logró incorporarse dentro del tumulto llegando casi a su lado. El mendigo le miró los volantes que andaba trayendo en la mano. “Misiriarisimo!! no puedes andar buscando a ese demonisisimo, que asume la forma impostora de mujer” –le gritó de manera descontrolada. Intento arrebatarle los papeles de las manos, “y tú ¿qué te crees?” -le dijo Fabián con furia contenida. Forcejaron hasta que los volantes se dispersaron por el aire como una lluvia de papeles. El divino anticristo tomó uno de los volantes y dirigiéndose a sus espectadores siguió con el discurso: “Miren bien, esta es la forma de los nazis reencarnados, ustedes mismos pueden acordarse de que en la vida anterior fueron nazis… nazis… nazis… hay personas como usted en textos universitarios y dicen chucha!! yo era nazi en los tiempos de Atila. En la vida anterior eran todos nazis del chanchisimo. Otros se acuerdan que eran…que eran nazis en los tiempos del chanchicisimo… chanchicisimo caballo de Prusia, otros se acuerdan que eran nazis en los tiempos de los Hucklyleberry finn en los EEUU. Otros se acuerdan que eran… que eran… los… los nibelungos de España. Entonces se compra un uniforme nazi, nazi. Se compran alucinógenos y empiezan a masacrar cochinos…”.
Fabián logró salir del tumulto. “¡Mal nacido! ¡Enfermo de la cabeza! ¿Qué tiene que ver Carol con sus putos nazis?” -se preguntó. Siguió su búsqueda por la ciudad.

VIII

A las 23 horas terminaba de dejar volantes en las mesas que se ubican en las afueras de los pubs de Bellavista. El agotamiento le tenían destruido los pies y el cuerpo, pero no quería volver a casa. No sin noticia de su amiga.
Compró un par de completos en el carrito ubicado en la esquina de Pio Nono con Bellavista. Observó que la facultad de derecho de la universidad estaba en toma nuevamente. Repartió un par de volantes a las personas que compraban en el carrito mientras se terminaba de comer el último completo.
Le tocan el hombro, “yo la he visto” -le dijo una señora de apariencia humilde, “la vi anoche, ahí, en la ribera del río Mapocho”. Fabián trago el último pedazo de pan que le quedaba y casi se ahogo de la impresión.“Dígame donde” -zamarreó a la veterana. “Le digo que ahí en la ribera del río. Mire, nosotros los deudores habitacionales también estamos en toma, igual que estos cabros de la universidad y anoche después de comer salí a fumarme un cigarro y ahí estaba ella, esa chica que tiene usted en la foto paso caminando como si estuviera ida, sabe, como si un espíritu la hubiese poseído. Yo me asuste así que me entre”.
Desesperado corrió al puente. A lo lejos se veían las carpas unas al lado de la otra casi tocando el agua del río Mapocho. Estaban bajo el puente Pio Nono haciendo sus vidas cotidianas y no se había percatado. Miró a su alrededor y a lo lejos vio una bajada. Odisea que consiguió en solo unos segundos.
Se acerco respetuosamente a un grupo de personas que estaba calentando agua en una fogata. “Disculpen, estoy buscando a esta chica” –le muestra un volante. “Es mi amiga, hace días que no vuelve a casa, una señora en la feria artesanal me dijo que la vio anoche ¿pueden reconocerla?”- Las personas miraron la fotografía uno a uno. Algunos hacían gestos como de recordar algo, otros gestos de extrañeza. Un silencio desolador inundo el entorno de la fogata.
“Hemos visto una mujer que deambula por la ribera del río, pero no creo que sea tu amiga” -el más anciano del lugar rompe el silencio, negación insistentemente con la cabeza. “¿Por qué no?” –preguntan varios de los presentes. “Porque su amiga es del mundo de los vivos”. El lugar se llena de murmullos y exclamaciones:
- ¿Dices que la mujer que hemos visto todas estas noches no es del mundo de los vivos? –pregunta uno de los hombres más jóvenes del grupo, con tono escéptico.
- Creo que no ¿acaso no conocen la leyenda de “La Lola”? –les pregunta el viejo.
- ¡No! Noooo!! Noooo!!! –responden casi al unísono. Se acomodan más cerca de la fogata y se acurrucan al lado del viejo para no perderse los detalles.
- Bueno –comienza con el relato. Fabián se sienta a su lado, sin cuestionar porque se interesa por la historia.- Se dice que una mujer llamada Dolores enloqueció luego que asesinaron a su ser amado, fue tanto el dolor y el odio que sobrevivió al tiempo y la muerte. Baja desde las montañas andinas para horrorizar y acosar a los habitantes del valle central, los indígenas la habrían llamado “La Lola” que significa “Tierra Muerta”, ya que si escuchas sus gritos quejumbrosos caes irremediablemente muerto.
- ¡Esas son tonterías! –grita uno de al fondo.
- Claro que es verdad -dice el viejo con aire de seguridad en sus palabras- la hemos visto casi todas las noches, yo he rezado para no escuchar sus gritos.
- ¡Estás loco viejo! –dicen algunos con tono burlón. Otros también se ríen, toman sus tazas de café y se apartan del grupo. Fabián se pone de pie, le da las gracias a todos por el tiempo. Un chico le toma el brazo.
- ¡¡¡Es cierto!!! ya se han suicidado dos personas. Ellos cayeron dominados por su hechizo, debe creerle a mi abuelo- los ojos del chico brillaban de pena profunda. Fabián le toma la cabeza como entregándole comprensión.
Se retira del campamento caminando en silencio por el puente. A lo lejos escucha ruidos y se detiene para poder escuchar mejor. Los ruidos eran perturbadores, confusos, quizás risas lúgubres, malvadas, sarcásticas. Pensó que se podía tratar de las personas que estaban en la toma. Los sonidos se transformaron de pronto en un llanto, en un alarido escalofriante. ¡No! Parecía una mujer sufriendo. ¡¡Carol!! Se dijo a si mismo. Se le contrajo el corazón, se le apretó el estomago. A lo lejos vio una silueta de mujer con vestido blanco. Era ella quién lloraba desgarradamente. Pero podía ser cualquiera, no necesariamente su amiga. Santiago esta lleno de personajes extraños, sin embargo corrió, corrió hacia la silueta que caminaba por el costado de arriba del río. De pronto un ruido metálico inundó el espacio. Era ensordecedor, áspero, perturbador. Un resplandor lo cegó completamente. La figura fantasmal se abalanzó contra Fabián.


IX

Despertó desplomada sobre la arena plomiza de la ribera del río. Recordó el destello de luz. Por primera vez la puerta del ascensor ya no estaba a su espalda, había desaparecido. En el afluente vio que algo se movía como si un gran pez estuviese observándola. Se acercó. Era el reflejo de una mujer, el horrible rostro de una mujer desforme. Se asustó y comenzó a temblar. Miró nuevamente, era su reflejo, solo su rostro. “No temas Dolores” -le dijo una voz áspera, ronca como mezclado con gorgoteos acuáticos. Estaba asustada, no había nadie a su alrededor. Solo estaba ella, su reflejo y aquella voz que de pronto creyó escuchar que salía de si misma. “No me llamo Dolores” -grito desesperada, agitada. Daba vuelta sobre si misma. Miró nuevamente el reflejo del agua, era ella. Su reflejo que se difumino poco a poco, apareciendo poco a poco una criatura infernal. De pronto, un largo tentáculo emano de las aguas, le tomó uno de sus pies y la arrastró hasta lo más profundo.

X

En el reverso de la cuenta de luz: “Nuestra energía es para encontrarlos”:
- Carol Miranda, 29 años, Santiago Centro
- Fabián Sepúlveda, 30 años, Santiago Centro.

Monday, January 04, 2010

LO QUE SE PIERDE EN LA TIERRA, Parte 1





“Un abandono
Un abandonado en suspenso.
Nadie es visible sobre la tierra.
Sólo la música de la sangre
asegura residencia
en un lugar tan abierto”.
Pizarnik, “32” de Árbol de Diana (1962).

I

Antes de la llegada de los españoles ya fluía imponente entre los valles, atravesando todo el territorio de lo que ahora denominamos Región Metropolitana, cuna de la ciudad capital, Santiago. Ahí está, y no. Los habitantes de la ciudad lo han transformado en el vertedero de todos sus residuos.

II

No son muchos los departamentos que se pueden arrendar a buen precio en el sector de plaza Italia. Después de una ardua búsqueda encontraron algo que se les ajustaba a los bolsillos. Un departamento en el sexto piso de un antiguo edificio.
En su época de estudiante universitaria Carol entró a trabajar en un Call Center con el fin de costearse los estudios. El día que comenzó a operar en la plataforma que le asignaron conoció a Fabián, su actual compañero de departamento.
Él corrió una suerte distinta. Al egresar de la carrera de ingeniería informática ya tenía un puesto asegurado en el gobierno. En cambio ella aún seguía cada mañana caminando por la calles de la ciudad dejando el currículum en todos los lugares posibles. Volvía a casa, preparaba el almuerzo, comía, se duchaba y luego salía a paso cadencioso a conectarse al computador y los audífonos. Antes le parecía entretenida esta rutina, pero ya no. Con el pasar del tiempo se hizo cada vez más desagradable atender con voz amable a cada persona que llamaba.
El teléfono personal, en cambio, jamás sonaba.

III

Al cerrar los ojos para descansar, inmediatamente aparecían unos extraños sujetos siguiéndola insistentemente. Corría desesperada hasta llegar a un acantilado profundo, agitada miraba de lo alto como las olas golpeaban furiosas al final de la base, se volteaba y los seres extraterrestres estaban cada vez más cerca. El vacío que se dibujaba a sus pies era abismante y aterrador. Siempre veía como las olas la golpeaban bruscamente contra las rocas, el cuerpo se llenaba poco a poco de moretones y llagas, la sangre se mezclaba con la inmensa masa de agua. El final del sueño era recurrente y fatídico. Sus ojos se perdían en un abismo donde ni siquiera la muerte se atrevería a entrar.
Despertaba aterrada y con los ojos llenos de lágrimas.

IV

Contestar el teléfono a diario y no tener trabajo en lo que había estudiado no era lo único que la atormentaba. Todos los días tenía que lidiar con el tétrico ascensor del edificio donde vivía.
Para entrar en él, debías abrir una puerta y luego correr otra con fuerza. Varias veces creyó ver el reflejo de alguien que se asomaba por la pequeña ventanilla que tenía en una de sus puertas, pero reaccionaba y se consolaba pensando que era el reflejo del espejo que había en el interior.
Un día al volver del trabajo, subió como de costumbre en el ascensor y apretó el botón del piso 6. El viejo aparato crujió como si los engranajes se hubiesen trancado y soltado al instante. Luego empezó a subir: piso 2, piso 3 y así sucesivamente hasta el 6. No se detuvo. Se le apretó la garganta y comenzó pulsar los botones. La máquina no se detenía y seguía subiendo. Con un fuerte golpe metálico el ascensor se detuvo bruscamente. Carol se remeció y tuvo que sujetarse con las dos manos en los costados. Suspiró. Se arregló el cabello y trato de abrir la puerta pero no pudo. Presionó con fuerza, pero fue inútil. Un gggrruuaauummm sonó de improviso y la cabina comenzó a bajar bruscamente. En la ventanilla de la puerta vio agua, como si se estuviera hundiendo en un gran lago. Poco a poco el nivel subía más y más. Carol apretaba desesperada los botones de emergencia, pero nada respondía.
Otro movimiento brusco. Cayó sentada en un rincón aturdida, un sonido fuerte metálico la hizo reaccionar. El ascensor se había detenido. Abrió las puertas, se encontraba en la orilla del río Mapocho. Lo reconoció por el color café de sus aguas, el rápido caudal y las paredes altas de piedra y cemento que lo bordeaban. Quiso salir, pero al otro lado del río diviso una figura blanca, como silueta de mujer, casi humana, casi transparente, con el pelo largo, negro, con mirada hundida, como si un vacío le hubiese apoderado de sus los ojos.
Aterrada, marco nuevamente el piso 6. Subió, subió y bajo bruscamente. Al salir nuevamente estaba en la orilla del río Mapocho, pero esta vez, cerca del cruce pío nono, cerca del edificio, cerca de casa pero no se atrevió a salir, era de noche, una oscura noche y pulso nuevamente el 6. El sonido ronco de los engranajes le dio aviso que estaba nuevamente en marcha y esta vez, ya se encontraba en casa.
Esa noche descubrió que el ascensor la podía trasladar a lo largo del cauce el río. Pensó en contárselo a Fabián, pero la catalogaría de loca y no lo hizo. Entró directamente a su habitación y no salio hasta el otro día, asegurándose de no toparse con su amigo.


V

“Desde un pequeño lago a 32º 40’ de latitud sur, inician su curso las aguas del río Mapocho, “el río que se pierde en la tierra” (Mapu-cho), según el gráfico decir de los indígenas. Sigue desde allí una dirección nor-este a sur-oeste, y a los cincuenta kilómetros de su curso, luego de ser incrementado con diversos caudales, atraviesa la ciudad de Santiago. Acentúa luego su rumbo sur-oeste y se filtra en la tierra, desapareciendo totalmente. ¿Chuchun-co? dicen allí los indios (¿Qué se hizo el agua?) y un lugar de los contornos llega así con el nombre de Chuchunco hasta nosotros. El agua ha sido absorbida por la tierra y continuará como corriente subterránea para reaparecer más al poniente, en tierras de otros indios que, regocijados, las verán emerger cerca de sus campos de cultivo” (“Historia de Santiago”, Tomo I, La Colonia - Santiago de Chile, 1975. René León Echaiz)
Continua....

Friday, December 18, 2009

ADICTA AL CAFÉ





Hace un tiempo me hice adicta al mokaccino, esa suave mezcla de café con chocolate y leche se hizo parte de la rutina diaria. Ahora lo disfruto cada día en un café del centro junto a mi notebook siempre abierto y conectado a internet. Todas las tarde antes de regresar a casa paso por el mismo café del centro. Siempre bajo al subterráneo, me apodero de una mesa con un cómodo sillón y ahí disfruto de mi café, sin antes, agregarle esencia de canela.

Una tarde lo vi bajar, de lo que después me entere, eran sus compañeros de trabajo. Era un ex-compañero de universidad, de esos compañeros que solo viste en un par de ramos comunes, de esos a quienes te daban ganas de intercambiar un par de palabras, de esos que alguna vez quedaste mirando largos segundos en tardes de aburridas oratorias.

En ese instante me quede atrapada entre su cabello, sus ojos y el jersey que llevaba sobre los hombros. Se sentó al otro extremo del local y yo, como una adolescente me escondí detrás de mi notebook. Lo observe la media hora que se demoraron en tomar el café. En silencio dibuje todo los movimientos que hacia para llevar el vaso acartonado de café a sus labios.

Como estaba embobada, no me di cuenta que se había levantado de la mesa y ahora estaba a mi lado con sonrisa radiante. Me saludo como si hubiésemos sido íntimos amigos en la universidad, intercambiamos un par de palabras, número telefónico y mail.

Los días seguideros quedamos de vernos en el café del centro.

Ese día no deje de mirarlo directamente a los ojos, sin darme cuenta le coquetee por largos minutos de conversación, fue un impulso incontrolado, una emanación de energías de deseo que solo aparecen y dejas que salgan. Él también hizo lo suyo.

De piel a piel, mano a mano. Los dedos juguetean intentando rozar, evadir, tocar a veces el dedo opuesto. El labio baja por el cuello hasta el hombro, mientras la otra aprieta los labios con fuerza. La mano baja por la espalda contraída, avergonzada. La piel erizada, húmeda, pegada. Las lenguas mezcladas como golosas pegatinas. Saboreadas como caramelos.

Apreté las piernas. “Están cerrando el local, creo que ya debemos irnos”. Desperté del letargo y el dulce sabor a chocolate que bajaba por la garganta se hizo realidad.

Caminamos tomados del brazo hasta el paradero. Sin palabra alguna nos abrazamos mientras el recorrido paso sucesivas veces y yo en silencio no quise alzar mi brazo para hacerlo parar. Sentía su respiración cerca de la mía y su corazón exaltado casi atrapaba el mío.

Creí que la noche se cerraría con el beso que había visualizado en el café. Subí al bus y aún creo que le debo robar más que un beso.

Wednesday, December 09, 2009

Cumpleaños




Di tres golpes en la puerta,
esperé con el pulso agitado.
Nadie abrió la puerta,
varios días estuve sentada por una señal.

Volví a la casa vacía,
a la casa con un proyector de historias
¿Quiénes eran en verdad?
¿Quiénes fueron?

En el calendario marcaba una fecha de cumpleaños,
en el velador la invitación.

¿y si nuevamente no abren la puerta?
Quise lanzar una carcajada,
pero el alma destruida ya lo olvido.

Nadie quiere cerrar la puerta en un día así,
Es a los vagabundos a los que le dicen: ¡No entre!

Erzsebet

Wednesday, November 11, 2009

CAFÉ



Extrajo una palabra desde el fondo de la garganta
depositándola en la taza de café,
bebió el dulce brebaje
infusión de chocolate, vainilla y canela

Lo miró,
pensó por un momento que sus labios transmitían ese sabor.
Se amparó bajo la luz de sus ojos, como ilusión luciferiana.

Soñó,
a un hombre que surca cicatrices en la tierra
dirigiendo a los espectadores al infierno.

Extrajo un pedazo de corazón
y lo depositó en un caldero mágico,
soñó que besaba esos labios resecos,
sintió como su alma huía despavorida.

Oyó a lo lejos los cadáveres iniciar la danza,
como demonios en la cabeza
saltaban dando botes sobre las neuronas difuntas.

El café no era más que una ilusión
de los residuos de sangre en la corteza fantasmal,
construyendo un cuerpo de amargura.
Uno que no había dudado en explorar.

Erzsebet

Monday, November 02, 2009

LECTURA MORTAL


Como todas las mañanas tiene programado el televisor para que se encienda a las 7:15 AM, es su única forma de despertar. Las noticias de la mañana muestran un grupo de bomberos, están consternados, son imágenes de la madrugada, dicen que un joven de unos 35 años ha muerto calcinado bajo extrañas circunstancias. Toma el control remoto y aumenta el volumen del televisor.

Al inicio del verano se sentía muy sola. La casa en “El Quisco” se había llenado de amigos de su hermana mayor. Graciela era como una sombra gravitando por los rincones de la casa. Muchas veces pasaba horas sentada en una enorme roca a la orilla del mar, con sus brazos bordeando sus piernas, con la cabeza escondida entre sus extremidades, para escuchar solo el sonido del viento y las olas golpear con fuerza. Un día se quedo tanto rato en esa posición que no se percato que se había puesto el sol. De pronto sintió un frío viento penetrar hasta los huesos, reaccionó y sin mirar al frente, camino cabeza gacha, surcando los bordes que su memoria reconocía a cada paso que daba.

Al llegar a la avenida principal, su concentración fue interrumpida por las personas que caminaban de un lado a otro, música en los locales, ruidos de motores de autos que van y vienen, vendedores ambulantes, los típicos hippies que llegan en esa época del año a vender sus artesanías.

Sentada en el borde de la cama, mantiene el control remoto muy apretado, aún no despierta por completo, sube el volumen al televisor. Una reportera consternada relata los hechos: “En la madrugada de hoy, el cuerpo de bomberos de Talcahuano fue alertado por lugareños sobre un incendio que se había desatado en el Centro Cultural…”

A lo lejos se divisaba a un tipo parado sobre un cajón de madera con un libro en la mano y la otra apuntando el cielo. “Típico, un fanático religioso” pensó, al acercase, se dio cuenta que estaba recitando poesía, ella no era muy erudita con respecto a temas literarios ni nada relacionado. Como era algo nuevo para ella, se quedo escuchando sin despegar la mirada de los labios del muchacho, que sin preocuparse del mundo vociferaba sus poemas con particular expresión corporal y tono de voz. Terminada la muestra artística ofreció su libro a los espectadores, era sumamente económico, Graciela hurgueteó entre los bolsillos de su pantalón, contó las monedas, miró el montón detenidamente en sus manos, le alcanzaba y lo compro sin dudar. Él hizo ademán de buscar la mercadería y se lo entrego haciendo una reverencia de gratitud hacia ella. Rápidamente lo oculto entre sus ropas y caminó silenciosamente a casa. No quería que su hermana la viera entrar con el libro en la mano, porque sabía que se burlaría de ella.

Entró en silencio en la casa, todos conversaban y reían, moviéndose de un lugar a otro. Nadie advirtió su presencia. Se encerró en su pieza, se recostó en la cama, saco el libro entre sus ropas y lo abrió. En la primera pagina había un escrito a mano con lápiz pasta color negro: “Cuéntame que te pareció, con cariños Max” y al final de la pagina tenia escrita una dirección de correo electrónico. Ella experimento un nerviosismo que se atrapaba entre el pecho y el estomago, tomó aire y comenzó a leer los versos que la hicieron soñar con un amor inalcanzable, líneas trazadas con sabor a caramelo, dibujándose como un arco iris en el cielo. Después de leer un par de páginas, se quedó dormida con el libro sobre el pecho.

“El siniestro se declaró pasadas las 2:15 de la madrugada, aparentemente por un cortocircuito. Según el presidente del Centro cultural, Camilo Cepeda, el siniestro destruyó por completo las dependencias…”. Graciela, se dirigió al baño, bebió unos sorbos de agua y se mojó la cara para despertar.

Su hermana la despierta con bruscas risotadas, toma el libro alzándolo con una de sus manos, moviéndolo de un lado a otro, como queriendo dibujar un halo de paginas etéreas, haciendo piruetas con él de un lado a otro. Riendo a carcajada sale de la habitación para mostrar el trofeo a sus amigos, se mofan, ríen apretándose el estomago entre burlas y palabras, Graciela intenta quitárselo, no puede. Se lanza sobre su hermana como lobo defendiendo la manada, forcejean, su hermana logra zafarse, lanza el libro a uno de sus amigos, comienzan a pasárselos entre ellos. La escena se detiene, se miran desafiantes, su hermana dibuja una sonrisa placentera y diabólica, suspira por el triunfo obtenido, sale de la casa decidida, mira el fuego que sus amigos habían preparado en el quincho. Graciela, le grita un “NO” desesperado, no lo duda, lanza el libro al fuego.

Atenta mira el televisor, la reportera entrevista a los lugareños, quienes declaran estar horrorizados, jamás pensaron que algo así podría ocurrir. La noticia la choquea, ya no quiere seguir escuchando, cambia de canal, sin embargo en el noticiario del canal vecino reportaban la misma noticia. Las imágenes del Centro Cultural totalmente destruido taladró la retina de Graciela. Un extraño escalofrío subió por la espalda.

Inmóvil observó como las páginas se incineraban con el fuego, una lágrima tímida bajó por su mejilla, no la seco, dejo que bajara por el rostro hasta mojar parte de su cuello. Sin ánimos de nada, volvió a su habitación, se acostó y tapó hasta la cabeza, intentado recordar los poemas que alcanzó a leer, recordando el borde de la página, tratando de visualizar la dirección de correo en su cabeza, no lo consiguió. Se quedo dormida armando un rompecabezas de palabras sueltas en el aire.

En el atardecer del siguiente día, volvió a buscar al poeta, sin embargo él ya no estaba. Se sentó abatida en la orilla de la cuneta, con el rostro sumergido entre sus manos tratando de recordar. Ahí estaba la imagen de la dirección de correo electrónico. Corrió al ciber más cercano, se sentó decidida, entró en su casilla y redacto el mail.

Pasaron los días de verano y Graciela todos los días abría su casilla de correos sin respuesta alguna. Las esperanzas se disipaban, junto con el recuerdo de esa tarde.

Una tarde completamente olvidada, encontró en la pantalla ‹‹Tiene un nuevo mensaje de Maximiliano Correa››. Lo abre: ‹‹Dame tu dirección y te envió un paquete con el libro / Cariños / Max››. Ella sin dudarlo, teclea rápidamente su dirección y pulsa ‹‹enviar››

Transcurrió menos de una semana, cuando el cartero tocó el timbre de su casa y le entregaba un paquete. No era como ella pensaba, era una caja, de inmediato imagino que no solo enviaba el libro, sino algo más. Emocionada, le dio propina al cartero, cerró la puerta, corrió a su habitación sujetando fuertemente la caja con las dos manos, cerró con pestillo, se sentó en la cama. Cuidadosamente abrió la caja, lo primero que sacó fue unas notas escritas a mano, las dejo a un lado, después leería todo con calma, antes quería ver el libro, releer esos poemas que tanto la marcaron en el verano. El libro no estaba, en lugar de él había una prenda de vestir, un polerón negro, sucio, mal oliente, con olor a humo de leña, asumagado, como si hubiese pasado días cerca de un fogón. Graciela lo bota al suelo con rechazo, mete todo dentro de la caja rápidamente, corre al patio y tira la caja lo más lejos posible. Se sacude las manos, el cuerpo lo siente apretado, abre los ojos como platos, respira hondo, no entiende. Algo no estaba bien. Vuelve a su pieza, se queda parada detrás de la puerta temblando, se encierra, piensa que nadie tiene que saberlo, ese día no había nadie en casa. “Eso haré” pensaba, “mañana camino a la universidad me llevare la caja y pondré las cosas en mi casillero”.

Esa noche no durmió nada, el olor a humo lo sentía pegado en el cuerpo, como si ya fuera parte de ella. Sentía el olor por todas partes, en la pieza, en el baño, en el patio, en el aire, como una especie de contaminación generalizada. Mientras se duchaba el olor permanecía ahí gravitando con las partículas del vapor.

Bajó a tomar desayuno y le pregunto a su madre si olía algo raro en el ambiente, pero no, nadie más que ella lo percibía. Eso la perturbo al limite de no querer probar bocado alguno, cogió la mochila, salió al patio, buscó la caja, estaba entre el pasto bien al fondo. Nerviosa la tomó con las dos manos, y salio de la casa como si alguien la persiguiera.

En el paradero esperó impaciente el bus, miraba la caja a cada segundo, nada se divisaba a lo lejos. Los nervios la comían por dentro, lo único que deseaba era poner esas cosas en el casillero de la universidad. Se mordía los labios, miraba si se veía el bus a lo lejos.

En eso estaba, cuando se dio cuenta que una señora de avanzada edad sentada en el paradero, la observaba de pies a cabeza. La distrajo su particular forma de mirarla y no se percató cuando el bus paró frente a su nariz. Subió tratando de concentrarse de nuevo en el plan de llegar con la caja a la universidad, miró atrás y la señora también había subido al bus. Se sentó junto a ella. Graciela ya se encontraba más nerviosa de lo que estaba.

-Señorita, no se ponga nerviosa- le habló la señora, -pero creo que debe deshacerse de la caja que lleva- Graciela quedó perpleja y no pudo decir nada, apretó la caja con fuerza y se quedó mirándola.

Sus ojos traspasaban las imágenes del Centro Cultural totalmente destruido, el escalofrío se apoderaba lentamente de la espalda. Se queda inmóvil mirando el televisor, el control remoto lo mantenía apretado. Lo suelta asustada, este cae al suelo, como si todo sucediera en cámara lenta. Se destroza en mil pedazos. La periodista sigue hablando, pero ella solo ve como mueve los labios, intenta respirar, lo consigue, se concentra. –La única victima del siniestro ha sido identificado con el nombre de “Maximiliano Correa”-. Se le congela la sangre, cae abatida, no despega la mirada del televisor.

La señora le toma la mano –Tranquilícese, le diré que debe hacer- le dice, -No guarde esa caja, busque un sitio eriazo, procure que nadie la vea, rocié esas cosas con parafina, una vez que la encienda, camine, camine sin mirar atrás, verá que el hechizo se rompe para siempre, el olor a humo rancio se ira para siempre, ya nadie podrá hacerle daño-.
Graciela enciende un par de fósforos, la caja comienza a quemarse, suspira, le da la espalda. Camina, camina sin mirar atrás y la imágenes de aquel poeta leyendo poesía en “El Quisco” fueron desapareciendo lentamente, ya no estaba el sabor a caramelo, el arco iris dibujado con lápiz tinta en el cielo. El olor a leña desaparecía del aire junto con los recuerdos de aquel día que llego la caja a sus manos.

Erzsebet

Tuesday, October 20, 2009

CUANDO EL DEMIURGO HA SIDO CONDENADO



Señora, el miasma de su cuerpo es insoportable
¿Por quién me pregunta?
Creo que están en la habitación contigua.
Insisto, el olor a medicamentos ya se hace insoportable,
vaya de inmediato a recepción.

Sobre lo que expone,
lo siento, su hegemonía ya no es valida aquí,
puede guardarse sus monedas.
Debe dejar el calzado y sus ropas donde le indique,
ahí le darán una bata blanca.

¿Quiénes?
No!! los señores de blanco no trabajan en esta sección
¿Cómo dice?
Le explico, su examen toxicológico determino gran presencia de rencor,
odios infundados, egolatrías incurables.
Además, de un escaso historial de buenas acciones.

¿Ha recordado por qué esta aquí?

Tuesday, September 29, 2009

ÁNGELES POEMARIOS


Desvanecida en una duna,
el sol poco a poco absorbe las gotas de mis ojos
los cuerpos sobrevuelan la Santa Muerte
¿ella o él? No alcanzo a distinguir entre espejismo y sangre.

Las melodías calman el dolor,
el violín dibujado por el viento
y palabras hacia esos seres de negro.

¿ángeles o solo mi último sueño?
Versos regalados y perdidos en el espacio
cimentando la primera piedra para el castillo de cristal,
donde ya no existen dunas, ni cuervos
solo la imagen de un posible hombre con alas.