Este tríptico es una fusión de mi cuento "Voces en la eternidad" con ilustraciones de Nat Kougi. Lo he distribuido en papel por Santiago de manera gratuita y hoy lo dejo aquí para que lo puedan descargar e imprimir, esta en formato carta y la idea es que pueda llegar a cualquier rincón de universo.
Monday, August 20, 2012
Descarga el tríptico del Cuento "Voces en la Eternidad"
Este tríptico es una fusión de mi cuento "Voces en la eternidad" con ilustraciones de Nat Kougi. Lo he distribuido en papel por Santiago de manera gratuita y hoy lo dejo aquí para que lo puedan descargar e imprimir, esta en formato carta y la idea es que pueda llegar a cualquier rincón de universo.
Viviendo Entre Sarracenos 2da Edición
Tuesday, February 14, 2012
BUSQUEDA

miraba desde las entrañas de la tumba abandonada.
Se creía que aquella gárgola era un ángel,
pues la tenue luz todo lo confundía.
Fue así como aquel resplandor se incrustó en un recuerdo
y no logró salir.
Era una espina clavada en un alma descompuesta.
Como fantasma errante logró salir
y cabalgó mil años buscando ese corazón robado.
Entre las grietas de otro sepulcro la encontró.
con flores en su cabello y un vestido robado.
Eran dos espíritus malgastados
unidos por una difusa promesa.
Solo dormir juntos mil años
entre los huesos rotos de una vida imaginada.
Ese día se combinaron como sombras
en una ilusión de pasión
Monday, February 13, 2012
CARTA DESDE EL HOSPITAL

Todo surgió así: llegué sangrando de urgencia al hospital, era de madrugada, mis piernas temblaban solo del temor de pensar que algo tan bello terminaría desgarrando todo nuestro ser. Pasaron dos horas y lograron estabilizar la situación. Me derivaron a la cama 45. Cuando mi cuerpo cansado se desconectaba, los llantos desde el pasillo rompieron el silencio. Las enfermeras y doctores corrían de un lado a otro, el llanto se ahogaba desconsoladamente lleno de dolor. Se rumoreaba que a sus 27 semanas el corazón de aquella vida había dejado de latir. Yo en mi vientre seguía sintiendo uno con mucha fuerza.
No fue sino en aquella noche que dimensioné cómo mi corazón había llegado al límite de su capacidad. Abracé mi vientre con fuerza. Sabía que faltaba poco para que él estuviera entre nosotros y aun sentía miedo de decirte la verdad.
Miré el sobrio techo de la habitación, me puse los audífonos y subí el volumen de la radio. Ya no quería saber qué pasaba con la mujer del pasillo. Me asustaba pensar que podía ser yo viviendo aquella dolorosa situación. Me aferré nuevamente a mi vientre y traté de dormir.
Los sueños se tornaron en recuerdos. Recordé el día que nos conocimos en el paseo Las Palmas y cuando me dijiste, o advertiste, que solo seríamos amigos. Ha pasado el tiempo y aún ostento ese titulo de “amiga”. Conocí a tus chicas, conociste los míos y sin embargo cada vez que podíamos nos enredábamos entre las sabanas bajo algún manto oscuro de música pagana.
Recordé el día en que te dije que había dejado de fumar, pero también recordé que no preguntaste por qué. Ese día te encogiste de hombros e indiferente presionabas la tecla de play en el radio. Mientras yo guardaba silencio y no me avergonzaba de mi cobardía. Ese día me alejé de ti.
Sin embargo, hoy bajo este sombrío cielo, laten dos corazones en mi interior y no deseo volver a correr.
Hoy no quiero enfrentar esto sola, no en este silencioso y solitario hospital.
Si vinieras solo como un amigo a tomar de mi mano, tendría el valor suficiente para mirar a tus ojos y decirte que tú y yo tenemos algo más que una amistad de años. Entenderías porque estoy aquí, luchando para que ese segundo corazón se aferre a este mundo.
Si vinieras solo como un amigo, tendría el valor de decirte que tú y yo seremos padres y que no quiero volver a pasar una noche más con esta verdad.
Hoy debo reconocer que no fue sino en aquella noche que dimensioné cómo mi corazón había llegado al límite de su capacidad.
Te espero.
Desde algún Hospital, tú amiga
Thursday, January 26, 2012
VOCES EN LA ETERNIDAD
suave, acogedora
¿en qué parte del universo me encuentro?"
- un hombre de fuego.
Se encuentra nervioso sentado en la cima del monte de la sabiduría acariciando el lomo de Kaldrof, su dragón, quien lo acoge en silencio puesto que siente la inquietud de su jinete. Aniel ya es un adolescente maduro, como dirían los maestros, muy independiente, inquieto y observador. -Cuando seas un adolescente maduro mi querido Aniel, estarás listo para partir- le dijo su maestro antes de iniciar el entrenamiento. “Maduro”, “maduro”, “maduro”… le calaba fuertemente en su alma y se estremecía tan solo en pensar en esa palabra. Él sabia que su tiempo había llegado y en cualquier momento debía dejar atrás a su fiel amigo Kaldrof. Temía por ese viaje porque había visto a sus amigos partir uno a uno a otras tierras donde debían cultivar todo por lo cual fueron entrenados: “amor y justicia”. Aniel muchas veces se llenaba de pensamientos oscuros porque creía que ese viaje era como partir a la guerra, una guerra donde nadie vuelve con vida. Al menos él nunca ha visto regresar a ninguno de los que partieron.
Aún se encontraba mirando nostálgico el horizonte cuando el maestro Malkuth lo toma por el hombro: -Es hora- guardó silencio por unos segundos, fijó la vista sobre el reino que se enaltecía bajo los últimos rayos de luz del día y prosiguió –los demás están esperando para darte instrucciones-. Aniel abrazó fuertemente por el cuello a su amigo Kaldrof, tomó aire y, a paso firme y decidido, caminó junto al maestro en silencio hasta llegar al umbral del gran salón.
Desde ahí podía visualizar a los maestros Kether, Gueburah y Yesod en el altar, cada uno con una caja de madera, con hermosos enchapados de plata entre las manos. Aniel suspiró y caminó por el centro del gran salón hacia sus doce maestros que se encontraban distribuidos a los costados.
-Ya has aprobado las enseñanzas del maestro Malkuth- le dice Kether levantando la caja de madera sobre su cabeza –dentro de esta caja están depositadas todas las enseñanzas que has recolectado con cada uno de los doce maestros-. El hombre baja la caja y se la entrega a Aniel, quien se acerca solemnemente a recibirla.
-Acá Aniel esta depositado uno de los elementos que regirá tu nombre en las tierras donde debes partir- le dice el segundo maestro Gueburah – el Fuego. Desde ahora tú no te llamaras Aniel, tu nuevo nombre será Ignacio, el hombre de fuego, símbolo del cambio, la purificación y el sacrificio- concluye el maestro, quien le entrega la caja con orgullo.
-Está última caja, Ignacio, contiene otro elemento que debes llevarte contigo: El agua, la cuál alberga el corazón de la humanidad, símbolo del amor, los sentimientos positivos, la amistad, la compasión y la alegría- concluyó Yesod con la última parte de lo que fuera una ceremonia de término del entrenamiento, de inicio del viaje. Yesod no se pudo contener y una vez que le entregó la tercera caja, abrazó fuertemente a Ignacio.
El maestro Malkuth hizo señas a Ignacio y lo guió hacia su cuarto –Recuerda: tú eres parte de la creación, no importa en que tierras te encuentres- besó su frente –Lo que es arriba es abajo – Ignacio movió su cabeza afirmativamente y se inclinó de modo de agradecimiento. Malkuth se retiró en silencio y poco a poco el sonido de sus pasos se desvanecieron entre los pasillos del lugar.
Ignacio se recostó en la cama con los brazos cruzados tras su cabeza. Miró el techo por largas horas, se resistía a cerrar los ojos y dormir, no sabia porque, pero presentía que si lo hacía no volvería a despertar jamás. Así pasaron las horas hasta que el cansancio lo venció.
Los sueños se apoderaron de su mente. Ignacio se veía volando alegre sobre el lomo de Kaldrof por inmensas tierras desérticas, enormes masas de aguas, atravesando ruinas y reinos destruidos. La imagen era cada vez más desoladora, los ríos de pronto rebozaban en sangre de animales muertos, Ignacio ya no sonreía y a veces tenia la sensación de caer al vacío, cerraba los ojos y se aferraba fuertemente en el cuello de su amigo. Pero el viaje entre esas tierras nefastas continuaba y nada lo calmaba hasta ciertas noches donde escuchaba una suave voz que le decía: “Te amamos”- no sabía de donde provenía, pero sabía que el universo no se olvidaba de él.
Los sueños que invadían la mente de Ignacio se tornaron eternos. Cada vez que ingresaba profundamente a uno de ellos, los rostros de sus maestros iban desapareciendo y la voz del universo era cada vez más cercana. –Prométeme que te quedaras aquí- le dijo una noche y sintió como si el universo lo abrazará, sonaba triste, calido, pero lleno de amargura, el cielo se torno gris y esa noche la lluvia no cesó.
Al día siguiente Ignacio creyó que despertaba de ese extraño sueño, pero al abrir los ojos era como despertar en otro, aunque esta vez ya no recordaba ni a sus maestros ni su dragón, solo tenia la sensación de que aquel lugar era donde debía quedarse. Estaba dentro de una nave, rodeado de un líquido viscoso. Al principio se asustó porque pensó que se ahogaría en ese ambiente, pero luego de un momento dejó que el líquido llenara sus pulmones en un cálido abrazo. Miró sus manos y eran pequeñas, muy pequeñas. Sus pies eran igual de pequeños. Nadaba desnudo dentro de la nave y escuchaba esa voz muy lejos, a través del medio acuoso, como un eco deforme resonaba aquella voz del sueño. No sabía en que parte del universo se encontraba, todo era nuevo para él. Los sabores desde el ombligo, la música desde el exterior, los cuentos para él.
Así paso Ignacio dentro de la nave líquida, la cual día a día era más pequeña o él era más grande para estar dentro de ella y fue ahí cuando decidió salir. Necesitaba más espacio.
Buscó y buscó hasta que encontró un túnel rojo por donde salir. No le fue para nada fácil luchar con su cuerpo a través de las paredes húmedas y estrechas, sin embargo logro salir al exterior frío y seco. Fuera de la nave líquida no era cálido. Ignacio lloró. Todo era muy diferente.
-¡Mira! ¡Es hermoso!- dijo aquella voz que tan familiar le sonaba a Ignacio. Cesó de llorar y vio a Kaldrof entre el aura de su protectora, pero no lo reconoció, aunque tampoco le dio miedo. Mas bien le transmitió paz.
Ignacio ya había llegado al fin de su viaje y sin saber aún, al comienzo de su aventura. Ignacio nacía en su nueva tierra como un guerrero de fuego.
- Fin -
Friday, December 02, 2011
Segundo Tomo de Sudamerican Attack, Comic!!

Y con el equipo de Sudamerican Attack Liberamos el Segundo tomo de este comic, que consta de 10 páginas fotocopiadas (sin contar la tapa) donde se pretende llegar a un bajo costo a todos aquellos que aman el comic subterráneo, post apocalíptico, a la vena, transgresor.Friday, October 28, 2011
Sudamerican Attack, el Comics!!




Wednesday, August 31, 2011
A veces...

Otras veces es inmenso que no se puedo tocar, ni menos descubrir.
Simplemente todo es tan irreal que piensas que no lo sentirás.
Quizás esa sensación era un sueño o nada.
A veces creo que son hologramas o pesadillas.
De esas pesadillas que orbitan sobre tu cadáver como buitres esperando desgarrar tu carne o solo lo que queda de ti.
A veces creo que es una fotografía que aun no ha sido revelada o quizás nunca ha sido tomada.
¿y si fuera una historia mal contada? ¿con ese final que no quieres oír?
Donde ellos dicen que el universo no es o es de papel, de ese papel antiguo, doblado, maltrado.
Con esa pregunta garabateada que da vuelta por la cabeza y quisiera encontrarte para contestar
“¿Crees que puedes vivir otra vida después de ese beso?”
A veces el universo se esconde y huye o ¿eras tú?
Thursday, March 24, 2011
El Taller

ELLA: ¿Aún intentas repararlo?
ÉL: ¿tengo otra opción para que ella (apunta al androide) funcione? (golpea la máquina sobre la mesa, parece abatido)
ELLA: Tu sabes que si
ÉL: Esto… (toma la máquina y la muestra con orgullo, guarda silencio, medita) …pase mucho tiempo buscando uno de estos (insiste en que ella lo mire bien), era maravilloso… la mejor creación… sublime… con funciones perfectas…
ELLA: (lo interrumpe con tono irónico) y duró lo que dura cualquiera de estos artefactos desechables.
ÉL: (enojado) no es cualquier artefacto desechable… tu lo sabes mejor que nadie
ELLA: (irónica) claro que lo se, es una máquina confeccionada y adaptada por ti y para ti.
ÉL: (molesto) sabes que no es así (mira al androide) tu, mejor que nadie, sabes que yo solo quería darle vida (la mira a ella y luego al androide, mira el piso)
ELLA: ¿y tu vida?
ÉL: Mi vida esta aquí, en este taller, porque cuando…
ELLA: (lo interrumpe) mirando androides y reparando corazones ajenos.
ÉL: Este es mío, lo construí para ella (refiriéndose al androide)
Ella busca entre sus ropas, saca una foto doblada y se la entrega.
ÉL: ¿qué es esto?
ELLA: Una foto de ese día que caminamos por el parque… (él mira extrañado) …es un regalo, quiero que la conserves (él gesticula, ella tímida juega con su pie como dibujando figuras en el suelo, mira un instante el suelo, luego se incorpora y lo mira fijamente). Pensé que si de vez en cuando mirabas esta foto podrías olvidar esta realidad. Una realidad alejada de los androides… de los circuitos… de estos aparatos de mentira.
Le devuelve la foto con desprecio
ÉL: Debo seguir trabajando (vuelve a la mesa y comienza a trabajar en la maquina, unos minutos de silencio)
Ella rompe el silencio
ELLA: ¿Aún deseas repararlo?
ÉL: (levanta la cabeza y con tono seco) Cierra la puerta antes de salir.
Él se incorpora nuevamente a su trabajo, ella de pie, congelada, vacía. Camina hacia la puerta y antes de cerrar habla casi como un susurro.
ELLA: yo no necesito uno de esos todavía.
FIN DE LA ESCENA
Monday, March 07, 2011
El universo en un susurro
Espacio Oscuro, una banca en el centro, una luz roja la ilumina, él esta sentado en la banca, ella entra de un costado de la escena, lo mira
- Ella: ¿Eres Tú?
- Él: No sé a quién buscas
- Ella: (se encoge de hombros, confundida) Supongo que te buscaba a ti (se inca, posa sus manos sobre sus rodillas y lo mira a los ojos) ¿puedo descansar aquí? (con un pequeño gesto indica sus muslos, él hace un gesto afirmativo con la cabeza, ella se apoya sobre sus piernas y él le acaricia el cabello) se que aún queda mucho por aprender (suspira), muchas veces me siento confundida, intento entenderlo, pero… pero no puedo descifrar lo que intenta decirme.
- Él: silencia tu espíritu
- Ella: muchas veces el universo susurra tan despacio que no puedo oírlo.
- Él: ¿Realmente eres tú?
- Ella: cuando te escuche (mira al horizonte) se abrió una caja… allá (se pone de pie, busca, señala) ¿te imaginas donde? ¿lo puedes ver? (silencio) la caja se abrió y una luz se disparó al cielo, como si fuera una señala… como si alguien quisiera avisarle a los ángeles que debían bajar del cielo (lo mira)… tu debías bajar… es ahí cuando te vi sentado en la banca, pero… (duda) no te vi bajar del cielo.
- Él: yo pensé en ti.
- Ella: a veces creo que me queda mucho por aprender, pero el universo susurra tan despacio que no puedo oírlo.
- Él: (la toma de los hombros) Mírame (ella levanta la cabeza y lo mira) ¿qué ves?
- Ella: un beso
- Él: ¿qué?
- Ella: ¿te puedo besar?
- Él: soy un recuerdo… creo que no puedes besar a un recuerdo
- Ella: (confundida) ¿Cómo?
- Él: yo siempre te pienso
En un costado suena una caja de música, ella la mira, se acerca, se ilumina la caja de música, se apaga la luz donde esta la banda y él. Ella se acuesta boca abajo y mira cuidadosamente la caja de música.
- Ella: siempre te pienso, pero el universo susurra tan despacio que aún no puedes escuchar como grito por un beso.
Sunday, February 13, 2011
El día en que Afrodita surge

Anoche te soñé emergiendo del mar, como un ser azulado que crecía hacia la inmensidad del cielo. Te veía volar hacia las estrellas y cristalizado en la constelación oí tu llamado. Traté de volar hacia ti, pero unas delgadas manos se enlazaron en mi cintura, reteniéndome. Busqué desesperadamente tus manos, tus labios. Ya no estabas.
Cómo explicar con palabras esa imagen que viaja a velocidad luz y golpea mi retina cada vez que recuerdo tu voz mezclarse con el viento. Esa voz que vibra junto al océano diciendo “mi Laura del mar”.
Creí, en algún momento, que si esperaba en la orilla del mar vería aquél mágico barco blanco venir hacia mí. Quizás encontrarte a bordo del tren silencioso que cruzó nuestro destino, pero nada apareció.
Imaginé tu cuerpo dormido viajar hacia la luz y corrí para alcanzarte, no quería dejarte ir. Pensé que un dulce beso te mantendría a mi lado por siempre.
Así lo imagine. Así pensé tu partida, diciéndome… diciéndote: “aquí estoy… a tu lado”. Sin embargo, solo pude mirar hacia el horizonte y ver crecer flores niphredil sobre ti, sin tener la mínima posibilidad de decir “te amo” sobre tu regazo y atrapar esa última gota de existencia, que estoy segura hubiese sido para mí.
Hoy entrego esta carta a nuestro testigo silencioso, que guardó besos y miradas culpables. Hoy te digo adiós a través del mar.
Te amo.
Wednesday, January 05, 2011
Televisor Blanco y Negro, Remake
"Hace un tiempo quise hacer un ejercicio: tomar textos antiguos y re-escribirlos. El primero que tome fue "TV Blanco y Negro" escrito en el 2008 y ahora su Remake terminado en Diciembre 2010. Ahora lo comparto con ustedes y espero que lo disfruten"Despierto con el aliento calido de Sara en mi pecho, disfruto del sabroso perfume a vainilla que emana de su cuerpo desnudo sobre el mío, su respiración es lenta, pausada, intento zafarme en varias ocasiones, pero sus blancas manos sujetan mi piel cada vez que trato de hacerlo, ella se aferra a mi y de cierta forma, eso me conforta, sentirla a mi lado, tan mía. La noche anterior en perfecta atmosfera con Chuck Berry’s bailamos apretados en el balcón del departamento, “me encanta esta canción”- me dijo al momento en que sentí mover sus caderas de un lado a otro al ritmo de “Blue Feeling”, sus labios rojos se pegaron a los míos y no recuerdo en que momento el tocadiscos se silenció. Aún debe estar prendido, pienso y con cuidado salgo de la cama, camino al living, arreglo el tocadiscos y prendo la radio, alguien habla, no le presto atención. Voy a la cocina, pongo agua en la tetera, prendo fuego y la dejo ahí, corto unas rebanadas de pan y las llevo a fuego lento en el tostador, preparo las tazas, una bandeja. El día de los enamorados había sido perfecto, la sonrisa de Sara se dibujaba como un fino trazo de pintura rosa sobre el cielo, se veía radiante. Miro al living y ahí estaba el televisor blanco y negro que le había regalado, era pequeño, con dos perillas en los extremos y un botón en el centro, todos ubicados perfectamente en la parte inferior de la pequeña caja cuadrada, la imagen es nítida, perfecta como la noche entre Sara y yo. No muchos tienen un aparato como este, son difíciles de adquirir, costosos además, pero hace años que con mi quiosco de diarios y revistas he podido solventar uno que otro gusto. Ahí estaba mi televisor, si, se lo regale a Sara por el día de los enamorados, pero debo reconocer con algo de culpabilidad, que este regalo era más bien para mí.
Si, me abandono y aprovecho de llevarse todo en algún momento que no me encontraba en casa. Un día al volver del trabajo encontré el televisor y el sillón en medio de un vacío perturbador, pero si encendía el pequeño aparato todo parecía llenarse. Y ahí me quede sentado, con una cerveza en la mano mirando programas nocturnos.
Poco a poco deje de cumplir con mis obligaciones, olvidaba abrir el quiosco, ir por la mercadería, a veces simplemente dejaba pasar los días confiando que mis ahorros durarían lo suficiente. El polvo, las botellas, la basura se acumuló por todos lados y aún así no me daba cuenta de nada, solo al momento de leer una notificación que me avisaba de la inevitable quiebra de mis finanzas. Solo en ese instante me di cuenta que era un adicto al mundo encerrado en la pequeña pantalla blanco y negro.
Un día se acabo la comida, las cervezas y todo lo fundamental. A regañadientes decidí salir de compras, pues no quería perder ni un segundo de la programación. Era de noche, una noche fría. Me abrigue con un chaquetón, gorro y bufanda y camine un par de cuadras, las calles casi vacías, poca gente transitando, negocios cerrados. Seguí caminando, debía encontrar algo donde abastecerme.
A lo lejos vi la luz de lo que podría ser un negocio cruzando la esquina, apresure el paso. El sonido de las monedas en un tarro me desconcentro, era un mendigo sentado entre cartones pidiendo limosna, su aspecto era repulsivo, cadavérico, y emanaba un olor nauseabundo, acelere aun más el paso, baje la cabeza y choque involuntariamente con un joven que repartía volantes, me miró con desprecio y me entregó el papel, quise pedirle disculpas por mi imprudencia pero al voltearme no lo vi por ninguna parte, mire el folleto, lo guarde en el bolsillo de mi chaquetón y cruce la calle, entre al negocio y compre lo necesario. Al salir aún terminaba de guardar el dinero que sobro de la compra, al sacar la mano cayo el papel, lo recogí. Era publicidad de un nuevo canal de televisión, tenia impreso la imagen de un payaso apuntando con el dedo índice y decía: “Canal 6, las chicas de tus sueños solo para ti”. Lo mire por varios segundos, me recordó al Tío Sam con su consigna “I want you U.S Army”, pero esto era un payaso, de esos que nunca me gustaron. Recuerdo cuando mi madre me regaló uno de trapo, lo metí al closet y nunca más lo saque de ahí, volví a mirar el folleto y tuve la sensación que lentamente el payaso esbozaba una sonrisa diabólica, asustado solté el papel de mis manos, lo miré y el viento se encargo de llevarlo lejos de mi, observe como volaba y se quemaba en una pirueta enloquecida por los aires, no podía ser posible, no tenia sentido, escuche que la brisa vibraba como risa estridente sobre mi hombro, me encogí, me sentí pequeño, estremecido acelere el paso, pero fue entorpecido por el mendigo quien tomo de mi pantalón, intente zafarme, al mirarlo tenia la misma sonrisa perversa de aquel payaso, forcejeé el pie hasta que logre soltarme de sus horrendas manos huesudas. Camine apresuradamente y no pude evitar recordar a Sara y mi adicción por aquel maldito televisor. Al llegar aún me encontraba perplejo y decidí no encender el televisor, al menos no esta noche.
Me acosté a dormir en mi viejo colchón, las sábanas se encontraban frías y ásperas, di vuelta de un lado a otro, hasta que conseguí ponerme cómodo y conciliar el sueño. No podía dormir, sin darme cuenta caí en un sueño profundo donde las imágenes de una vida plena giraban alrededor, sonreía y gozaba con los cuadros que se dibujaban en el entorno, trataba de alcanzarlos y estos se alejaban cada vez que lo intentaba, corría por alcanzarlos, pero cada vez se alejaban más y más, de un momento a otro deje de sonreír, ya no me parecía graciosa la situación. Cansado, me senté en la orilla de un camino de tierra, escuche música, parecidas a la de los circos cuando llegan a la ciudad. A lo lejos observe que se acercaba una larga fila de carros alegóricos, era una fiesta con música, danzas, todos reían y cantaban. Los carros iban adornados con alegres colores, muchos globos y luces, se escuchaba como la multitud alzaba las palmas al son de la música. Sin saber como, me vi rodeado de las mismas personas que seguían los mágicos colores del circo. Los carros transitaban frente a mis ojos repleto de mujeres hermosas, con los cuerpos semidesnudos, la piel luminosa, adornadas con plumas y lentejuelas, todas sonrientes, era hermoso y sublime, lo contemplaba atónito, con la boca abierta. Un sueño mágico, indescriptible. De pronto el espectáculo se distorsiono, los colores desaparecieron y todo se torno blanco y negro, las muchachas se transformaron en horrendas viejas arrugadas, raquíticas, con la piel pegada a los huesos, con miradas ojerosas y tristes, demacradas y encorvadas. Los carros pasaban eternamente ante mis ojos, era escalofriante, perturbador. Me restregaba los ojos, pero la imagen era cada vez más confusa. El payaso del folleto apareció ante mis ojos, riendo y bailando, desafiante, sonriendo diabólicamente como lo hizo antes. Desperté aterrado, transpirando, casi sin respiración, la ventana se abrió repentinamente y un fuerte viento entro en la habitación, miles de papeles entraban volando violentamente, el viento amaino y un papel se poso justo a los pies de la cama, lo cogí: “Canal 6, las chicas de tus sueños solo para ti”. Estaba confundido, el miedo se apoderaba de mí, mire el papel y lo rompí en mil pedazos. El televisor se encendió sin razón alguna y ahí estaban las chicas bailando junto al payaso, seduciéndome con bellas sonrisas y cuerpos encantadores, me quede hipnotizado mirando el pequeño televisor, “Ven, ven…”- me decían, atrayéndome hacia ellas, vi que sus manos salían de la pantalla intentando tomar de la mía, a paso lento me acerque cada vez más a la caja en blanco y negro. Frente a la pantalla, era solo una perturbación mía, las hermosas mujeres no salían de la pantalla, estaban dentro del televisor riendo y jugando, ellas insistieron que las tocara y así lo hice. Hipnotizado por su belleza, no aparte mis ojos ni mis manos de la pantalla, sin darme cuenta las estaba tocando de verdad, podía sentir su aroma, su piel, mi cuerpo excitado, lo estaba disfrutando cuando el payaso lanzó una carcajada histriónica y con su dedo índice señala una ventana, me acerque a mirar y vi mi departamento, mi sillón, el vacío de mi habitación, al voltear estaba solo, no se encontraba ni el payaso, ni las hermosas mujeres, me encontraba en un vacío blanco, sin cielo, ni superficie, el silencio era sepulcral.
Me dormí no sé por cuanto tiempo. Desperté con la voz de Sara llamándome a lo lejos, mire por la pequeña ventana y ahí estaba ella caminando de un lado a otro en el departamento. Yo se que me buscaba. Comencé a gritar y a golpear la ventana desesperadamente “¡¡aquí!! ¡¡Aquí!! ¡¡Saraaaaa, estoy aquiii!!”- le grite una y otra vez, golpeando la ventana angustiado, llorando, “¡¡Saaarrrraaaa, aaaccccaaa!!”- decía incesantemente, mis puños rebotaban en el vidrio con fuerza, “¡¡Saraaa sacame de aquii!!”- volví a pegarle a la ventana con la palma abierta, cerrada, con los puños. “Al parecer no se encuentra en casa”- escuche decirle a una persona que la acompañaba, “pero su televisor esta encendido ¿Qué extraño?”- se acerco a la pantalla, la miró con extrañeza, seguí gritando con más fuerza pero ella no escuchó.
“Apagare este maldito televisor”- sentencio Sara y el vacío blanco donde me encontraba se oscureció.
Monday, November 29, 2010
SUEÑO HIPERBÓLICO
A pesar de la hora el recorrido era lento, tan lento que algunos pasajeros exaltados comenzaron a reclamar, silbando y pisoteando fuertemente contra el piso. Como nuestro estado era de euforia, por así decirlo, nos reíamos a carcajadas de los -¡ya poh! ¡apura la maquinaaa!- que se escuchaban desde el fondo, junto a algunos silbidos y risotadas, actitud que no les pareció para nada a los pasajeros molestos, pero nosotros para distender el ambiente agregábamos nuestra cuota –¡andai puro carreteando!- y otros se animaron -¡te faltan los puros remos para ir más lento!- El chofer a esa hora de la noche no le importaban los reclamos de las personas e incluso creo que disminuyo la velocidad, -¡métele chala poh hombree!- resonó desde el fondo, -¿por qué no sacai las orejas por la ventana y volai?- pregunto sarcásticamente el chofer, mirando sonriente por el espejo retrovisor y espontáneamente surgieron las carcajadas incluso en aquellos que se pensaba venían durmiendo, el chofer había hablado y no precisamente para decir una grosería o insulto como algunos hubiésemos pensado, sino para devolver el chiste. Creo que desde ese momento ya nadie más apuro al chofer, la verdad no lo sé, yo miraba al personaje extraño que se encontraba de pie en medio de la cuncuna “un punky” que hablaba fuerte, moviendo las manos de un lado a otro, enseñando sus cadenas, pasaba su mano de vez en cuando por los labios y se rascaba cada tanto la cabeza rasurada justo en el borde del mohicano pintado de varios colores.
A la altura del 6 de Gran Avenida tocó el timbre y antes de poner un pie fuera de la micro el chofer grito hacia atrás –¡a la otra me rajai el techo!- los pasajeros volvieron a reír, mientras yo imaginaba el mohicano como una sierra eléctrica cortando el techo. Me incorpore al sarcasmo palmoteando la espalda de uno de mis camaradas y estrechando las manos, como felicitando los dichos y el show.
Así es Santiago de noche, te encuentras con la otra cara de la ciudad, siempre hay personajes extraños, como tipos que se suben a cantar y por única vez en el día (en este caso la noche) la gente canta con ellos, los aplaude al mismo tiempo en que empinan el codo para llevarse una lata de cerveza o una caja de vino a la boca. La música había cesado y en el fondo del bus se encontraba el músico con la guitarra en la mano acercando el sombrero a los pasajeros. Sin darme cuenta ya estábamos en la Alameda, nos bajamos, nos despedimos y camine rápidamente al paradero de la 404 localizado cerca del metro Moneda, se que existe otro más cerca de donde me baje, pero encuentro muy oscura esa parte, sin nombrar los mendigos y otros personajes que se toman esa parte de la Alameda. Mejor respiro hondo y camino rápido hacia ese paradero que inspira más seguridad.
No demoro mucho en pasar, venia casi sin pasajeros y decidí sentarme en los primeros asientos después de la cuncuna, saque mi mp3 del bolsillo, acomode los audífonos, lo encendí, seleccione una carpeta, me cruce de brazos y me acurruque un poco en el asiento, estaba cansado y un poco pasado de copas, no me di cuenta en que momento comencé a cabecear, se me cerraban los ojos, intentaba resistirme, luchaba para mantenerlos abiertos y de vez en cuando lograba abrirlos.
Friday, November 19, 2010
Palabr@s nº 4

Ya hice mi aporte en la Revista nº 3 y ahora lo hago en este cuarto número. Aqui les dejo el link para que descarguen esta Revista digital.
REVISTA PALABRAS Nº 4
Cariños
Connie TM.
Monday, October 18, 2010
Palabr@s nº 3
Este post es para contarles que ayude al colectivo literario Palabras, una revista del Circulo Literario de Maipú a darle vida a su formato digital, colabore diagramando y diseñando esta revista que se puede descargar en su blog: http://revistapalabrasclit.blogspot.com/Espero se den una vuelta por esta página y bajen esta revista.
Además podran encontrar mi cuento titulado: "Lo que se pierde en la tierra" que también esta publicado en este blog.
Cariños
Connie TM
Monday, September 06, 2010
VIVIENDO ENTRE SARRACENOS

Algunos dicen que paso todo el tiempo Viviendo en el Desierto del Siroco, pero cuando se sale de ese letargo nacen hermosas creaciones.
Este es el caso del poemario "Viviendo entre Sarracenos" que decidí editarlo en forma independiente y en formato totalmente underground, bajo el sello "Australynorth". Tamaño medio oficio, tapa en papel opalina y con interior fotocopiado, 27 páginas, 66 copias limitadas.
El precio es de $1000 para Chile y el resto del mundo 3 dolares, precio que no incluye el envio. He publicado algunos poemas en este blog para quienes quieran conocer algo de "Viviendo entre Sarracenos" (el link esta al costado).
Para quienes quieran adquirirlo pueden comunicarse al mail australynorth@gmail.com
Yo por mi parte me siento muy feliz y agradecida por quienes han apoyado esta iniciativa, y me han dado fuerzas para que siga adelante. En especial a mi Familia, mi madre, mis hermanos y sobrinos. Así como también a mi esposo Juan que hace que cada día la existencia sea realmente bella.
Connie Tapia Monroy
Tuesday, June 22, 2010
Más que un costal de huesos
No recuerdosi me encontró o lo encontré en medio de una madeja de cordeles
que se entrelazaban
y enredaban desde los pies hasta la cabeza.
Cuando salí de todo ese entuerto abrace ese esquelético ser.
A lo lejos escuche un murmullo,
la voz parecía moverse entre las centaureas
como aire gélido incrustándose entre los poros.
-Solo eran huesos los que tiré en aquella fosa común-
Las exclamaciones de respuesta pasaron del murmullo
a un estridente castañeo de piedras y huesos danzando.
Rodee con mayor fuerza su tronco
y mis manos se perdieron entre la carne pegada
y el cuero deshidratado se pegaba a mi corazón,
como si de mi quisiese nutrirse.
-Cierra los ojos- le dije,
al mismo instante que tomé su mano. Corrimos.
No recuerdo cuando
ni cuanto
solo recuerdo que al borde de un risco nos detuvimos
Nos miramos.
Sus ojos hundidos habían desaparecido
y mi corazón se encadenaba en el suyo.
Aunque no recuerdo
si salté,
saltamos,
o aun intentamos besarnos entre la distancia.
Erzsebet
Friday, May 28, 2010
Quedate con mi tarro de monedas

“Vamos!! ahora podréis hacer la fiesta que tanto estabais esperando, ha desaparecido, y a juzgar por su aspecto la última vez que lo vi. De seguro debe estar muerto” -Alguien le dijo algo parecido a esa chica del otro lado del camino o al menos debe haberlo pensado luego que me perdí en la realidad. A decir verdad, era lo único que me quedaba, perderme entre las personas y hundir mi rostro en mis manos sucias. No recuerdo muy bien si alguna vez tuve algo o si solo fue un sueño, mientras veía rebotar una moneda dentro del tarro, o mientras mis ojos se perdían entre los pies de las personas que llenaban la calle cada mañana.
Soñé que tenia un hogar, que tenia hermanos, incluso me había casado y hasta me titule en la universidad, ya ni se de que cosa. Siempre que me encontraba al culmine de alguna cosa que me hiciera feliz aparecía una bruja horrible con pies gigantes, llenos de fuego pisoteando cada una de esas cosas. Primero me arrebato a mis padres, creo que los encerró en un calabozo oscuro y húmedo. Jamás los volví a recuperar.
No alcance a sobreponerme, y la universidad me hizo despertar. Creo que me expulsarían o algo así. Costo, pero obtuve mi titulo y me case con la mujer que amaba. Y no paso mucho tiempo cuando la bruja lanzó una flecha de fuego y todos se cegaron. Me quede sin trabajo y sin esposa.
Ya destrozado, sin trabajo, sin casa, sin padres. La solución era esconderme, huir. No confiaba en nadie, no quería que aquella mala persona tuviera noticias de mí. Y no se como lo conseguí, pero pude recuperar un poco mi vida al lado de mis hermanos.
Sin embargo, aquellos ojos malignos sepultó un rayo de hielo en la tierra, congelando los corazones de lo único que me quedaba.
Volví a esconderme. Esta vez en la realidad, no podría arrebatarme las monedas que me arrojaran los transeúntes, porque ahí ya no era nada, solo un mendigo, un mendigo sin nombre, un ser desconocido.
Aunque debo reconocer que no fui un mendigo y nada más, era el mendigo más querido y nuevamente no paso mucho tiempo cuando la mirada de aquella persona me alcanzo. Me di cuenta cuando un día pateó mi tarro de monedas. Lo pateó con fuerza, permitiendo que algunas cayeran y rodaran lejos, sin ninguna posibilidad de recuperarlas. La miré y a la distancia me mostró sus dientes negros burlándose de mí.
Muchas veces pienso en algún plan para hacerle creer que en verdad estoy muerto y así ella pueda celebrar su anhelada fiesta.
Fiesta igual de vacía que sus envidias y ambiciones, una fiesta que de seguro será con el termino de una cama fría como mi pavimento. Por que de no ser así ¿entonces porque patear mi tarro de monedas con tanta alevosía?
Erzsebet
Wednesday, May 19, 2010
QUEBRANTADORES DE CONCIENCIA

“Al pasar la barca, me dijo un barquero / qué niña tan linda, no tiene dinero / Un, dos, tres, Pedro, Juan y José / lima, limita, limón, rosa, clavel y botón / sale niña que vas a perder, uno, dos y tres”. Miraba desde la ventana con nostalgia como saltaban la cuerda niños de su misma edad. Clarisa no sabia qué era salir a jugar, ni siquiera cómo era un aula de colegio, todos los días se asomaba escondida detrás de las cortinas a observar. Jamás decía nada a sus padres, pero ese día al escuchar “al pasar la barca” se perdió su mirada entre la cuerda y los pequeños pies de aquellas criaturas saltando con tanta alegría, no pudo contener las lagrimas. “No eres igual a ellos” -le dijo su madre, mientras la tomaba del hombro y la llevaba en silencio a la sala de estudios para que tomara la lección del día: “Lee la página 131”.
“¿Estas?” -teclea Clarisa en el computador. “Si, no he podido dormir” -responde su contacto. “Te he buscado estos días ¿dónde has estado?”. “Me mandaron de urgencia a España”. “¿Por eso no te has conectado?”. “Te dije que era como tu, ¿aún no me crees?”. “Mientras nuestros encuentros no sean como hologramas… aun tengo mis dudas”. “Linda, ya nos podremos ver… ya verás”.
El estado del comunicador virtual de su contacto aparece como desconectado, Clarisa suspira pero no se desconecta. Abatida, sus brazos lacios quedan paralizados al costado del cuerpo.
“No quiero leer” -con un tono de disgusto cierra el libro con fuerza, lo comprime contra su pecho dando señal de que nadie se lo puede arrebatar. “Tú no eres como ellos Clarisa, entiéndelo” -a pesar de sus cortos cinco años, no lo entiende, mira a su madre con furia acumulada y exige desafiante más detalles. “Eres…” -silencio incomodo- “Tú eres un ser humano puro, ellos son tan solo hologramas, imágenes enviadas a través del ciberespacio” -dice al fin su madre abatida, mientras el brillo de sus ojos se desvanece en la oscuridad.
Ella no se despega del computador. Desea que Guido se conecte. Ha estado años buscándolo. Esta vez cree que lo ha conseguido, a sus veintiún años lo ha logrado.
-Hija, creo que ya es tiempo que sepas como ocurrieron los acontecimientos-. Clarisa bordea las rodillas con ambos brazos, sentada en el suelo frente a sus dos padres.
En el año 2010 las personas perdieron toda fe. Ellas ya no se tocaban, no se veían. No escucharse entre sí, fue la enfermedad que se generó dentro de un caos colectivo esperando el fin del mundo. Algunos creían que la tierra cambiaria la polaridad y con ella vendría una gran catástrofe universal. Al ver que su Dios cristiano no los salvaría de dicha desgracia, terminaron convirtiéndose en seres débiles y vulnerables. Los Raelianos con sus adelantos, tomaron una fuerza y poder hasta hoy incontrolable. Los pocos católicos que existieron en la última época fueron exiliados a Roma, el único lugar, y casi extinto, donde existen personas devotas a esta creencia. Los que se quedaron en Chile, casi todos creyeron fuertemente en la ingeniería genética y en los Raelianos, llegando a pensar que ellos eran los únicos seres perfectos como los Elohim y que deberían ser solo ellos los que se perpetuaran en el gobierno. Se obsesionaron por la clonación. Hasta que un día apareció Rupert Sheldrake con una máquina que cambiaría la historia de Chile y el mundo.
En la pantalla aparece una ventana de conectado, era Guido que había vuelto a la red. Ella sonríe. Se preguntaba si él era capaz de sentir la misma emoción cada vez que se encontraban a través de la pantalla.
La maquina de “Campos Morfogenéticos” la trajeron ellos justo en el momento en que las personas depositaron toda su confianza en la creación de clones y seres de otros planetas. Todos pensaron que al acabar el año 2010 la única forma de salvarse era aceptar dicha máquina. El primero de diciembre todos los chilenos se acercaron voluntariamente para ser escaneados y formar parte de la base de datos. Menos tus abuelos, Clarisa, ellos se escondieron junto a un grupo de personas que no querían ser parte de esta locura y bien que lo pensaron. Al tiempo, todos los que no habían ido ese día de diciembre fueron perseguidos, atrapados, torturados y mutilados, nadie supo más de ellos. Sin embargo, los Raelianos han escondido esta realidad a todos sus asquerosos clones. “No entiendo ¿qué hacía la máquina? ¿Qué tiene que ver con los hologramas que transitan por la ciudad cada día?” -preguntó con interés.
Al escanearse, tu cuerpo se vuelve no material, pudiendo manipular esa información mediante la resonancia mórfica y moldear el desarrollo y comportamiento de todos ellos. Se han vuelto máquinas sin sentimientos que son controladas por los altos mandos.
“Aún espero una respuesta Guido” -sin despegar la mirada de la pantalla, ansiosa, espera ver alguna palabra desplegada. “Si, Clarisa, esta tarde te espero en mi departamento, te envío los datos por correo”.
Esa tarde venía de conseguir un poco de comida en los suburbios de Santiago. Había sido tarea difícil, pero lo había conseguido con algunos hologramas que traficaban ese tipo de especies. En la ranura inferior de la puerta vio un reflejo. No era una luz normal dentro de la casa. Se quedó un rato esperando en las afueras y no logró aguantar su curiosidad. Se tiro al suelo para mirar por debajo de la puerta. Vio unos pies luminosos. Sintió unos disparos. Desconcertada, aterrada, se escondió bajo las escaleras. Esperó con los ojos llenos de lágrimas a que se fueran.
Abrió la casilla de correo. Ahí estaba la dirección de Guido. Se duchó, arregló, delineó sus ojos, se aplico lápiz labial. Estuvo varios minutos mirándose en un diminuto espejo. Sigilosamente subió las escaleras del sótano, salió sin que nadie la viera. Caminó hacia el metro. Logró escabullirse entre los hologramas que orbitaban los vagones. Se sentó en una esquina, sintió un hielo subir desde la punta de los dedos, se estremece, trata de perder la mirada en el oscuro túnel.
Esos horripilantes hologramas salían por montones desde la casa. Después de los disparos se había quedado inmóvil en un rincón temblando de la impresión. Pasaron varios segundos antes de atreverse a salir de ahí. Trago saliva y entró a la casa. Había sangre derramada por doquier, sesos pegados en la pared, cráneos quebrados, ojos abiertos, blancos. En la mano de su madre la fotografía ensangrentada de Clarisa. Tanto fue el impacto de la sombría escena que su mente sucumbió como una pesadilla devorada peor que un cáncer.
Sube las escaleras del metro, camina por las calles solitarias del devastado Santiago. Una ciudad llena de escombros, casas a medio reconstruir, tambores encendidos. Clarisa los mira, recuerda que esos tambores aparecieron como forma de mantener el equilibrio entre los vivos y los muertos, para mantener alejados las almas errantes de quienes fueron exterminados. Ella por un tiempo quemó dinero falso por sus padres fallecidos, se entristece, ya no lo hace.
Mira a su alrededor, quizás está en un barrio donde habitaban seres humanos puros. Así se lo explica ella, mientras camina insegura. Al menos eso pretende creer. Vacila en cada paso y los recuerdos se apoderan de su mente como película enferma. En unos pasos más estaría frente a la puerta de Guido. Su andar se vuelve lento, inseguro. Llega, ahí está. Duda, vacila.
Toca el timbre. Silencio. Pulsa nuevamente el botón. Se estremece. La puerta se abre pero nadie esta detrás de ella. La empuja, no ve a nadie. Moja sus labios, suspira, se arma de valor y entra. Queda perpleja. El piso de la habitación está inundado de cables negros, blancos, rojos y amarillos amontonados unos sobre otros. No sabe donde pisar, pero avanza entre ellos con escalofrío lúgubre. Al final del pasillo, hay trece computadores. Se aproxima. Escucha ruidos metálicos. Mira, busca. Ahí esta Guido. Se horroriza. Ahí esta con la tapa del cráneo abierta con electrodos incrustados, manos y pies con placas eléctricas. Era un obeso mórbido, asquerosamente repugnante, con los ojos blancos como si viajará en alguna onda paralela, botando espuma por la boca incesantemente como si quiera hablar, pero no le alcanzaba ni siquiera para balbucear. No era el único. Los aparatos restantes constaban con “usuarios” de similares características. Verdaderamente repulsivo. Clarisa se contiene para no vomitar. Ruido ensordecedor. Se tapa los oídos consternada. De pronto, inmensos y espeluznantes hologramas entran al departamento, toman fuertemente los brazos de Clarisa. Había llegado su turno de ser escaneada.
Nota: Este cuento fue escrito para Chile Bicentenario, en el marco de un concurso, que la pregunta principal era ¿Cómo se imagina el Chile del futuro? Ayer dieron a conocer el resultado del concurso (Link Aquí). Mi cuento esta lejo de sueños, anhelos y expectativas, me encanta que así sea.
Concurso: A quienes sean de Santiago, den la visión de este cuento posteando su comentario, regalaré el libro "Antología Talleres Literarios 2008", (talleres realizados en la comuna de Maipú). Para entrar al concurso deben enviar también sus datos al e-mail: erzsebet_bathory@esfera.cl
Wednesday, April 28, 2010
Sin darme cuenta del tiempo



