
Cabalgando en su caballo vuelve al bosque, un bosque que no esta en los mapas, que solo su alma puede encontrar, su corazón y amor hacia Stygian la guían sin saber con certeza donde se encuentra, su misión había sigo cumplida, esta tranquila, liberada. Al entrar al bosque se detiene junto al río a beber agua, se sienta a meditar.
- Arael, mi querida aprendiz ¿Qué haces en estas tierras? – le preguntan con afectividad. Arael mira a su alrededor y solo ve como los árboles se mueven al ritmo del viento.
- ¿Quién esta ahí? – pregunta confundida
- Parece que tus ojos del alma ya no ven a este viejo guerrero – Arael toma su espada y se pone en posición de combate.
- SAL DE DONDE QUIERA QUE ESTES!!!!! – grita amenazante.
- Baja primero esa espada – con duda baja la espada, pero toma el pomo con fuerza. Entre los árboles divisa una figura fantasmal, que poco a poco va tomando forma y se acerca lentamente a ella.
- BARREMOR!!!! – grita con alegría Arael y se abrazan fraternalmente.
- Mi querida aprendiz – le toma la cabeza y la acaricia de forma protectora, como un padre le besa la frente - ¿Qué haces en estas tierras? Mmmmm déjame adivinar ¿en busca de el guerrero Stygian?
- ¿Cómo lo sabes? –
- Barremor lo sabe todo y sobre todo si es en sus dominios ¡¡¡bienvenida al bosque Barremor!!!
- ¿tus dominios? Jajajjaja – Arael lanza una gran carcajada – entonces enséñame tus tierras – Barremor le da un golpe al caballo, quien desaparece entre los árboles.
- A pie es mejor – se ríe y comienza a caminar – sígueme, no te quedes ahí parada –
Juntos recorren el bosque, le explica como funcionan algunas cosas, le cuenta lo que ha hecho todo este tiempo que no se han visto, se ríen por horas de las anécdotas.
A Arael le agrada que Stygian este junto a Barremor, siente que volver junto a Stygian fue la mejor decisión que pudo haber tomado. Barremor le propone quedarse un tiempo en el bosque y que vuelva a los entrenamientos de combate, le explica que su amado también puede enseñarle algunas cosas, así como ella puede enseñarle a ellos lo que aprendió de su último maestro.
- Vamos a la cabaña, Stygian nos esta esperando – le dice
- ¿Comó, él ya sabe que estoy aquí? –
- Claro, seguramente tu caballo ya le dio las noticias – riéndose con tono burlesco.
Llegan juntos a la cabaña y Stygian esperaba en las afueras, se miran, sonríen, se abrazan con ternura.
- Sabia que volverías – le dice Stygian y se toman de la mano, como si con este lazo se prometieran no romper el pacto que alguna vez solo su corazón juro.
Crónicas de Erzsebet