Friday, January 02, 2009

Despertando antes del 2009

He vivido varios meses dentro de un bunker, de esos que se construyen para refugiarse de las guerras atómicas y de las bombas nucleares, hace un tiempo creí que se había desatado una y me escondí escapando de esa cruel realidad. Pero a causa de las melodías, las juergas, bailes y festejos que oí en las afueras de mi escondite decidí salir a explorar, me encontré con miles de personas abriendo sus regalos bajos los árboles navideños que se levantan en el mes de diciembre. Perpleja quede ante tal situación, ninguna guerra había comenzado y sin noción del tiempo transcurrido me quede inmóvil mirando las luces de los árboles dentro de las pequeñas casas que se asentaban sobre la colina verdosa del pequeño pueblo construido a las afueras de mi bunker. Sin noticias, ni información de lo ocurrido en estos días de ausencia decidí salir a caminar a la mañana siguiente.

Con un sol radiante que se erigía sobre las praderas comencé a caminar por las calles de tierra de ese lugar desconocido para mi, el pueblo era como una foto vieja sacada de un libro de historia de Chile, extraño, era como si todo hubiese retrocedido en unos poco meses, pero los habitantes se veían alegres, los niños jugaban con sus regalos en los antejardines, reían como si nada en realidad hubiese pasado. Todo parecía normal, excepto por sus vestimentas y por su envidiable alegría que se derramaba en cada rincón.

Creo que camine por el centro mismo de aquel lugar, muchas tiendas se localizaban unas al lado de la otra, bancos, farmacias, librerías, bazares, tiendas de ropa y una peculiar peluquería que me llamo la atención, puesto que en el ventanal principal había colgado un letrero que decía: “Se venden libros”, extraño, pensé, en las peluquerías no se venden libros, al menos que te conecten a uno de esos aparatos para secarte el pelo y te transmitan el contenido de algún titulo y se quede en tu memoria, ja!, eso solo pasa en los cuentos de ciencia ficción, pensé y me volví a reír. Revisé mi bolsillo y tenia un poco de dinero guardado, me mire en el reflejo de la ventana y decidí entrar, la peluquera hablaba y hablaba incoherencias, mientras unos tipos con sus cabezas metidas en los secadores le contestaban con las mismas incoherencia, me acerque al mostrados y efectivamente se vendían libros, leí los títulos, ninguno conocido para mi, solo autores desconocidos, me extraño no ver autores como Bradbury, Asimov, Lovecraft, Bisama, Baradit, Neal Stepheson, Greg Bear, etc. Si hubiese sido así, lo más probable es que le compro un libro y me largo de ese lugar, sin embargo me quede observando y escuchando por unos segundos lo que conversaban, la peluquera decía una y otra vez que era amiga de muchos escritores y que actualmente escribía en una revista dedicada a la mujer, sin embargo cuando rompí el silencio y le pregunte si tenia algún libro de esos autores que a mi tanto me gustan me quedo mirando con cara de yo no se de que me habla esta chica y con un gesto para ignorar mi presencia en ese lugar, siguió cortándole el pelo al pobre hombre que estaba bajo sus tijeras y siguieron conversando, ¿como no conoce a Edgar? pensé, me encogí de hombros y me retire con una sonrisa de guasón dibujada en mi rostro.

Unos locales hacia arriba había un bar, el olor a cerveza emanaba bajo mi nariz. Pensé que no me haría mal tomarme una cerveza negra, de esas que tanto me gustan, entre y para mi sorpresa el ambiente se inundaba de música rock, oscura y maldita, volví a dar una sonrisa de esas que no daba hace tiempo y me acerque al mesón, pedí mi cerveza negra bien helada, prendí un cigarro y disfrute de la música por unos segundos. Me fui a la máquina de música para escoger un tema, mientras camina cabeceando y meneándome como una adolescente se acerco un chico de pelo largo, risado y ojos de color negro profundos: “Erzsebet” me dijo, lo observe durante unos segundos, ja! Era un chico que había conocido en septiembre en uno de esos carretes donde la distorsión te cala las neuronas y poco recuerdas de lo que paso después de la octava cerveza. Nos abrazamos y nos sentamos en un pequeña mesa ubicada a un costado del bar, ahí me explico que la guerra atómica si se había desatado y solo hace un par de semanas todo se reconstruyo nuevamente, me indico como buscar mi nueva casa y me acompaño luego de la tercera cerveza. Me encontré con la sorpresa que todos estaban vivos y que tendría la oportunidad de reconstruir también mi vida en este año 2009 que se avecina, podría a lo mejor encontrar un trabajo como ingeniero y olvidar que antes de la catástrofe estuve trabajando en cualquier cosa.

En la semana antes de la llegada del 2009, en todos los canales de televisión mostraban lo mejor del año, el mejor libro, la mejor película, el mejor programa de TV, etc. Entonces me preguntaba que había sido lo mejor para mi, sin hacer mención a la catástrofe, me preguntaba como los demás olvidaban esto y sin llegar a ningún puerto, seguí pensando en lo mejor del 2008 y sigo pensando y pensando y nada aparece.

Hace solo un par de horas acabaron los festejos y abrazos en este pequeño pueblo reconstruido sobre las cenizas de una guerra y me siento a observar el horizonte sin saber si realmente algo cambiara en mi vida.
Erzsebet

6 comments:

Anthares said...

Despues de la hecatombe, ha de reconstruir todo, ha de limpiar cada rincon, ha de sanar a los enfermos, es un nuevo comienzo, un nuevo comienzo para rehacer la vida, todo empieza de cero, todo empieza mejor, vuelves a tener fe, esperanza y sabiduria.. Emotivo relato, justo ahora a inicios de un nuevo año.

Manolete said...

Buen texto, aunque un poco extenso..jaja pero bueno

Marcelo TM said...

[...]el anciano llegó con paso cansado. Cuando alcanzó el borde arrojó su bastón al vacío porque ya no lo necesitaría. La introspección duró solo unos segundos en su mente pero abarcó toda una vida de experiencias. Miró hacia el horizonte, hacia adelante como lo hizo durante toda su existencia. Impregnó sus pulmones con las fragancias de esa naturaleza perfecta y se dejó caer en el abismo. La caída fue rápida y el golpe en el fondo estuvo acompañado con descorches de botellas espumantes y fuegos de artificio.
El niño ya estaba de pie y recibía el bastón como un cetro real. Recibió todas las bendiciones y buenos deseos del mundo y comenzó el ascenso de la montaña. Dentro de un año deberá estar en la cima.

MTM

Santiago Arcos said...

Me gustó la temática de tu cuento, aunque quedé con ganas de más misterio, más futuro post-apocalíptico, más rareza...

Muy feliz año nuevo para ti también, que estés muy bien...

Erzsebet said...

Marcelo, lindas palabras, creo que el final debe ser asi, en la cima de una cumbre gigantesca donde de una vez se pueda gritar el triunfo, pero no sera la primera cima por escalar, eso no.
Y gracias por las sugerencias sobre lo extenso o poco raro... lo tomare en cuenta, sera que a lo mejor no era el momento... no se

azeta said...

me gustó mucho, independiente de la risa que me da lo de la peluquería literaria. Me gusta mucho más allá de eso.