Friday, December 18, 2009

ADICTA AL CAFÉ





Hace un tiempo me hice adicta al mokaccino, esa suave mezcla de café con chocolate y leche se hizo parte de la rutina diaria. Ahora lo disfruto cada día en un café del centro junto a mi notebook siempre abierto y conectado a internet. Todas las tarde antes de regresar a casa paso por el mismo café del centro. Siempre bajo al subterráneo, me apodero de una mesa con un cómodo sillón y ahí disfruto de mi café, sin antes, agregarle esencia de canela.

Una tarde lo vi bajar, de lo que después me entere, eran sus compañeros de trabajo. Era un ex-compañero de universidad, de esos compañeros que solo viste en un par de ramos comunes, de esos a quienes te daban ganas de intercambiar un par de palabras, de esos que alguna vez quedaste mirando largos segundos en tardes de aburridas oratorias.

En ese instante me quede atrapada entre su cabello, sus ojos y el jersey que llevaba sobre los hombros. Se sentó al otro extremo del local y yo, como una adolescente me escondí detrás de mi notebook. Lo observe la media hora que se demoraron en tomar el café. En silencio dibuje todo los movimientos que hacia para llevar el vaso acartonado de café a sus labios.

Como estaba embobada, no me di cuenta que se había levantado de la mesa y ahora estaba a mi lado con sonrisa radiante. Me saludo como si hubiésemos sido íntimos amigos en la universidad, intercambiamos un par de palabras, número telefónico y mail.

Los días seguideros quedamos de vernos en el café del centro.

Ese día no deje de mirarlo directamente a los ojos, sin darme cuenta le coquetee por largos minutos de conversación, fue un impulso incontrolado, una emanación de energías de deseo que solo aparecen y dejas que salgan. Él también hizo lo suyo.

De piel a piel, mano a mano. Los dedos juguetean intentando rozar, evadir, tocar a veces el dedo opuesto. El labio baja por el cuello hasta el hombro, mientras la otra aprieta los labios con fuerza. La mano baja por la espalda contraída, avergonzada. La piel erizada, húmeda, pegada. Las lenguas mezcladas como golosas pegatinas. Saboreadas como caramelos.

Apreté las piernas. “Están cerrando el local, creo que ya debemos irnos”. Desperté del letargo y el dulce sabor a chocolate que bajaba por la garganta se hizo realidad.

Caminamos tomados del brazo hasta el paradero. Sin palabra alguna nos abrazamos mientras el recorrido paso sucesivas veces y yo en silencio no quise alzar mi brazo para hacerlo parar. Sentía su respiración cerca de la mía y su corazón exaltado casi atrapaba el mío.

Creí que la noche se cerraría con el beso que había visualizado en el café. Subí al bus y aún creo que le debo robar más que un beso.

7 comments:

Anthares said...

Los caminos del cafe son insondables. El dulce sabor del cafe puede ser hasta mas gratificante que un beso.. o es el acompañante sublime de aquellas noches de pasion y libertad..

Sutil!!

Jorge Luis Freire said...

Como me gusta el café:

Sin azúcar ni crema ni nada. No bullshit. Cargado, negro y recién preparado. Haitiano o colombiano. Hirviendo y en taza grande.

Connie Tapia M. said...

Un café con aditivos o sin, siempre hay alguna historia implicita, interesante o no

FELIZ NAVIDAD A TODOS!!

CARIÑOS

bobafett said...

De visita por aquí , Feliz Año querida amiga , que el que viene sea muchísimo mejor que el que se fue.

Gran Abrazo !!!!!!!

Bobba

Connie Tapia M. said...

Gracias Bobba por tus cariños y sinceros deseos.
Que para ti tambien sea un año lleno de exitos.
Un abrazote gigante

Guerrero said...

Los caminos del café son un misterio.

saludos

Connie Tapia M. said...

la escencia se envuelve de aromas